Roberto Lovera De Sola escribe sobre Gisela Kosak y su libro “Venezuela el país que siempre nace”. Parte I

Agosto 25, 2008 por Josefina

TALLER CRITICO
de Punto Fijo”(octubre 31,1958) el cual dio a Venezuela cuarenta años de estabilidad política. Esto no lo comprendió la izquierda insurgente.
Esa década, dice Gisela KozVENEZUELA, EL PAIS QUE SIEMPRE NACE
por:R.J.LOVERA DE-SOLA

¡Qué suerte tiene una editorial cuando todos los libros que publica son interesantes y estimulantes¡. Esto nos ha sucedido plenamente con el importante libro de Gisela Kozak, situado a caballo entre la crítica literaria y la reflexión ensayística, Venezuela, el país que siempre nace.(Caracas: Alfa,2008. 109 p.). Es breve pero denso. Y su lectura obligatoria. Y de distinta índole, varios, los comentarios que se pueden tejer a partir de él.
Todo el grueso del examen que ella realiza en su obra está hecho a partir de la lectura certera de las novelas Los últimos espectadores del acorazado Potemkin(Caracas: Monte Avila Editores,1999. 309 p.) de Ana Teresa Torres, El round del olvido(Caracas: Monte Avila Editores,2002. 506 p.) de Eduardo Liendo, La flor escrita(Caracas: Monte Avila Editores,2003. 503 p.) de Carlos Noguera y El diario íntimo de Francisca Malabar(Caracas: Monte Avila Editores, 2002. 219 p.) de Milagros Mata Gil.
La violencia permanente en nuestra historia, el caudillismo su expresión, cosa que estudia la autora desde atrás pero en sus testimonios escritos. Dijo el crítico Julio Miranda(1945-1998), en el prólogo a su antología El gesto de mostrar.(Caracas: Monte Avila Editores,1998,p.40), a quien ella cita(p.77), que su recreación primera se encuentran en dos célebres libros de don Eduardo Blanco(1838-1912): Venezuela heroica(Caracas: Imprenta Sanz,1881. XII, 266 p.; 2ª.aum.Caracas: Imprenta Sanz, 1881, cubierta, XXII,599 p.) en el cual vemos todo el desatarse de la violencia durante la guerra emancipadora, tanta que llevó el historiador británico John Lynch a caracterizar la guerra de independencia en Venezuela como las más violenta de América Latina(Las revoluciones hispanoamericanas,ed.1976,p.213). Y también aludió nuestro inolvidable Julio Miranda en el segundo caso a la novela Zárate(Caracas: Imprenta Bolívar,1882. 2 vols.) en la cual ya es evidente no sólo la violencia que domina los valles de Aragua y Carabobo en los años veinte del siglo XIX, ya con Páez en el poder, sino la presencia del caudillismo.
El caudillismo, lo dijo al maestro Arturo Uslar Pietri(1906-2001),”hasta ahora la más original y acaso única creación política del mundo hispanoamericano ha sido ciertamente el caudillo”(Viva voz, ed. 1975,p.171). Esta meditación era antigua en él, la encontramos muy atrás en uno de los ensayos de su libro Apuntes para retratos(1952) titulado “El Cid y los caudillos”(Obras selectas, ed.1956,p.1009-1011). Esto lo prosiguió en un pasaje muy significativo de “Una legión de malditos” en donde recuerda el encuentro del caudillo argentino Rosas con el sabio europeo Charles Darwin, un encuentro desventurado, un momento de desentendimiento(Godos, insurgentes y visionarios, ed. 1985,p.85-95). Don Arturo también trazó la silueta del último de nuestros caudillos en su novela Oficio de difuntos(1976). Allí está el retrato psicológico de Gómez.
Al parecer que la creación política latinoamericana del siglo XX es el populismo, según advirtió el analista político Alvaro Vargas Llosa al periodista venezolano Rafael Osío Cabrices(El horizonte encendido, ed.2006,p.353).

IR Y VENIR

Nuestro comentario a Venezuela, el país que siempre nace será extenso, a ello nos ha empujado su lectura y sobre todo a aquello que nos va planteando a medida que vamos recorriendo sus páginas y meditando en sus contenidos. Por ello nos detendremos en diversos tópicos y muchas veces aparentemente nos alejaremos de lo escrito por Gisela Kozak, quizá parezca al lector que nos distanciamos pero siempre terminaremos llegando a ella y sus lúcidos planteamientos, hechos en tan estimulante obra.

ESTE LIBRO

Este es un libro producto de lecturas, hijo de una Venezuela leída, sentida, sufrida, seguramente con aquella “vivencia, conjuro y añoranza” que nos pidió hacerlo Mariano Picón Salas(1901-1965) en su Suma de Venezuela.(ed.1966,p.9). De allí la entrañable observación de su autora sobre el ejercicio de la lectura. Esta es para ella, cosa que compartimos, “Nada más distinto a la lectura de un libro, de una novela o un poema, operación intelectual de máxima complejidad que requiere de un entrenamiento largo…la lectura… requiere de un tiempo, una atención, una intimidad”(p.17-18).
No hay que olvidar que este libro se inicia, en su primera línea con estas observaciones: ”El pensamiento, la literatura y el arte en Venezuela forman parte de una irrenunciable herencia pero, para nuestro infortunio, se han prestado en demasiadas ocasiones para justificar la rebelión, el espíritu contrario a la institucionalidad, la violencia, el caudillismo o el rigor dictatorial como destino inevitable”(p.9).
Por ello indica “la crisis demoledora por la que pasa nuestro país, escritores, investigadores, docentes, críticos estamos planteando en forma no concertada una revalorización del pasado y presentes literarios locales”(p.15), ¿”cuales son las razones históricas, culturales, sociológicas, educativas a consecuencia de las cuales los venezolanos tendemos a negar nuestras realizaciones en el tiempo?¿Por qué la insatisfacción lógica respecto a las carencias lleva a negar los logros, a ocultarlos, a olvidarlos, en un acto de ceguera que sólo prolonga el escepticismo y el desconocimiento en las nuevas generaciones, formadas por nosotros, escépticos de oficio?”(p.15).
Y sobre los ensayos que forman su libro acota: “El hilo conductor que los reúne en el extraordinario peso que la política, la historia y el Estado han tenido en la vida intelectual y literaria venezolana y cómo ésta prefiguraba el advenimiento de un movimiento caudillesco y populista, la revolución bolivariana, convertidas ahora en el socialismo del siglo XXI”(p.11).
Indica: “Creo que esta guerra contra la institucionalidad y el ejercicio ponderado de la política de la intelectualidad, y, hay que decirlo, de la sociedad venezolana, nos ha hecho perder o ignorar los instrumentos ganados a través de tantos años de historia: partidos políticos, tradición literaria y cultural, instituciones educativas, logros legales y constituciones”(p.10).
“Por estas razones estudiar la literatura y la cultura venezolana se ha convertido en un imperativo político, ético, estético y vital”(p.10), “He dedicado los últimos años a trabajar la literatura venezolana vista como uno de los logros culturales de nuestra sociedad, más allá de las valoraciones diversas y divergentes que convoca el tema, en especial hablamos de la novelística”(p.10).“La literatura era la vía regia para pensarse a sí mismos(as) y relacionarse con el mundo, el camino providencial en la indagación de la identidad nacional y la construcción de un mundo distinto”(p.46), “Pero así como cada individuo requiere de una historia que lo sitúe en el mundo y necesita sus ficciones consoladoras, las naciones tienen sus propios héroes, sus propios relatos fundadores, sus mitos indispensables usados con fines políticos. En el caso venezolano el paradigma sería el culto a Simón Bolívar, de tan larga y desafortunada vida en el imaginario venezolano. No obstante, hay otros mitos más recientes, que, por cierto, coinciden con los deseos heroicos inconfesados del protagonista: los mitos revolucionarios de los sesenta”(p.70), se refiere ella aquí al protagonista de la novela Los últimos espectadores… de Ana Teresa Torres cuyo análisis es central dentro de las observaciones que hace la autora de este libro. Y porque esta ficción es obra mayor dentro de la ficción venezolana.

LA EPOCA

Uno de los hechos más fascinantes en Venezuela, el país que siempre nace es la comprensión que ella hace de la época que vivimos. Y ello tanto a nivel internacional como nacional, sobre todo en la incidencia sobre nuestro devenir de los sucesos de los años sesenta. Fue esta la década de la Revolución Cubana, del feminismo contemporáneo, que si bien había sido fundado primero por las sufragistas y dotado de sus elementos teóricos y prácticos, en 1949, por Simone de Bauvoir en El segundo sexo logró su plenitud universal gracias al feminismo norteamericano, especialmente gracias a obras como La mística de la feminidad(1962) de Betty Friedan o a Política sexual(1970) de Kate Millett. A estos tomos centrales añadiríamos hoy Contra nuestra voluntad(1975) de Susan Brownmiller, sobre la dolorosa experiencia de la violación, La primera vez(1981) sobre la iniciación sexual de la mujer. O ya dentro del llamado “postfeminismo” precisamente el libro de la ya citada Betty Friedan: La segunda fase(1981) e incluso La guerra contra las mujeres(1992) de Susan Faludi. Esto dicho así no hay que olvidar que el feminismo venía de muy atrás, había nacido en el siglo XVIII, en los días de la Revolución Francesa(julio 14,1789), a través del libro de la británica Mary Wolltonecraft(1759-1797): Vindicación de los derechos de la mujer(1792). Fue un contemporáneo masculino de esta singular mujer, el primer hombre latinoamericano en hablar de la concesión de los derechos políticos y de la libertad para divorciarse a las mujeres: Francisco de Miranda(1750-1816), su opinión(octubre 26,1792) está entre los papeles de su archivo (Colombeia, ed. t.X,p.275-276. Ver también nuestro “Miranda y los derechos de la mujer, El Diario de Caracas: marzo 14,1994). Por cierto que la Woltonecraft fue la madre de Mary Shelly(1897-1851) la autora de Frankestein o el moderno Prometeo(1817), hija de su segundo matrimonio con el notable editor y publicista William Godwin(1756-1836).
Fue la década del sesenta del siglo XX la del Concilio Ecuménico Vaticano II(1962-1965) que impulsado por el papa Juan XXIII(1881-1963), y realizado por su sucesor Paulo VI(1897-1978), puso en practica el necesario “aggiornamiento”, la puesta al día, de la Iglesia. Eso permitió que en América Latina fuera creada y desarrollada la Teología de la liberación desde los escritos del jesuita peruano Gustavo Gutiérrez.
Vino luego el singularísimo año 1968: Revolución de Mayo en París, el movimiento de la Primavera de Praga por la democratización del socialismo en Chacoeslovaquia y su represión: la invasión de la URSS a esa nación para impedir los cambios democráticos y poner fin a aquel experimento liberador(agosto 20). La experiencia checoeslovaca había sido marcada por Milán Kundera en su primera novela La broma(1967). Y el movimiento libertario dentro del comunismo tuvo tanto eco, en todas partes, que tres intelectuales venezolanos le dedicaron sus libros de aquellos días, obras de honda trascendencia hoy: Teodoro Petkoff a través de Checoeslovaquia: el socialismo como problema(1969), Manuel Caballero con El desarrollo desigual del socialismo y otros ensayos polémicos(1970) y Ludovico Silva en Sobre el socialismo y los intelectuales(1970). El desarrollo desigual…y Sobre el socialismo… fueron su primer libro en caso de Caballero y su primer libro en prosa en el caso de Silva quien, sin embargo, ya había publicado dos poemarios(Tenebra,1964 y ¡Boom¡,1966).
En América Latina como anota Gisela Kozak “Al igual que en otras regiones del continente, el feminismo, la cultura de masas representada en el heroísmo deportivo y la esperanza de la revolución modificaron la vida intelectual, las relaciones de poder, las aspiraciones de ascenso social y las relaciones personales”(p.39).

VENEZUELA

Con relación a nuestro país, “Este país de fracasados, imitadores y farsantes”(p.72) como ella dice,“Los venezolanos…somos los herederos de fracasos no sólo nacionales sino continentales”(p.72). El fracaso de la insurgencia armada y por mucho tiempo sus escasas expresiones literarias válidas y el hecho de que apenas exista una sola obra histórica sobre ella, que es distinta a las testimoniales, como es el caso de los libros de Angela Zago(Aquí no ha pasado nada,1972 y Sobreviví a mi madre,1995), sobre aquel asunto es suficientemente explicito.

CHAVISMO Y DEMOCRACIA

Habrá que marcar el 4 de febrero de 1992, y los años sucedidos después de él hasta el momento en que redactamos estas páginas, como días aciagos.
Gisela Kozak peregrina hacia atrás, sin salirse de las experiencias de los años sesenta y de sus derivaciones hacia los días que vivimos, por ello anota: “el particular devenir de la historia venezolana enmarcada en la utopía revolucionaria izquierdista, el desencanto político posterior a la caída del socialismo europeo oriental y el escepticismo ante la democracia que marcó a Venezuela hasta los años noventa del siglo pasado”(p.58), “un guerrillero puede parecerse demasiado a un montonero detrás de un caudillo. Y este parecido conecta con el presente nacional…es posible concluir, desde la lectura de Los últimos espectadores…que la izquierda de los sesenta en Venezuela estaba dormida, no extinguida. La Revolución Bolivariana es la demostración de que la izquierda venezolana esperaba su oportunidad para hacer gala de su espíritu de refundación del país, para mostrar un espíritu irredento de anacronismo político que impide una verdadera renovación de la izquierda y para reinvindicar el militarismo rural y patriarcal”(p.74), “la comprensible aunque indispensable herencia decimonónica de la historia nacional. No es de extrañar entonces que la Venezuela de los albores del siglo XXI mire con tanto fervor hacia el pasado”(p.74).
Aquí se impone una importante acotación: los guerrilleros fueron vencidos y entonces, como después de toda guerra, así la de ellos haya sido pequeña, se transformaron en hombres de la post-guerra, pero eran en ese caso aquellos quienes no estaban preparados para la paz. Este asunto tan crucial fue bien tratado por Francisco Herrera Luque(1927-1991) en Los viajeros de Indias(1961) obra decisiva sobre el pasado y presente venezolano si la ha habido. Sobre los hombres de la post guerra trae esta observación siempre singular como lo son siempre sus acotaciones. Esto tuvo que ver también con nuestros guerrilleros y guerrilleras de los años sesenta. Escribió el psiquiatra:”El peor daño que causan las guerras es revelarle al hombre su naturaleza reprimida. Por esto, muchos combatientes no aceptan cabalmente el armisticio. La tristeza y tensión que sienten en la post-guerra no se debe tan sólo a las pérdidas materiales y afectivas. La paz significa volver a estratificarse en el orden social. Volver al marco carcelario de la oficina cuando se tuvo por hogar el mundo. Es soportar nuevamente al jefecillo gruñón después de haber derribado hombres a punta de bayoneta. Es retornar a un medio que puede ser triste, lóbrego o sin sentido. Es aceptar nuevamente el futuro y estrechar el presente. La guerra es la liberación de este penoso esfuerzo. El hombre corriente, a pesar de todo, regresa a su antigua vida, vuelve a aceptar el cauce. Al fin y al cabo es de hombres adaptarse…Hay seres, sin embargo, que se quedan varados en el armisticio, como encallan los botes en el bajamar…Esta es la historia del bandolerismo, delincuencia e inmoralidad que azota a todos los pueblos después de la contienda”(Los viajeros…,ed.1970,p.93). La transformación de la guerrilla en delincuencia también se vivió en Venezuela, a ello se refiere un cuento de Carlos Noguera del cual nos ocuparemos más abajo. Así Herrera Luque tocó con su siempre certera mirada todos los ámbitos del suceso armado. Todo esto sucedió a nuestros insurgentes de los sesenta: no quisieron ni reintegrarse a la vida civil, ni ahondar en el por qué de su derrota ni buscar nuevos cauces para su vivir y para su acción política. En ellos pervivió el recuerdo de la palabra “guerra”, de volver a “hacer la guerra”, como reiterativamente nos decía a nosotros un ex guerrillero que iba constantemente a conversar con nosotros sobre estos asuntos en nuestra oficina de la Dirección de Publicaciones de Fundarte: era un derrotado pero no lo aceptada, ya las canas poblaban su cabeza. Y por ello estaba preso en sí mismo, en lo que no había podido ser y que él no había podido aceptar. Esto que describió con tanta certeza Herrera Luque es lo mismo a lo cual había aludido el maestro Rómulo Gallegos(1884-1969) en ciertos pasajes de La trepadora(1925) en lo que nos muestra a un hombre de las montoneras que ha dejado de actuar: “Ya del terrible guerrillero inutilizado por la paz sólo quedaba la memoria de sus hazañas…¡Ah, malhaya la guerra¡…Que eran los síntomas de aquel sombrío acceso de furor, tanto más peligroso cuanto que, no pudiendo lanzarlo a la guerra, por cualquier cosa lo lanzaba a las riñas”(ed.1977,p.153). También en La trepadora don Rómulo anatematiza la guerra civil, las montoneras y a los caudillos. Y es esta inestabilidad, el no haber puesto fin a la insurrección en 1969 con la “Pacificación” del presidente Rafael Caldera, el seguir soñando, el no pisar tierra, en vivir en el desarraigo, en no comprender el camino tomado por el país, pese a todos los males de nuestro sistema democrático, los cuales no podían ser corregidos sino con más democracia no con la autocracia de izquierda con la que ellos soñaban cada día, lo que les hizo creer que el viejo sueño de la guerra había despertado el 4 de febrero de 1992. Tanto que la campana que les sonó a los antiguos insurrectos, quienes para nada analizaron lo que tenían por delante y se entregaron a seguir las consignas de Hugo Chávez. Fue allí, y creemos que es su mejor testimonio, cuando surgió el libro de Ángela Zago La rebelión de los ángeles(1992). No pudieron todos aquellos ex guerrilleros, que no habían aceptado la paz y que era enemigos jurados del proceso democrático, darse cuenta que la verdad de lo que había surgido en aquel pronunciamiento era la posibilidad de un gobierno fascista, de un régimen opresor que tan bien describió seis años tarde Manuel Caballero, un hombre de izquierda pero un intelectual estudioso y buen comprendedor de la realidad, en su magnífico libro Contra el golpe, la dictadura militar y la guerra civil(1998) que reúne escritos concebidos durante los seis años que separan el golpe militar de 1992 de las elecciones de 1998. Es allí donde está la verdad.
Así podemos concluir en esta argumentación que la izquierda no sufrió un ataque de catalepsia entre 1969-1972 sino que estaba agazapada esperando, creyendo, erróneamente, que la historia se repite, vuelve a emerger. En verdad nunca volverán, ello es imposible, los años sesenta para ellos de la misma manera que cuando caiga Chávez o termine su gobierno para nada volverá el país a vivir la democracia puntofijista: surgirá otro modo de vivir dentro de la tolerancia y las libertades públicas con otros protagonistas. Pero es imposible retornar a 1958.
Y además hay que añadir sobre la personalidad del comandante presidente Chávez una observación que también trae Herrera Luque. Esta lo define muy bien, nos explica sus hondas patologías, el por qué le es imposible el trabajo sedentario, de hecho prácticamente no está nunca en su oficina laborando para el bien del país, en nueve años nunca ha gobernado, esta nos explica el por que de su desordenada cabeza, que haya llevado al país al caos, al desorden, a la anarquía, que es la de su propia personalidad, de su psiquis. Dijo nuestro siempre intuitivo psiquiatra:”Hay hombres que son como los equilibristas sobre la cuerda floja. Si no se mueven se desploman en el vacío. Su sino es marchar. No importa hacia dónde. Lo urgente es moverse. La quietud los aplasta y destruye. Por eso fijan metas inalcanzables”(Los viajeros…,p.147). Allí está pintado Chávez plenamente.
Otra semblanza del presidente Chávez está en estos versículos bíblicos:”Seis cosas hay que aborrece Dios,/y siete son abominación para su alma:/ ojos altaneros, lengua mentirosa,/manos que derraman sangre inocente /corazón que fragua planes perversos,/pies que ligeros corren hacia el mal,/testigo falso que respira calumnias,/y el que siembra pleitos entre los hermanos”(Proverbios: VI,16-19).
Volvamos a los planteamientos de Gisela Kozak de la cual al parecer nos hemos apartado. Ella apunta “Estado venezolano, fundido, de manera grotescamente antimoderna, con la personalidad del comandante-presidente Hugo Chávez y su visión excluyente de la nación venezolana…Un caudillo …cuyo espíritu refundador y su crítica visceral a la modernidad venezolana son ampliamente conocidos, sólo podía tener cabida en un contexto de evidente debilidad institucional en el que partidos políticos, poderes públicos y manejo económico se articulan en un mismo fracaso vivenciado como abandono de las funciones estatales por parte la sociedad venezolana”(p.102).
Y uno de sus corolarios, hay otros, “Las altisonantes críticas al neoliberalismo que han sido la médula del discurso del movimiento bolivariano parten de una apreciación justa para ofrecer un remedio erróneo”(p.102). Aunque, añadimos nosotros, las críticas al neoliberalismo forman parte del bonapartismo del régimen de Chávez porque si bien se critican esas políticas, de hecho el comandante lo hace cada vez que puede en su “Alo presidente y lo propala en sus giras”, a la vez esas mismas políticas neoliberales son las que impulsa el mismo gobierno desde el Ministerio de Finanzas. Es una inmensa paradoja pero es así. Y no ser neoliberales sería imposible porque no se puede apartar una economía capitalista y petrolera como la venezolana, de la marea del mundo económico de nuestra época cuyo camino es el propio del neoliberalismo. Esta, no se dicho bien, es otra de las mil contradicciones del chavismo que más que un movimiento de izquierda es un modo gobernar en el cual sólo impera el caos, la disolución de una sociedad radicalmente democrática como la venezolana, que lo es en su esencia como se puede probar plenamente con solo apelar a los papeles de nuestra historia.
La noción de “bonapartismo” es básica para entender el chavismo. Nadie la definido mejor que Domingo Alberto Rangel al explicar:”El bonapartismo siempre encierra una dicotomía. El bonapartista no deja de ser revolucionario ni de guardar sus nexos con las clases que han hecho una revolución. En cierto modo sigue siendo el jefe de esas clases. Pero en su conducta utiliza los resortes y las modalidades del viejo orden y de las clases enemigas. En esa contradicción entre lo nuevo en lo cual se apoya el jefe y lo viejo que es restaurado o perdonado radica la esencia histórica del bonapartismo”(Los andinos en el poder, ed. 1974, p.131). “Bonapartismo” viene de las políticas de Napoleón Bonaparte(17869-1821) en el poder en Francia. Rangel hace la definición a partir de su estudio del régimen(1899-1908) del presidente venezolano Cipriano Castro(1858-1924) uno de los caudillos más admirados por Chávez, como lo recuerda Gisela Kozak, cuyos restos hizo enterrar el comandante en el Panteón Nacional. Cipriano Castro también fue un presidente descocado.
Y esto mismo que hemos señalado del neo-liberalismo podría decirse de la actitud de los chavistas frente a la “globalización”: ¿acaso pueden abolirla?¿acaso han estudiado en la historia universal de donde viene porque aunque muchos no lo crean, incluso entre ellos mismos, lo globalización es muy antigua, nacida incluso lejos del siglo XX pues dio sus primeros latidos en el siglo XVI como consecuencia del primer viaje alrededor de la tierra(1519-1522) de Fernando de Magallanes(c1480-1521) y Juan Sebastián Elcano (c.1476-1526), la cual relató el humanista Antonio de Pigafetta(c.1491-c1534) en su obra Primer viaje en torno al globo(1525), libro incluso se puede tener también como la partida de nacimiento del realismo mágico, como lo dijo Gabriel García Márquez en su discurso de aceptación del Premio Nóbel de Literatura(La soledad de América Latina(1982) en El coronel no tiene quien la escriba, ed.1989,p.323-326).
Y además, por ejemplo, la cultura es siempre un hecho globalizado, ecuménico, de todos los lugares. Un lector, un crítico literario, un historiador, un estudiante, se forma leyendo obras de todas partes y lo sigue haciendo toda su vida. Para nada se fija de qué lugar geográfico viene cada obra porque estas forman una unidad. Y esto es globalización, esto es ser contemporáneo con los demás hombres. Tan contemporáneo de un José Saramago, un J.M.Coetzee o Orhan Pamuk como de Homero en la antigüedad, Dante en la Edad Media, Shakespeare o Cervantes en el Renacimiento, los escritores del siglo XIX o XX o los actuales son nuestros coetáneos. Y todo esto es globalización. Y este es un punto en el cual apenas se ha reparado. Sobre todo esos chavistas incultos que dicen que hay que luchar contra la globalización cosa que es imposible porque es un hecho universal y porque además hoy en día formamos parte de la aldea mundial, más desde que los satélites nos tienen informados minuto a minuto de lo que sucede en cualquier lugar del planeta, cuando gracias a Internet y al correo electrónico en minutos podemos comunicarnos desde América Latina con Asia, de Caracas con Tokio. Y además la verdadera cultura en todas sus realizaciones es un hecho mundializado, contra ello no se puede luchar porque vivimos, nadamos en el agua de lo universal.
Es importante hoy, y Gisela Kozak lo recalca, la lectura de los “autores (que) nos ponen en guardia frente al totalitarismo, la pérdida de las libertades individuales, la hipertrofia del Estado y las debilidades políticas de la democracia representativa que permiten el arribo de líderes como…Chávez al poder”(p.105).

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Premios Nacionales de Cultura 2008.

Agosto 13, 2008 por Josefina

Tributo a diez creadores venezolanos

Fueron anunciados los ganadores del Premio Nacional de la Cultura

Rumbo a las 70 ediciones, el Premio Nacional de la Cultura vuelve a honrar la trayectoria de importantes creadores de Venezuela. Será mañana la gala en la que subirán al podio 10 destacados artistas de distintas disciplinas.

Los seleccionados del período 2006-2007 fueron Juvenal Ravelo (Artes plásticas), Alfredo Lugo (Cine), María Rodríguez (Cultura popular), Maruja Leiva (Danza), José Joaquín Castro (Fotografía), Iraida Vargas (Humanidades), William Osuna (Literatura), Gerry Weil (Música), Kiddio España (Teatro) y Dorka Dorronsoro (Arquitectura).

En rueda de prensa, el ministro de la Cultura, Héctor Soto, acompañado por Lisett Torres, presidenta de la Casa del Artista -ente que ahora se encarga de coordinar este galardón- y otros funcionarios, dio a conocer a los ganadores, al tiempo que recordó que éstos recibirán un premio inicial de BsF 7 mil y una mensualidad de por vida de BsF 1.130.

Soto recordó que este es un premio que pasa por dos instancias, un jurado postulador y otro calificador, ambos externos al Ministerio de la Cultura. Torres agregaría que se trata de un premio de “voto popular”.
Fue así como se integraron dos jurados por cada categoría, formado por tres personas cada uno.
Honor a quien honor merece
La obra de Juvenal Ravelo es extensa, pero una de las más emblemáticas y actuales es la que está en la avenida Libertador de Caracas, Módulos cromáticos. Nacido en Caripito, estado Monagas, en 1931, estudió artes plásticas en la capital, en Barquisimeto y Europa, donde se nutre del arte abstracto, constructivo y cinético.
Alfredo Lugo (1939) es de Acarigua, estado Portuguesa. Comenzó en el cine de manera fortuita. Entre sus películas están: La muerte del tío, El insólito asalto al Royal City Bank, Asesinato en el bloque uno y Los tracaleros, entre otros. Ahora vive en Viena.
La oración del tabaco es apenas una de las canciones que ha inmortalizado la cantante cumanesa María Rodríguez (1924). Trabajó 25 años en la Universidad de Oriente impartiendo clases de folclor sucrense y desde 1994 es declarada Patrimonio Cultural Viviente de Sucre, su estado natal.
Maruja Leiva ha sido profesora de danza clásica y coreógrafa de diversas compañías como Espacio Alterno, Acción Colectiva y Thejadanza. La caraqueña se inició en la escuela de la Nena Coronil y continuó en la Academia Interamericana de Ballet. En el 67 viajaría a Londres donde conoce nuevas disciplinas y técnicas.
Una de las propuestas más importantes de JJ Castro (1930) es su fotografía en infrarrojo. Por ejemplo, en 1991 expone en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas la colección Paisajes venezolanos en infrarrojo, que dos años después representa a Venezuela en México. Asimismo, en 1997 expone en Japón sus Fotografías infrarrojas.
Iraida Vargas Arenas (1942) es antropóloga y doctora en Historia. Autora de más de 100 artículos científicos y de más de 20 libros, entre los que destaca Historia científica y cultural de la Humanidad, tomo II, de la Unesco.
Poeta, editor y docente, William Osuna (1948) ha ganado premios como la IV Bienal José Antonio Ramos Sucre (1976) y el Ciudad de Caracas (1983). Entre sus publicaciones destacan: Mas si yo fuera un poeta, un buen poeta y Antología de la mala calle. Ahora es editor de las revistas En el camino y A plena voz.
Gerry Weil nace en Viena, Austria, en 1939, pero desde los años 50 Venezuela es su patria. El músico, compositor y productor, toma clases privadas y cursos por correspondencia desde Boston (Berklee College of Music), ya que en Venezuela ningún centro impartía clases de jazz. Entre sus discos están: Gerry Weil y su quinteto, The message y Jazz en Caracas.
Artífice del Festival Internacional de Teatro de Oriente, Kiddio España nació en Maripa, estado Bolívar, en 1944. Su formación transcurrió entre Caracas e Italia.
Dorka Dorronsoro (1939) es docente, además de arquitecto y fotógrafo. Llegó a ser colaborador de Carlos Raúl Villanueva, Premio Nacional de la Cultura en 1963

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Agustín Blanco Muñoz y su Historia Actual Dos

Agosto 12, 2008 por Josefina

Cátedra Pío Tamayo

Centro de Estudios de Historia Actual

IIES / FACES / UCV

Historia Actual asume ahora el reto de recopilar una serie de materiales y documentos dirigidos a estimular y convocar al indispensable debate en esta compleja y difícil hora que vive este expais.

No es posible postergar, retardar o dejar de lado la discusión sobre la realidad que vivimos, ni la necesidad de organizar un colectivo consciente, no polarizado con los dos bandos de la destrucción, capaz de crear respuestas, generar propuestas, avanzar hacia la construcción de una nueva realidad.

La recopilación de materiales la hacemos en Historia Actual Dos. El debate lo recogemos en la Red Internacional del Colectivo. En Historia Actual publicamos nuestros puntos de vista para el debate. En la Cátedra Pío Tamayo difundimos nuestras actividades de extensión. En Embusterías aportamos una visión del mundo por venir.

La participación no es una elección, sino un mandato de un tiempo de vida que cada día se convierte más en un tiempo de muerte y devastación.

HISTORIA ACTUAL

ABM / Historia Hoy 11/08/08

http://historiactual.blogspot.com/2008/08/historia-hoy-110808.html

ABM / Venecuba: ¿irreversible e invencible?

http://historiactual.blogspot.com/2008/08/venecuba-irreversible-e-invencible.html

Historia Actual pregunta

http://historiactual.blogspot.com/2008/08/historia-actual-pregunta.html

ABM / Historia Hoy 04/08/08

http://historiactual.blogspot.com/2008/08/mingo-040808.html

ABM / El electoespectáculo

http://historiactual.blogspot.com/2008/08/el-electoespectculo.html

ABM / La trampa de la polarización

http://historiactual.blogspot.com/2008/07/la-trampa-de-la-polarizacion.html

HISTORIA ACTUAL DOS

CRISTINA CASTELLO

Irak: la vida tiene la palabra

http://historiactualdos.blogspot.com/2008/08/cristina-castello-irak-la-vida-tiene-la.html

LOS JURISTAS DEL HORROR

Hacia una visión de lo que ocurre hoy y aquí

http://historiactualdos.blogspot.com/2008/08/los-juristas-del-horror.html

HENRY DAVID THOREAU

Hacia una corporación de hombres conscientes

http://historiactualdos.blogspot.com/2008/08/henry-david-thoreau.html

RED INTERNACIONAL DEL COLECTIVO

Revise las opiniones de Rómulo Lares, Rosana Ordóñez, Gustavo Yepes, Eduardo Cardozo,

Paciano Padrón, Teódulo López Meléndez, Edgar Jaimes, Francisco Rivera P, Juan José Pacheco,

Daniel Toro, Antonio Martínez, Guillermo Zurga, Juan Urich, Raúl Medina, Walter Di Prieto.

EMBUSTERÍAS

Embusterías de Antoine de Saint Exupery

http://embusteria.blogspot.com/2008/07/embusteras-de-antoine-de-saint-exupery.html

Embusterías de Juan Ramón Jiménez

http://embusteria.blogspot.com/2008/08/embusterias-de-juan-ramn-jimnez.html

Embusterías de Jacques Prevert

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mery sananes

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¿Por qué Francisco Herrera Luque? por Roberto Lovera De Sola.

Agosto 12, 2008 por Josefina

¿POR QUE HERRERA LUQUE
por:R.J.LOVERA DE-SOLA

Numerosas veces al proponer nosotros le necesidad de escribir la biografía de Francisco Herrera Luque(1927-1991) se nos ha preguntado: ¿por qué Herrera Luque? Pasamos a responder el interrogante.
Una biografía de Herrera Luque debe ser redactada por el significado que en nuestra vida contemporánea tuvo tanto el vivir apasionado, y siempre polémico, de Herrera Luque, gran campeón por lograr un mejor estadio de vida para los venezolanos, esa felicidad siempre añorada y nunca lograda en esta nación alternativamente, cada día, áspera y dulce, “una veces violenta; otras, taciturna y melancólica. Huidiza de sí misma. Yerma” como escribió José Fabián Ruiz(1911-1975) en su novela Mar de leva(ed.1972,p.10).
Fue Herrera Luque uno de los venezolanos más destacados desde 1957, cuando publicó su primer opúsculo, La neurosis en los medios populares venezolanos, y en las siguientes tres décadas por la amplia proyección de su obra, que su muerte, como sucede muchas veces entre nosotros, no detuvo, porque sus libros se han reeditado una y otra vez constantemente. Y por ello su mensaje esta vivo.

ENTRE LOS MÁS GRANDES

Como figura cenital de todo lo iniciado en 1958 hay que poner a Herrera Luque entre los grandes venezolanos y venezolanas pero especialmente al lado Juan Pablo Pérez Alfonso(1903-1979) en su logro del primer cartel, la OPEP, en defensa de los productos naturales del tercer mundo(septiembre 14,1960); Luis Alberto Machado(1932) cuyas tesis de la “revolución de la inteligencia”, publicadas en un libro de igual título(Caracas: Seix Barral,1976) han traspasado el horizonte venezolano recibidos en todas partes, en sitios de altísima cultura como la Universidad de Harvard en Boston o en China en donde su obra El derecho ha ser inteligente ha sido publicada en una edición en mandarín de más de un millón de ejemplares. Entre ellos se alza Herrera Luque no sólo por su vida pública como médico, profesor y en su polémica incursión en la diplomacia, en la cual su denodada lucha contra la corrupción se hizo presente, sino como el hombre que volvió a contarle, a través de los moldes de su “historia fabulada”, la historia de Venezuela a su nación.

LOS ESENCIALES

Los grandes venezolanos del siglo XX, entre los cuales hay que registrar siempre el nombre de Herrera Luque, fueron además de nuestros destacados políticos y lideres como Rómulo Betancourt(1908-1981) y Rafael Caldera(1916), creadores de la democracia contemporánea y sobre quienes descansó la responsabilidad de haberle dado al país los únicos cuarenta años de estabilidad política y desarrollo de toda nuestra historia. Le siguen nuestros grandes escritores quien han obtenido premios internacionales como Luis Manuel Urbaneja Alchpohl(1873-1937) premiado en Buenos Aires(1920) por su novela En este país, Teresa de la Parra(1889-1936) galardonada en París(1924) por su novela Ifigenia, Rómulo Gallegos(1884-1969) reconocido en España por Doña Bárbara(1929) al igual que Arturo Uslar Pietri(1906-2001) primero en Madrid con Las lanzas coloradas(1931) y años mas tarde en Oviedo “El principe de Asturias” por su novela La visita en el tiempo(1990), Adriano González León(1931-2008) con el “Biblioteca Breve” de la editorial catalana Seix Barral(1968) por su novela País Portátil(1969), Ana Teresa Torres(1945) en Alemania el premio “Anna Seghers”(2001) en Alemania por todo el conjunto de su obra; la proyección mundial de poeta Eugenio Montejo(1938-2008) ha sido singular desde la lectura de un poema suyo en película “21 gramos”(2003) de Alejandro González Iñarritu(1963) y por haber obtenido el premio “Octavio Paz”(2004); científicos como Humberto Fernández Moran(1924-1999), inventor del microscopio electrónico y el cuchillo de diamantes, quien no obtuvo el premio Nóbel por su negativa a nacionalizarse norteamericano, prefirió mantenerse venezolano, pese a la persecución sufrida de parte de los sucesivos gobiernos democráticos de Venezuela por el único delito de haber sido Ministro de Educación de Pérez Jiménez durante los últimos diez días de su gobierno(enero 13-23,1958), por ello falleció en el destierro, en Estocolmo. Fue Fernández Moran mucho más que aquel “brujo de Pipe” que le inventó la maldad venezolana. Los otros grandes venezolanos son nuestros artistas cinéticos Jesús Soto(1923-2005), Carlos Cruz Diez(1923) y Alejandro Otero(1921-1990), el músico José Antonio Abreu(1939), por la proyección universal de su trabajo en la formación de orquestas juveniles e infantiles, premio “Príncipe de Asturias”(2008); nuestros coreógrafos internacionales Vicente Nebrada(1930-2002) y Carlos Orta(1944-2004), la bailarina Zandra Rodríguez, las cineastas Fina Torres(1951) y Betty Kaplan, quienes laboran en la meca del cine; los actores y actrices de las telenovelas, el gran género popular de nuestros días, dobladas a las grandes lenguas de la tierra. Y nuestras grandes bellezas mundialmente conocidas tal como lo había vaticinado en 1888 don Cecilio Acosta(1818-1881) al escribir:”Algún día, cuando la civilización haya derramado todos sus dones adquiridos, y nosotros, la hayamos enriquecido a ella con sus dones naturales, la belleza venezolana, ora en los salones, ora en el hogar, será el modelo de la bellezas, y Venezuela la gran galería de las bellezas del mundo”(Obras completas,ed.1982,t.II,p.445). Hoy es así, se ha cumplido la predicción ceciliana.

PROMINENTE

Y Herrera Luque es prominente y así ha sido ratificado por sus miles de lectores, que prácticamente no tuvo nunca un escritor venezolano después del maestro Rómulo Gallegos, por haberse metido de lleno en las raíces del ser venezolano analizándolo a lo largo de su historia. Fue un proyecto controvertido por ser la primera persona que hizo un análisis de Venezuela con los instrumentos de la psiquiatría. Proyecto debatido pero válido, tan grave que su maestro en Madrid, el gran Juan José López Ibor(1908-1991), al leer el primer manuscrito de Los viajeros de Indias y aprobar su contenido le dijo “al publicarse este libro te traerá más canas para tu cabello”. Su sabio profesor sabía lo que decía. Así fue. La publicación de Los viajeros de Indias, como lo sostuvo Tomás Polanco Alcántara(1927-2002), cambió la vida de su autor (Venezuela y sus personajes,ed.1997,p.493).
Los viajeros de Indias, un libro académico, cuidadosamente hecho con todos los elementos de la indagación universitaria, tuvo esa proyección. Y, para nuestra desgracia, lo conversamos con el propio Herrera Luque en las semanas finales de su vida, sus vaticinios se han cumplido en el vivir del país. Bastaría detenernos en uno: la alta tasa de homicidios que él vio en los años cincuenta, lo cual nos hacían el país más homicida del mundo, cosa que en los años setenta ratificó la Organización Mundial de la Salud, la información fue considerada tan importante que el día que se divulgó El Nacional la publicó en su primera página. Tenemos copia del recorte, su original lo leímos en el Archivo de Herrera Luque. Y hoy, para nuestra tragedia también la altísima tasa de homicidios es semanal. Esto lo advirtió Herrera Luque antes de 1961, año de la primera edición de Los viajeros de Indias, publicado en las ediciones de la Presidencia de la República por pensar el Dr. Ramón J.Velásquez(1916), Secretario de la Presidencia entonces, director de la ediciones del Palacio de Miraflores, que esa importante tesis(Herrera Luque dice que es hipótesis) debía ser conocida para animar el debate científico decaído entonces. Y, claro, la edición contó con el apoyo el presidente Betancourt quien era mucho lo que apreciaba a quien era un joven galeno entonces, quien pronto le prestó un servicio como psiquiatra, que terminó siendo público aunque no se haya revelado como se debiera, como algún día propagarán sus testigos, nos contamos entre aquellos a los cuales le fue relatado por el propio Herrera Luque. Grande fue el servicio del médico a la familia del presidente Betancourt por el cual la siempre difícil Virginia Betancourt no lo perdonó nunca y por ello cerró sus memorias, Vida en familia(2007), el año 1958 para no tener que abordarlo. Pero la razón estuvo de lado de Betancourt y de Herrera Luque, quien también fue en aquellos años médico de doña Carmen Valverde, esposa del presidente.
Los viajeros de Indias fue siempre obra disputada. Y lo es aun hoy, sobre todo por los partidarios de las tesis hispanista quien lo consideran, equivocadamente, una nueva expresión de la leyenda negra. Es un error porque Herrera Luque en su obra ni es partidario de la leyenda negra, ni de la dorada, ni de la revisionista. El construyó un cuarto modo de mirar la realidad latinoamericana y venezolana de la conquista, que fue cuando vinieron a nuestras tierras los que llama los Viajeros de Indias.
Pero la controversia que siempre acompañó a Los viajeros de Indias ha sido siempre tan constante que fuimos testigos, hace cuarenta años, siendo aun muy joven, del diálogo sostenido por el psiquiatra Fernando Risquez con el editor Benito Milla(1918-1987). Risquez se había dirigido aquella tarde de 1969 a la sede de la editorial Monte Avila para convencer a Milla de la necesidad de no volver a publicar Los viajeros de Indias. Escuchamos las contradictorias explicaciones de Risquez, paradójicas pues pensaba, así lo dijo, que Los viajeros de Indias había sido una obra cuidadosamente pensada antes de ser escrita, lo cual negaba su oposición a la edición del ya entonces famoso libro, pese a sólo haberse impreso una edición. Don Benito permaneció siempre sereno y atento escuchando los argumentos de Risquez y cuando este los concluyó le dijo: “Yo he leído este libro y me he dado cuenta que en él se expresan una serie de concepciones que mucho interesan a los venezolanos. Por ello vamos a publicarlo”, cosa que hizo meses más tarde. La edición voló de las librerías. Risquez no sabía que meses antes el propio don Benito había sido el editor de La huella perenne.(Caracas: Alfar, 1969) de Herrera Luque, con la cual ganó el mayor premio científico que se concedía entonces en el país. Risquez además nunca pensó que aquel joven que lo escuchaba silenciosamente sentado, que no conocía a Herrera Luque pero sabía el valor de Los viajeros de Indias tomaría nota de aquella intervención suya. ¡Es grave no darle importancia ni valor a la presencia de los jóvenes!

LA HERENCIA Y GENETICA

Herrera Luque, y esta es otra razón para escribir su biografía, fue quien trajo todos los fundamentos de la herencia y de la genética, novedosos y desconocidos en los años cincuenta, al conocimiento de los venezolanos. Los aplicó en Los viajeros de Indias.(Caracas: Imprenta Nacional, 1961. 536 p.). Sus críticos dijeron que era imposible demostrar que una “huella indeseable”, las palabras son de Herrera Luque, se mantuvieran a lo largo de quinientos años. Fue entonces cuando Herrera Luque escribió su apasionante obra La huella perenne en la cual demostró como una herencia psicopática se había mantenido viva a través de más de mil años en las familias reales de Europa. Era tan veraz y duro su análisis que la censura franquista prohibió la circulación de La huella perenne en España.
Su otro libro de ensayos, anterior a la aparición de sus novelas, fue Las personalidades psicopáticas. (Barcelona: Editorial Científico Médica, 1969. 111 p.), texto escrito para sus alumnos pero a la vez fundamento de las ideas y concepciones que manejaba y que pronto utilizaría, con los instrumentos de la ficción, en su novelas en las cuales se puede ver claramente porque Herrera Luque dijo y escribió que el devenir venezolano no era otra cosa que “la historia detenida”, estas palabras son también suyas, constituían el título de la segunda parte de Los viajeros de Indias, que estaba ya escrito a fines de los años sesenta, nunca llegó a publicarse, la destruyó Herrera Luque como consecuencia de su expulsión de su cátedra de Psiquiatría de la Universidad Central de Venezuela(1969), clase que había sido fundada por él. Los originales de La historia detenida sólo los leyó el escritor Juan Liscano(1915-2001) quien cita diversos de sus pasajes en su prólogo a la edición definitiva de Los viajeros de Indias(1970), que es la que se ha venido reeditando(1977, 1991, 2008) una y otra vez en el devenir del tiempo. Se está reimprimiendo en este momento por Alfaguara. Así Los viajeros de Indias suma en la actualidad cinco ediciones, lo cual nos es poco si pensamos que es un libro producto del denso y erudito trabajo académico y que supone en su lector un conocimiento muy amplio de la historia de la conquista y colonia de hispanoamericana y Venezuela. Pese a ello es un libro esencial en su tema y cuyas observaciones sobre la sociedad latinoamericana se han venido comprobando incluso entre los que lo desconocen o entre los que no lo citan pero llegan a sus mismas conclusiones como es posible verlo en el interesante libro del historiador español Juan Marchena Fernández Desde las tinieblas del olvido.(Caracas: Planeta, 2008. 473 p.) que sin conocerlo, al menos sin citarlo, arriba a las mismas conclusiones de Herrera Luque en Los viajeros de Indias, especialmente en su primer capítulo(p.11-24). Los viajeros de Indias es además uno de los pocos libros venezolanos dedicados al siglo XVI. Los otros son los de Guillermo Morón(1926) Los orígenes históricos de Venezuela(1954) que constituye hoy en día el primer tomo de su Historia de Venezuela(Caracas: Italgráfica,1971. 5 vols), de Isaac J.Pardo(1905-2000) Esta tierra de gracia(1955) y de Raúl Díaz Legorburu en La aventura pobladora(1986).
Pese a ser graves obras académicas Los viajeros de Indias, La huella perenne y Las personalidades psicopáticas cada vez que se vuelven a publicar sus ejemplares vuelan, agotándose rápidamente.

EL NOVELISTA

Después surgió al gran novelista, el más leído entre nosotros desde julio de 1972 cuando se imprimió la primera edición de Boves, el Urogallo. Se han publicado en este momento veinte y cinco ediciones, tirándose más de un millón de ejemplares, lo cual significa todo un suceso dentro de la vida intelectual venezolana. Este eco sólo lo logró entre nosotros el maestro Gallegos. Ni Teresa de la Parra, ni Arturo Uslar Pietri, ni Mariano Picón Salas, ni Guillermo Meneses, lograron poner en circulación tantos ejemplares de sus obras como Herrera Luque. Y Boves, el Urogallo es uno de los tres libros más divulgados entre nosotros en los últimos cuarenta años. Los otros dos son Piedra de mar de Francisco Massiani(se están imprimiendo sus ediciones número diez y nueve y veinte en este momento) y El mago de la cara de vidrio de Eduardo Liendo, con viente ediciones.
Pero Herrera Luque cuando lo vimos escribir Boves, el Urogallo nunca pensó la repercusión que este volumen suyo lograría al igual que las novelas suyas que le siguieron en las cuales se expresa su proyecto balzaciano de novelar toda la historia de Venezuela, cosa que logró. Sólo lo hizo, así nos lo dijo en una carta que conservamos, que sólo pensó al concebirla “dar vida al novelista que siempre presentí había en mi”.
Pero fueron tan grandemente recibidas porque Herrera Luque tocó el alma de los venezolanos y ofreció dentro de su trama respuestas a las acuciantes preguntas que siempre nos hemos hecho los aquí nacidos. De allí que sus novelas y libros de ensayos no han dejado de publicarse una y otra vez, un fenómeno raro entre nosotros, un país en el cual incluso sus mejores libros no pasan de la primera edición.
Creemos que todos estos argumentos que hemos aportado explican la razón por la cual debe escribirse una biografía de Herrera Luque

Agosto 11,2008

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Ser caraqueños…Caracas en sus escritores (Parte II) por Roberto Lovera De Sola.

Agosto 12, 2008 por Josefina

GABRIEL DE AVILA

El capitán fundador Gabriel de Ávila fue quien dio su nombre a la montaña tutelar que está al norte de Caracas. A sus pies él tenía la “estancia de los Avilas” y por ello el cerro recibió ese nombre.
Gabriel de Ávila es un personaje, de quien tenemos pocas noticias. Fue el fundador de la familia Ávila en Caracas y en Guigüe. De él desciende el padre José Cecilio de Ávila, humanista del siglo XIX, uno de los maestros de Juan Vicente González(1810-1866).
De Gabriel de Avila se desconoce la fecha de su nacimiento en España. Al parecer vino a nuestra tierra en el barco que trajo a Diego García Paredes cuando a este lo asesinaron los indios de Catia de la mar.
Se enroló como Alférez Mayor de Campo en las fuerzas que formó el capitán Diego de Losada para la conquista de Caracas. Ávila participó en varias escaramuzas contra los indios defensores de sus libertades y sus tierras. En 1567 estuvo presente en la fundación de Caracas.
En 1568 se batió contra la gran concentración de caciques quienes pretendían destruir la recién fundada Caracas.
En 1569 con 15 hombres y órdenes de los Alcaldes de Caracas salió para Mariara al encuentro de Garci Gonzalez de Silva quien se venía a incorporar a la nueva urbe. En 1563 fue Alcalde de Caracas.
En 1573 emprendió la conquista de los teques, así, con minúscula lo encontramos escrito en las fuentes utilizadas. No se dice allí si lo hizo para conquistar El Teque, sitio de Caracas, en La Pastora, en donde está en la actualidad el Palacio de Miraflores, o para pacificar los indios Teques aun no sometidos al yugo español(Ver Ismael Silva Montañés: Hombres y mujeres del siglo XVI venezolano. Caracas: Academia Nacional de la Historia,1983,t.I,p.149).
En regiones de Aragua tuvo tierras con cultivos. Casó con Luisa del Barrio, hija de Damián del Barrio, otro de los fundadores de Caracas. Hija de ambos fue Felipa de Ávila, quien casó con el capitán Fernando Cerrada o Serrada. Para el año de1593 Gabtle de Ávila ya había muerto.

COLONIA

José Oviedo y Baños se hizo caraqueño pleno por su clásica descripción de Caracas en su Historia, que todos los caraqueños nos sabemos de memoria desde los bancos de la escuela primaria. La citamos completa en el epílogo.
Francisco de Miranda(1750-1816), quien, universal y ecuménico como fue siempre, no dejó de registrar noticias sobre Caracas en su Diario, el mayor escrito en prosa concebido por un venezolano durante todo el período colonial.
Simón Rodríguez(1769-1854), el caraqueño mas andariego conocido, salió de Caracas en 1797 para no volver, vivió en Europa y en países andinos más tarde en uno de los cuales murió, a quien inquietó desde muy joven la necesidad de reformar la instrucción pública, de allí su informe al Cabildo de 1794. Fue el más andante de los caraqueños porque nuestro otro dromómano, el tocuyano Lisandro Alvarado, lo hizo andando siempre por el país.
Andrés Bello(1781-1865), caraqueño, vivió hasta sus 29 años en su ciudad, pero desde su exilio en Londres y desde Santiago de Chile se proyectó hacia su patria y hacia todo el continente. Fue el quien diseñó en Londres lo que sería nuestra literatura autónoma, quien nos enseñó a leer obras literarias mediante sus trabajos críticos y hablar y escribir mediante su Gramática de la lengua castellana destina al uso de los americanos. Pero siempre consideró que sus días en Caracas habían sido “la edad más feliz de la vida”. Y siempre la evocó con nostalgia desde lejos.
Simón Bolívar(1783-1830), porque en sus mil escritos aparecen de forma entrañable su amor por Caracas ya sea en su carta a Simón Rodríguez, en la llamada Elegía del Cuzco, carta a su tío y padrino Esteban Palacios o en misiva a José Ángel Álamo en cual se pinta por encima de todo caraqueño al decir “Venezuela es el ídolo de mi corazón. Caracas es mi patria”.
María Josefa de la Paz y Castillo(1765-¿1818?), Sor María de los Ángeles, nuestra primera craedora mujer quien vivió casi toda su vida en el centro de Caracas y la mayor parte de ella tras los muros del Convento de las Carmelitas, en la esquina que lleva el nombre del cenobio, donde concibió su obra poética algunos de cuyos trozos han llegado hasta nosotros. Fue una escritora religiosa, de raíz cristiana y sentimientos teresianos, como la gran fundadora de la orden a la cual perteneció, hace poco evocada en sus trazos más íntimos, en el vivir monjil, por Michaelle Ascensio en su novela Mundo, demonio y carne, rememoración histórica de aquellos universos que vivieron nuestras monjas y que con mano tan maestra también evocó Teresa de la Parra(1889-1936) en su Influencia de las mujeres en la formación del alma americana, ensayo que pese a su bello título fue publicado por su familia con el inexplicable feo mote de Tres conferencias inéditas(1961), nombre que le quitó toda la belleza al sentido de lo escrito por la gran Teresa en París en 1930 y que fue leído como conferencias en Bogotá al año siguiente. Este fue su tercer libro, después de sus dos entrañables novelas caraqueñas, en cuyos capítulos se evoca a Caracas y al sentimiento de la caraqueñidad más de una vez. El cuarto libro de Teresa, Vida sentimental de Simón Bolívar, el primer caraqueño, sólo lo dejó aboceteado en su correspondencia, especialmente la que dirigió al doctor Vicente Lecuna(1870-1954), la vida no le dio tiempo para rematarlo.

SIGLO XIX

Juan Vicente González(1810-1866), el primer escritor de nuestro romanticismo, el mayor creador nuestro de todo el siglo XIX. Fue tan caraqueño “trabalibros”, como le decía el humor caraqueño, que jamás salió de Caracas ni siquiera para ir a La Guaira. Sus páginas literarias mayores siguen conmoviéndonos por su pericia y belleza como sus editoriales de Cicerón a Catalina(1846), obra de un artista de la palabra.
Cecilio Acosta(1818-1881), pensador de huella profunda, quien se vino desde los llamados hoy Altos mirandinos para no salir nunca de Caracas en donde escribió su preciosa prosa, sus sesudos análisis de la realidad venezolana como los que están en sus Cosas sabidas y cosas por saberse(1856).
Juan Antonio Pérez Bonalde(1846-1892), nuestro mayor poeta romántico, quien desde el largo exilio, vivido casi siempre en Nueva York, evoca una y otra vez emocionado la tierra de sus mayores, sobre todo en Vuelta a la patria(1876) en el cual recuerda la patria, el terruño, la tierruca, en uno de los pocos viajes que realizó a ella desde el exterior el año 1876. También estuvo como se ha revelado hace poco en 1881, según se puede leer en las columnas del diario La opinión nacional.
Pedro Emilio Coll(1872-1947) pensador, crítico literario, ensayista, cuentista, caraqueño pleno, que siempre que salió de Caracas volvió a ella, desde Europa la memoró una y otra vez y volvió a ella para exhalar el último aliento.
Manuel Díaz Rodríguez, nacido en los que es hoy el Parque del Este, quien evoca el valle en el cual nació en las páginas llenas de belleza de su novela Peregrinao el pozo encantado o en sus sonetos al Ávila.

SIGLO XX

En Teresa de la Parra, nacida por casualidad en París, muerta por aciago destino en Madrid, se desprende en todo su escribir el ser caraqueño, el pertenecer a Caracas, ya sea de entre aquellos que dieron vida a los últimos pálpitos de la Venezuela agraria y rural en Las memorias de Mamá Blanca o en la Caracas del gomecismo, la ciudad que estaba comenzado a dejar de ser una aldea grande cuando ella la miró en Ifigenia, la cual pensó titular Diario de una señorita que se fastidia, lo que tenía un sentido mucho más pleno, por su evocación de la indolencia del trópico, que el nombre de la sacrificada griega a la cual se refiere en el mote que terminó poniendo a su impar obra, la cual, como la helena, terminó en el holocausto.
En Rómulo Gallegos mucha gente observa siempre al novelista del llano(Doña Bárbara,1929 y Cantaclaro,1934) o de la selva(Canaima,1935) pero el maestro era caraqueño y su ciudad aparece en su escribir desde su primera novela(El último Solar, 1920,(después ya reelaborada Reinaldo Solar,1930); también están sus aledaños en La trepadora(1925), sugerida por un comentario de Fernando Paz Castillo(1893-1981) a quien se la dedicó.
Guillermo Meneses(1911-1978) en cuya obra, piénsese en algunos de sus cuentos como en La balandra Isabel llegó esta tarde(1934) o en La mano junto al muro(1951), quizá el mejor cuento de nuestra literatura, donde está La Guaira y por lo tanto el mar siempre cercano a Caracas, lo cual hace del caraqueño, dice el mismo Meneses en su Libro de Caracas(1967), un montañés que vive cerca de la orilla del piélago. Lo que pinta Meneses en esos relatos es una parte de las experiencias y vivencias del caraqueño el cual mira plenamente en su experiencia citadina en su máxima novela El falso cuaderno de Narciso Espejo.
También muchos lectores imaginan al Uslar Pietri novelista sólo tras Boves en Las lanzas coloradas o tras el tirano Aguirre en El camino de El Dorado o ojeando alrededor de don Juan de Austria en La visita del tiempo, sin embargo Uslar es uno de nuestros caraqueños mayores y nuestra urbe aparece en muchos momentos de su vasta obra, incluso en los primeros capítulos de Las lanzas coloradas y en las dos novelas del díptico El laberinto de la fortuna, que fue en lo que se transformó el país desde la aparición del petróleo en los días iniciales de la tiranía gomecista cuando el signo de nuestra economía cambió, cuando se añadió a las palabras con las cuales se puede contar nuestra historia económica, cacao y café, el nombre del oro negro, del estiércol del diablo, como lo llamaron los indios en sus paliques con los conquistadores, de hecho la primera referencia del petróleo que tenemos está en una obra del siglo XVI. Caracas, repetimos, siempre está en las novelas de Uslar como es el caso de Oficio de difuntos o en sus novelas Un retrato en la geografía o Estación de máscaras, el título de la última constituye para nosotros su definición de Venezuela.
En Francisco Herrera Luque el tema central de su obra es Caracas y sus personajes predilectos los caraqueños y lo hecho por los caraqueños como la destrucción del segundo tomo de la Historia de Oviedo y Baños, asunto central en Los amos del valle. O por lo psicopático de su alta clase que desde Caracas se proyecta en el país como las acciones de los Mantuanos en los días provinciales, la historia de Piar o el paso de Boves por la urbe; por considerar que sólo se puede entender la historia de Venezuela viéndola desde Caracas razón por la cual consideraba que la mejor biografía de Bolívar era El Libertador(1964) de Augusto Mijares(1897-1979) porque en ella un caraqueño estudiaba a otro caraqueño y así lo comprendía mejor. Mijares era doblemente caraqueño había nacido en una ciudad de la Provincia de Caracas, Villa de Cura, y había vivido plenamente la experiencia de existir en Caracas y ser caraqueño.
Esa Caracas sigue viva en el ser y en la pluma de sus creadores, hombres y mujeres, de estos días como en los libros de la novelista Ana Terersa Torres(1945), caraqueña también, sobre todo en El exilio del tiempo o Doña Inés contra el olvido o la adolorida Nocturama, allí esa ciudad sin nombre es nuestra urbe querida, la Caracas maltratada por el chavismo.
Sin embargo, en quien mayor número de veces se hace presente la Caracas amada, siempre presentida en nuestros sueños, es en la poesía de Rafael Arraiz Lucca(1959) en la cual no está sólo presente el Ávila tutelar sino la luz de Caracas, ver sino los momentos de su entonación en los poemas caraqueños, son casi todos los suyos, que se pueden leer en su poemario El abandono y la vigilia(1992).
La Caracas malquerida por sus gobernantes y dolorosamente sentida por sus hijos de hoy, tan heridos como su urbe, aparece en el magistral poema de Eugenio Montejo “Caracas” que podemos leer en su antología Alfabeto del mundo(1987).
La Caracas que nos duele y ya no deseamos exista, la deteriorada, está en la ríspida novela Latidos de Caracas(2007) de una joven caraqueña de estos días Gisela Kozak(1963) quien para nada pudo ver ni saborear la Caracas arcadia de los años sesenta, como la que está en Piedra de mar y en general en las narraciones cortas de uno de sus grandes corazones de hoy: Francisco Massiani, quien nos muestra la felicidad que tuvieron aquellos muchachos que movían por La Campiña o La Florida u otros por aquel San Bernardino tan sentido por el cual pudo también andar el Corcho de su novela impar.

ULTIMA EVOCACIÓN

Hemos sostenido en otro lugar que hay tres Caracas en la mente y el corazón de cada caraqueño: la primera es aquella en la que vivimos y no nos gusta porque el deterioro se hecho dueño de ella; la segunda es la que deseamos y la tercera es la perenne, aquella que describen en sus obras tres caraqueños de excepción en los pasajes de sus escritos que vamos a citar para cerrar.

OVIEDO Y BAÑOS

El primero en dejarnos su descripción de la Caracas perpetua, la clásica, escrita en gracioso estilo barroco, es decir lleno de gracia, fue don José de Oviedo y Baños en 1723. Hasta hace pocos años, cuando la educación instruía y educaba a los caraqueños, nos la sabíamos de memoria desde niños. He aquí su pasaje más connotado:
”En un hermoso valle, tan fértil como alegre y tan ameno como deleitable, que de Poniente a Oriente se dilata por cuatro leguas de longitud, y poco más de media de latitud, en diez grados y medio de altura septentrional, al pie de unas altas sierras, que con distancia de cinco leguas la dividen del mar en el recinto que forman cuatro ríos, que porque no le faltase circunstancia para acreditarla paraíso, la cercan por todas partes, sin padecer sustos de que la aneguen: tiene su situación la ciudad de Caracas en un temperamento tan del cielo, que sin competencia es el mejor de cuantos tiene la América, pues además de ser muy saludable, parece que lo escogió la primavera para su habitación continúa, pues en igual templanza todo el año, ni el frío molesta, ni el calor enfada, ni los bochornos del estío fatigan, ni los rigores del invierno afligen: sus aguas son muchas, claras y delgadas, pues los cuatro ríos que la rodean, a competencia la ofrecen sus cristales, brindando el apetito de su regalo, pues sin reconocer violencias pasando, en el mayor rigor de la canícula mantienen su frescura, pasando en el diciembre a más que frías; sus calles son anchas, largas y derechas, con salida y correspondencia en igual proporción a todas partes; y como están pendientes y empedradas, ni mantienen polvo, ni consienten lodos; sus edificios los más son bajos, por recelo de los temblores, algunos de ladrillo y lo común de tapias, pero bien dispuestos y repartidos en su fábrica: las casas son tan dilatadas en los sitios, que casi todas tienen espaciosos patios, jardines y huertas, que regadas con diferentes acequias, que cruzan la ciudad, saliendo encañadas del río Catuche, producen tanta variedad de flores, que admira su abundancia todo el año, hermoseándola cuatro plazas, las tres medianas, y la principal bien grande y en proporción cuadrada”(Historia de la conquista y población de la provincia de Venezuela,ed. 1992,p.232).

USLAR PIETRI

Esta misma tercera Caracas, la de todos los tiempos, es también aquella a la cual se refirió Arturo Uslar Pietri, otro caraqueño de vieja estirpe, en 1969, al anotar: ”Pero lo que sigue siendo la maravilla fundamental de Caracas es la misma que gozó y admiró el conquistador español y todos los que han venido a ella a lo largo de sus cuatrocientos años de existencia: el clima y la luminosidad del valle. Acaso no haya clima comparable en el mundo. Protegida por sus montañas, levantada a mil metros sobre el nivel del mar, nunca hace frío ni calor excesivo, conservada como en un milagro de primavera perpetua…La calidad y pureza de la luz labra y destaca las formas y los colores y juega con los matices. El cielo parece más amplio, más alto y más abierto. Todo es transparente y preciso. El Avila es la gran tela de fondo donde juegan los prodigios de la luz de Caracas. Como una inmensa catedral de bosques, vista por el más audaz de los maestros impresionistas, cambia su mole de colores y hasta de formas, desde el alba hasta el anochecer. Es un espectáculo tan único, tan inagotable y tan magnífico como el del mar”(En busca del mundo nuevo,ed.1969,p.220-221).

MENESES

A esa misma urbe se refirió también otro de sus grandes espíritus, Guillermo Meneses, al anotar: “el caraqueño es la difícil síntesis de montañés y costeño…Hubo siempre ese sueño del mar, tan cercano, aunque oculto por el cerro eterno: el Guraira-Repano de los indios, el Avila del mestizo que se forjó a su sombra… Por eso tal vez anudamos el sentido de la travesura y la fanfarronería con esa otra discreta actitud de la vida corriente. Hay, sin duda, la ansiedad de hacer sitio a los verdes fantasmas que vienen del mar y eso se logra de muy diversas maneras equivalentes a la desnudez de lo que puede ser más entrañable: el mar de los instintos, de la borrachera, de la payasada por la cual se dice una verdad sonriente, acaso marcada de sarcasmos…En este sentido el caraqueño, como buen montañés, ha gustado de cierto recato, de cierta reserva que se diría buen tono, respeto por las formas elegantes y corteses, pero al mismo tiempo desdeña cualquier forma de impertinentes pretensiones. A los cambiantes tonos de la montaña que absorbe y refleja las llamas del día, añade el recuerdo continuo del mar que bate olas adentro de su pensamiento. Hombre de excepción el caraqueño por esa doble capacidad de vivir en la altura de la montaña y en la intensidad de la costa. La montaña enseña todo el valor de la serenidad que se puede ser imagen de máxima inquietud. Cambia en los juegos de la luz la recia contextura del cerro como si fuera espejo de un mar que hubiese detenido su agua brava y el mar se hace monte en su constante ola, rota y crecida de nuevo hasta que se rompe en la playa como risa violenta…Podemos terminar esta crónica conforme las iniciamos: los indios llamaban al monte Guaraira-Repano. A su sombra creció la ciudad que abrió ventanas sobre el mar…Digamos, para afirmar nuestro compromiso eterno con su amor, las palabras de los antiguos representantes del pueblo: Si juro y amén. Será como si nos casáramos con ella ante la autoridad del cerro con ese sueño de mar en la cabeza y en el corazón”(Libro de Caracas, ed.1972,p.339).

Mayo 1,2006
Agosto 11,2008

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Ser caraqueños…Caracas en sus escritores (Parte I) por Roberto Lovera De Sola.

Agosto 12, 2008 por Josefina

CARACAS EN SUS ESCRITORES
por:R.J.LOVERA DE-SOLA

“Mi modo de ser requiere: vivir en el trópico, en Caracas, con el Ávila ante mi, el mar cerca, con el afecto de las mujeres, con muchos libros y con la música sonando”.
El autor en palique con el escritor Francisco Massiani(julio 27,2008).
“Una altiva seriedad interior, sostenida por grandes esperanzas, como manera peculiar de ver la vida…diferente a la ligereza y chabacanería que en estos tiempos parece impregnar cuanto hacen o expresan los que debieran ser conductores políticos, intelectuales o morales de una sociedad”
Augusto Mijares: Vida romántica y romanticismo literario,ed.1971,p.28
“Lo que empiezo lo concluyo”
Blas Bruni Celli: Bibliografía hipocrática,ed.1984,p.7

IDEAS CONDUCTORAS

“lo que más me los recuerda…es a nuestro tutelar cerro del Ávila. Y precisamente en estos días, cuando las primeras lluvias le quitan su aspecto de adusto toro vigilante y lo visten de gracia y encanto. Colores que se funden en matices, poética divagación de las acariciantes neblinas, atardeceres que tienen luz auroral, torbellinos de agrestes perfumes que desde la montaña bajan a purificar nuestras casas ciudadanas, voces de ensueños y voces de imperiosos deberes, todo eso es para mí el Ávila…todo eso, sobre un fondo de fuerza y alrededor de una alta cima”.
Augusto Mijares(1897-1979): en Enrique Planchart: Prosa y verso, ed. 1957,p.XVI-XVII.

“Le mostró el Avila y señaló a su atención las estribaciones mansas con que la montaña va convirtiéndose en valle; los cambios de colores con el sol; las manchas de bosques cuyos árboles no se distinguen individualmente desde abajo; los aspectos de la montaña que lo emocionaban a él y aspiraba que emocionaran al niño”.
Victor Manuel Rivas(1909-1965): La cola del huracán, ed.1968,p.624

“Y el Avila, la mole que custodia Caracas, la montaña que sostiene un tanto de la magia de una ciudad atípica, que puja por ser cosmopolita y tiene tantos rasgos de pueblo grande con problemas de urbe chiquita. Con plazas llenas de tumultos, con plazas llenas de palomas, ardillas, perezas y la lentitud o rapidez de sus transeúntes. Plazas con rebeliones, con revoluciones, con estallidos de caricias entre cuerpos que no tienen lecho para hacerse sexo o amor, como se vea. Avenidas gruesas y delgadas, calles mínimas o anchas. Ciudad de católicos, judíos, musulmanes, krishnas, budistas, protestantes, metodistas, anglicanos. Mendigos, ejecutivos, estudiantes vivientes. Ciudad de rancio abolengo, de bastardos y genuinos, razas variopintas, de sangre mezclada. También de sangre lavada”.
Valentina Saa Carbonell(1959): La sangre lavada, ed. 2007,p.121

LOS CREADORES DE UNA CIUDAD

Se nos ha ocurrido ahora trazar aquí las señas de los mayores escritores nacidos en Caracas o sus cercanos aledaños como Baruta(tal Sor María de los Ángeles, nuestra primera escritora) o San Diego de los Altos(como Cecilio Acosta); creadores, historiadores o ensayistas unidos entrañablemente a la ciudad a la cual registran en sus obras como José Oviedo y Baños(1671-1738), casi caraqueño porque llegó a nuestra urbe cuando era apenas un adolescente de quince años y ya no la abandonó, quien en su Historia de la conquista y población de la Provincia de Venezuela(1723) hace la memoria de sus avatares, ensayísticas como la Caracas, su ciudad natal, que pinta Arturo Uslar Pietri(1906-2001), caraqueño de La Candelaria, en Del hacer y deshacer de Venezuela o en En busca del Nuevo Mundo o la que muestra el valenciano Enrique Bernardo Nuñez(1895-1964) en La ciudad de los techos rojos(1947) o recrean en la ficción como Manuel Díaz Rodríguez(1871-1927), caraqueño nacido en una hacienda cerca de los Dos Caminos, en Peregrina, Rómulo Gallegos(1884-1969), citadino de la esquina de Zamuro en Santa Rosalía, en El último Solar(después Reinaldo Solar,1930) o el mismo Uslar Pietri en las dos entregas de la serie El laberinto de la fortuna.

EL NOMBRE DE LA URBE

Un mal venezolano, además de nuestra constante denigración contra nosotros mismos, es querer cambiarle el nombre a todas las instituciones como si haciendo eso se mutaran radicalmente. Lo que hay que hacer es reformarlas, no caer en la necedad, criticada por el humanista Erasmo de Rótterdam(1466-1536) en su Elogio de la locura(ahora Elogio de la estupidez), en el siglo XVI, de creer que porque se le cambien el nombre a una institución este cambia y funciona mejor. No. “Son los mismos perros con distintos collares” como decía el poeta don Francisco de Quevedo y Villegas(1580-1645) en el siglo XVII para criticar los errores en que caían sus monarcas los Austrias, que eran, por cierto, también los de nuestro país, porque formábamos una sola nación formada por provincias como lo demostró Guillermo Morón en su Historia de Venezuela(1971).
Antes, hace pocos meses, el tema fue Cristóbal Colón. Y fue lógica equivocación histórica. Ahora (julio 30,2005) con el pretexto de un cierto revisionismo histórico trasnochado se quieren cambiar el nombre a Caracas, la cual viene llamándose así por más de cuatro centurias.
Vallamos por partes: aceptamos como lectores y estudiosos de la historia la revisión histórica. Pero siempre que ante nosotros se coloquen nuevos y varios documentos históricos, a los cuales se les haya hecho su crítica interna y externa, que muten lo que se consideraba sobre el hecho que se revisa.
Pero que se quiera cambiar el nombre a Caracas sin ningún papel que nos indique una nueva verdad es un contrasentido por no decir una idiotez del tamaño de las caídas “torres gemelas”. Caracas se llama así porque aquí vivían los indios que así se llamaban; que no haya aparecido su acta fundacional, perdida como muchos papeles del pasado, quizá guardada en algún archivo no bien revisado hasta ahora, colocada en un lugar que no le corresponde como sucedió con la copia de la relación de la Visita del obispo Martí mandada al Rey a Madrid la cual apareció en Carora. Así ha sucedido con muchos papeles históricos.
Es verdad que hay todavía interrogantes sobre la fundación de Caracas. El historiador J.A. De Armas Chitty sostiene en su Caracas: origen y trayectoria de una ciudad(1967) que había dudas sobre el mes, pudo ser entre abril y septiembre. Es posible. Y el erudito De Armas debía tener razón. No hay duda que el capitán fundador fue don Diego de Losada.
Sin embargo, hay un hecho psicológico que hay que tener en cuenta: el 25 de Julio es el de día de Santiago, patrono de España, a quien se venera en Santiago de Compostela y Diego es abreviación de Santiago, el nombre del fundador. Creemos que debió ser en julio. Sabemos cuando, en abril, salió la expedición pobladora de El Tocuyo en donde gobernada Pedro Ponce de León quien los mandó a fundar una ciudad más allá del lago de Valencia en donde en 1555 se había establecido otro poblado.
Y Diego de Losada(1511-1569) fundó la ciudad el día de su santo y día grande en España. Tan importante que en sus luchas los españoles entraban en batalla con el grito “Santiago y cierra España” que se puede leer en varias obras del siglo XVII, está en el Quijote y después en nuestra única novela sobre la colonia Los amos del valle(1979) de Francisco Herrera Luque(1927-1991).
Y León era el apellido del gobernador de la Provincia de Venezuela, de la cual pasó a depender Caracas desde sus primeros días.
De allí que sea su nombre histórico Santiago de León de Caracas así sólo su utilice comúnmente el último de la misma forma como mucha gente utiliza sólo un nombre de los varios que le ha impuesto la familia porque nuestra costumbre actual es imponer dos nombres. El Libertador, cabeza del patronímico, tenía cinco: Simón José Antonio de la Santísima Trinidad. Pero sólo utilizó uno, el primero, con el pasó a la historia.

EL CERRO

Cuando los conquistadores entraron en el valle de Caracas sin duda lo primero que debió llamarles la atención fue aquel cerro tan alto, aquella bella montaña que los indios denominaban “sierra grande”, tal la imponencia de aquel monte en cuyo valle fundarían la ciudad de Caracas(julio 25,1567). A todos, y en especial a Gabriel de Ávila, quien dio su nombre a la montaña, debió encandilarlos no sólo su belleza sino su colorido, esos tintes que cambian de una estación a otra, de una hora del día a otra. Debieron considerarla ángel tutelar de la nueva urbe a quien esa eminencia impedía sufrir los huracanes que llegaran a las costas del mar tan cercano al pequeño poblado recién fundado.
Desde esa lejana época el Ávila siempre ha encantado a los caraqueños y a los extranjeros que llegan a ella. A los nativos le resulta tutelar su montaña, tanto como es entrañable el mar cercano. A los primeros el hechizo no les ha faltado nunca. Al levantarse miran sus alturas, sus collados, sus colinas. Al caer la tarde le siguen en sus cambios de tonalidades. Ese alcor y ese cielo, esos matices mutantes, cinéticos, los llena de seguridad para enfrentar la diaria faena. Y los cubre de melancolía durante sus meses de más belleza, de noviembre a febrero, cuando sus desfiladeros como un ser alado nos ofrecen los brillos de sus coloraciones rutilantes.
Y tanto gusta la montaña a los caraqueños que sus mejores escritores no han podido dejar de nombrar al Ávila en sus poemas, en sus novelas, en sus cuentos, en sus fantasías escritas. La tradición es larga, y recoge los mejores nombres de nuestras letras, desde Oviedo y Baños al rayar el siglo XVIII, a Díaz Rodríguez ya en el modernismo(1888-1916) cuando lo mira en los mejores metros que se le han dedicado, sus Eglogas del Avila.
Los caraqueños lo siguen mirando, haciéndole preguntas cada día. Esto es evidente en nuestra literatura, un registro que ilumina la poesía de Rafael Arraiz Lucca, que llega hasta Boris Izaguirre al declinar el siglo XX y que al iniciarse el XXI lo encontramos ya en varios bellos relatos de Israel Centeno que ocurren en sus gargantas.
Por ello no nos debe llamar la atención que Pérez Bonalde lo recuerde desde el ponto; que el maestro Santiago Key Ayala lo señale como una de sus tres devociones; que en sus sendas sucedan páginas de Rómulo Gallegos como las de El último Solar, de Díaz Rodríguez en Peregrina, que cerca de él transcurran narraciones de Uslar Pietri como “El novillo atado al botalón” de sus Pasos y pasajeros(1966).
Y tampoco debe llamarnos la atención que los viajeros aquí llegados se hayan deslumbrado con su peculiar primor. Humboldt lo observó desde el puente de La Trinidad y luego lo subió entero por vez primera(1800). Y tras él los más cultos visitantes de la ciudad le dedican párrafos, bellas hojas en sus recuentos a través de las lenguas del mundo.
También son inolvidables las despedidas a Caracas sentidas desde sus riscos. Dos hombres tan distintos como Andrés Bello y José Domingo Díaz, miran la ciudad de sus amores desde lo alto del camino que lleva a La Guaira. Y ambos no dejan de registrar por escrito el hecho. Para nuestro primer poeta cuando mira a Caracas por última vez, meses después de la declaración de Independencia, “la edad mas feliz de la vida acababa”. Por aquel sendero pasó el Libertador la última vez que dejó a Caracas en donde a su decir sólo el Ávila y el Marques del Toro habían permanecido en pie, tal había sido la devastación de la guerra.
Sierra presente cada día en el vivir de los caraqueños, gajo de su espíritu, promontorio de su afecto, roca de sus recuerdos, peñasco de su fantasía, otero de sus evocaciones, puerto de sus entrañas, cumbre de su amor, falda de sus angustias, ladera de sus deseos, cima de su cariño.

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