La Cerámica.(Continuación)

Julio 26, 2008 por Josefina

Volviendo al camino que dejé atrás para hacer unas reflexiones sobre eleterno femenino por considerar que de él se derivan estas artes, retorno a lo que consideré bajo el título de:

1.1. Los orígenes de la cerámica.

El hombre es el único ser capaz de transformar los recursos que la naturaleza le ofrece para utilizarlos en su propio beneficio y garantizar su subsistencia. En un constante afán de transformar el medio natural, acumula y transmite los conocimientos técnicos que ha adquirido.
Los primeros grupos humanos dependían para su sustento de la recolección de alimentos. Con el desarrollo de técnicas recolectoras poco a poco, el hombre construyó, utilizando los materiales que le ofrecía el medio circundante, una serie de utensilios que le servían como extensión de la mano, facilitando la recolección de productos silvestres, pudiendo transportarlos y almacenarlos en mayor cantidad y con menor esfuerzo.

Los grupos nómadas que recorrían los diversos teritorios, generalmente llevaban poco o ningun equipaje que transportar; los instrumentos que poseían fueron elaborados con materiales perecederos como cueros y materias vegetales que han perdurado muy poco como evidencia para la reconstrucción de la vida de estas comunidades.
El hombre fue aumentando su control sobre los medios y la naturaleza e inicia el cultivo y la selección de semillas en el período de la historia que se conoce como Neolítico, haciéndose sedentario en la medida en que desarrollaba los cultivos, pues aumentaba su permanencia en sitios fijhos hasta que la cosecha esté a punto de ser recogida, surgiendo entonces la necesidad de construir albergues y propiciándose el desarrollo técnico asociado a estas formas de convivencia y producción. Como rasgo de este período se señala el labrado de la madera, la fabricación de objetos de alfarería y el desarrollo de los textiles.
El principal cultivo para uso alimenticio son los cereales, lo que requirió la elaboración de recipientes adecuados para su almacenamiento, cocción y coinsumo, encontrando asi el ORIGEN DE LA CERAMICA, es decir, la elaboración de OBJETOS DE BARRO COCIDO, asociada a la preparación de alimentos con cereales y a todo el proceso de sedentarización por las cosechas.

Publicado en Teluria | Sin Comentarios »

Entrevista a Julio Bocca a raíz de su participación en el festival en homenaje a Vicente Nebrada que se celebrará en Caracas a partir del 28 de julio.

Julio 23, 2008 por Josefina

Entrevista // Julio Bocca, bailarín
“Será un honor volver al país”

“Creo que el rol de todo artista es hacer conocer sus logros para que sirvan como ejemplo a nuevas generaciones”

Ángel Ricardo Gómez
El Universal 23 de julio 2008. Edición Digital.

El pasado diciembre Julio Bocca hizo su último grand jetté en el Obelisco de Buenos Aires, donde un grupo de artistas y amigos lo despidieron de los escenarios. Mas las actividades de Bocca en torno a la danza no se detienen, trabaja con su compañía Ballet Argentino y la fundación asociada al colectivo, al tiempo que sigue vinculado con un arte que siempre procuró llevar a las masas.
Su gira de despedida lo trajo a Caracas en 2005. Ahora regresa para participar en el Festival Viva Nebrada que se llevará a cabo del 28 de julio al 3 de agosto. Acá dictará una conferencia junto a Gustavo Dudamel (31 de agosto, 8:00 p.m., Corp Group). Antes de su llegada respondió algunas preguntas vía e-mail.
-¿Se ha cuestionado el retiro de los escenarios?
-De ninguna manera, pues estoy haciendo muchas cosas que antes no podía y la mayoría de ellas relacionadas, igualmente, con la danza.
-¿Qué es lo que más extraña y más valora en esta etapa?
-Si se refiere a la etapa como bailarín, puedo darle una respuesta para ambas cosas: el estar junto a las más importantes estrellas del ballet.
- ¿Para qué le ha servido el retiro?
-Para disfrutar de lo que siempre quise hacer, aprender y crecer, al mismo tiempo, con lo que mis maestros y compañeros me dieron.
-Al ver su carrera en perspectiva ¿De qué se enorgullece y de qué se arrepiente?
-Enorgullecerme, tal vez no sería la palabra, sino la felicidad que tuve al haber hecho lo que hice. Arrepentirme… Podría decir de no haber podido dar más, pero es algo que el tiempo no me permitió, pero no me arrepiento de haber hecho todo lo que pude.
-¿Cuál será el principal reto de su compañía, Ballet Argentino, sin usted como primera figura?
-Continuar siendo rigurosa y profesional, como siempre lo fue.
-¿Dónde están los nuevos Julio Bocca?
-En cualquier lugar del mundo donde haya un bailarín que disfrute y ame la danza.
-El American Ballet Theatre le rindió un homenaje ¿qué significan para usted los homenajes en esta etapa?
-Son una nueva y diferente sensación de alegría y felicidad.
-Viene a un homenaje al maestro Vicente Nebrada ¿Qué recuerda de él?
-Tuve la suerte de bailar bajo su dirección y fue un honor aprender con sus correcciones.
-¿Cuál considera fue el principal aporte del maestro al ballet venezolano y universal?
-Todo su arte y su dedicación a la danza. Conozco gran parte de sus coreografías, al punto tal que a partir del año próximo el Ballet Argentino incluirá dos o tres de sus obras en el repertorio.
-Venezuela le vio dar sus primeros pasos en el ballet ¿Qué significado tiene este país para usted en los personal y en lo profesional?
-La confianza que me dio para seguir adelante ya que el calor del recibimiento del público fue algo que no esperaba se diera desde el comienzo.
-En Venezuela ofrecerá una charla junto a Gustavo Dudamel en torno al rol de un artista latinoamericano en el mundo ¿Qué puede adelantar al respecto?
-Creo que el rol de todo artista es hacer conocer sus logros para que sirvan como ejemplo a nuevas generaciones. En el caso de los latinoamericanos, es también hacer conocer nuestro continente, no muy bien visto en algunos lugares del mundo. Esto es algo a lo que también contribuyó el mismo Vicente Nebrada.
-¿Qué expectativas tiene con esta nueva visita a Venezuela?
-Será un honor volver al país que me aceptó cuando era un desconocido y al que quiero desde el primer momento de presentarme allí, por todo el cariño que siempre me brindó.

Publicado en Graffiteando el Muro | Sin Comentarios »

Invitación de la Fundación Herrera Luque y del Banco del Libro.

Julio 23, 2008 por Josefina

CONFERENCIA

HISPANISMO DESDE ALASKA HASTA LA PATAGONIA,
POESIA ESCRITA EN ESPAÑOL EN LOS ESTADOS UNIDOS

Que dictará el

Poeta
LUIS ALBERTO AMBROGGIO (1)

Presentador

ROBERTO LOVERA DE SOLA

Fecha: Miércoles 30 de Julio de 2008
Hora: 5 p.m.
Dirección: Fundación Francisco Herrera Luque
Av. San Juan Bosco, Centro Altamira, Mezanina Local 2, Altamira.
A dos cuadras, subiendo hacia el Ávila, desde la estación Metro Altamira.
Entrada libre.

(1) LUIS ALBERTO AMBROGGIO: (Cordoba, 1945). Poeta y ensayista argentino, residenciado en los Estados Unidos desde hace cuatro décadas. Miembro de la Academia Norteamericana de la Lengua Española y del PEN American Center. Post-Grado en Ciencias Sociales y Administración de Empresas, Catholic University of America en Washington D.C. Ha publicado los libros: Poemas de amor y vida (1987), Hombre del aire (1992), Oda ensimismada (1992), Poemas desterrados (1995), Los habitantes del poeta” (1997), Por si amanece: cantos de Guerra (1997), El testigo se desnuda (2002), Laberintos de Humo (2005), Los tres esposos de la noche (2005). Su obra poética ha sido seleccionada para los Archivos de Literatura Hispano-Americana de la Biblioteca del Congreso de los EE.UU. En el mes de octubre presentará en la Biblioteca del Congreso la Enciclopedia del Español de los EE.UU., en la que colaboró con la Real Academia de la Lengua con ensayos sobre la poesía y el teatro puertorriqueños

EL BANCO DEL LIBRO INVITA:

Rubén Martínez Santana, condenado de por vida a contar historias
El cuentacuentos venezolano, pionero del arte de la narración oral en el país, estará compartiendo
su experiencia profesional en la Tertulia en el Jardín del Banco del Libro.

Los cálidos espacios del Banco del Libro serán el punto de encuentro con el narrador Rubén Martínez Santana, el próximo sábado 26 de julio a las 2:00 p.m. en la Tertulia en el jardín. Una invitación vespertina para compartir con uno de los jóvenes pioneros de la narración venezolana, quien se desempeña como profesor de narración oral del programa Atrapa la Paraula, del Consorci de Biblioteques de Barcelona, desde el 2003.

Rubén Martínez Santana, quien está dedicado desde 1984 al oficio de cuentacuentos, fue pionero del movimiento de narración oral en Venezuela desde el grupo “Cuentos bajo la Sombra” de la UCV, contribuyó en la creación del movimiento de narradores orales en Chile (1993-1994) y del movimiento de grupos de cuentacuentos en Cataluña (2002-2008). En esta oportunidad conversará con los asistentes en torno a su experiencia profesional en Latinoamérica y España, los espacios de formación, su visión del oficio de contar para niños y adultos y su trabajo con la literatura para niños y jóvenes; haciendo gala de sus propias palabras cuando dice: «una vez que tienes ganas de contar y descubres el placer del otro, ya estás condenado de por vida a contar historias».

Pero además de contarlos, Rubén Martínez Santana escribe cuentos, teatro y poesía para niños y ha editado tres discos con su música. Sus textos han sido publicados en varias antologías, revistas y diarios de Colombia, Chile, y Venezuela. Entre los galardones que ha recibido en Venezuela destacan el Premio Nacional de Narrativa Breve; los Premios Nacionales de Cuentos para Niños y de Texto Informativo para Niños por el Ministerio de Educación; el Premio de Dramaturgia Ambiental; el de Dramaturgia Infantil Aquiles Nazoa; el Municipal de Teatro y el Premio de Teatro Infantil Nacional, entre otros.

Este encuentro es un evento organizado por el programa radial Librería Sónica (RCR 750 AM), con el apoyo del Banco del Libro.

Es un placer invitarlos a la Tertulia en el jardín, con Rubén Martínez Santana.

Tertulia en el jardín con Rubén Martínez Santana
Sábado 26 de julio de 2008
2:00 p.m.
Entrada gratuita

_________________________________
Linsabel Noguera
Prensa/Promoción de lectura
Banco del Libro
Telf.: (+58-212) 265.39.90 ext. 228
Dir.: (+58-212) 267.61.01
Cel.: 0414-255.92.67

Av. Luis Roche. Edif. Banco del Libro.
Altamira Sur. Caracas 1061.
www.bancodellibro.org.ve

Publicado en Graffiteando el Muro | Sin Comentarios »

Un interesante artículo sobre la gastronomía tomado de la revista Atenea, escrito por Marisela Hernández.

Julio 22, 2008 por Josefina

Atenea N° 496–II Sem. 2007: 41-54
ARTICULOS
DELEITES Y SINSABORES DE LA COMIDA Y EL COMER: SITUANDO EL TEMA

MARISELA HERNÁNDEZ H.
Profesora Departamento de Ciencia y Tecnología del Comportamiento, Sección de Psicología Social, Universidad Simón Bolívar. Caracas, Venezuela. E-mail: mhernand@usb.ve
________________________________________
RESUMEN

Se plantean intereses y perspectivas de reflexión relativos a la comida como mundo simbólico, es decir, como conjunto de formas y significados. Un plato de comida es concebido como una Trinidad en la cual alimento, cocinero y comensal son indispensables. El abordaje se propone desde una psicología social estética, ocupada en los complejos lazos entre los sujetos y entre éstos y los objetos, gracias al concurso de la sensación, la emoción y el sentimiento, y sus vínculos con el pensamiento y la palabra. Tal perspectiva es desdisciplinada y supone la participación del arte, la literatura y la historia, ya que el comer es un asunto narrado desde hace mucho tiempo y de variadas maneras, entre las cuales las cotidianas nos interesan particularmente.

INTRODUCCION
QUISIERAMOS situar como tema de reflexión “los deleites y sinsabores de la comida y el comer” en un campo desdisciplinado como la psicología social estética (Maffesoli, 1989; Fernández Ch., 2000; Hernández-H., 2003) cuyas características impregnan las próximas páginas, girando en torno a los complejos vínculos que construyen las personas entre sí y con los objetos (vínculos que a su vez construyen a esas personas y objetos) a punta de afectos que se entrelazan con el pensamiento y la palabra.
Advertimos que vamos a dar vueltas alrededor de una temática que interesa, y que esas vueltas no son concéntricas sino sinuosas, interrumpidas; a veces extraviadas. Informamos que a este escrito han venido varios invitados, todos importantes pues todos tienen algo significativo que decir: libros, conversaciones, ideas sueltas, imágenes, escritos breves, entre otros. Si apelamos a una metáfora culinaria podría decirse que ofrecemos al lector un abreboca, una especie de plato de entrada que intenta juntar, para efectos de saber y sabor, pequeñas cantidades de cosas varias, como lo hacen los antipastos. Comencemos.

Actualmente nos relacionamos con la comida de manera dilemática: escuelas de gastronomía, restaurantes, cafés, revistas y programas de TV se han dedicado a ensalzar sus sabores, presentaciones y diversidades; simultáneamente, dietas y enfermedades del comer (gastrointestinales y trastornos alimentarios, como se diría técnicamente) salen al encuentro por doquier, al tiempo que la comida rápida y las paradojas entre la superabundancia y la escasez, la obesidad y el hambre, siguen haciendo de las suyas.

Comer es un acto de evidente necesidad biológica y a la vez núcleo de múltiples formas y significados culturales, gracias a los cuales el alimento se transforma en comida al recorrer caminos que lo llevan desde el productor y comerciante hasta las manos que lo transmutan: esas manos (y lo que con ellas viene) lo almacenan, cortan, colocan al calor, combinan, imaginan, esperan, prueban, sirven, saborean, comparten y siga usted contando. Gracias a esa alquimia un cadáver de pollo, por ejemplo, pasa a constituirse en dorada pechuga horneada o en pálido muslo sancochado. Quizás la forma “milanesa de pollo” nos aleja aún más del cadáver pues, en comparación con la pechuga y el muslo, mantiene menores resonancias orgánicas y lingüísticas con el cuerpo muerto.

ALIMENTO Y COMIDA
Para transformarse en comida, los alimentos requieren entrar en diálogo entre sí y con sus cocineros y comensales: dice Lezama Lima que “si no es por el diálogo, nos invade la sensación de la fragmentaria vulgaridad de las cosas que comemos (…) tendríamos la tediosa y fría sensación del fragmento de vegetal que incorporamos, y el alón de perdiz rosada sería una ilustración de zootecnia anatómica” (1968: 40).
Y las caraotas (frijoles) negras son meros granos oscuros si no se juntan, en una olla paciente, con ají dulce, comino, cilantro y sal, entre otros, y si una mano atenta no los combina en las proporciones e inspiraciones convenientes. Esas caraotas no están completas como plato de comida hasta que un comensal las lleva a su boca, las saborea y comenta lo rico, saladas o duras que están. Cocinero y comensal, a su vez, mantienen complejas relaciones: pueden ser madre e hija(o), mujer y marido; y entonces las inocentes caraotas se complican aún más: quizás sepan frías e insípidas a un marido que tiene dificultades con su mujer; o le sepan riquísimas a una madre cuya hija(o) las cocina por primera vez.

Para Matta “el alimento se refiere al lado nutritivo y biológico (…) resultando algo neutro, mientras que la comida es un alimento que se torna familiar, definidor de carácter, de identidad social, constructor de colectividad (…) Lo universal (el alimento) se transforma en particular (la comida) (…) el paso del alimento a la comida es un acto de amor” (c.p. Cartay, 2003: 102 a 105. Paréntesis en el original).
Un plato de comida es una especie de Trinidad: es a la vez quien lo come, quien lo cocina y por supuesto también el alimento. De allí que insistamos a partir de ahora y con variados pero vinculados términos, en que la comida es un símbolo, pues en ella convergen un texto-obra-alimento, un lector-comensal y un autor-cocinero; en una relación que ocurre en contextos particulares de cocción y degustación.

EL GUSTO Y SUS DISGUSTOS
Del gustar no es sólo responsable el paladar sino todos los sentidos, pues también hay gustos visuales, auditivos, olfativos y táctiles. Por cierto todos ellos, comenzando por el olfato y el tacto, van al auxilio de las papilas para apreciar la comida: la degustación no ocurre sin el paladar y la lengua, pero ellos no son suficientes, necesitan de todos los demás sentidos para dar sentido (la redundancia vale) a lo que se está ingiriendo. No pueden dejarse fuera la imaginación y la memoria, actividades de un sujeto que se mantiene pegado a la vida de la sensación, como aquel personaje para quien “el almuerzo (con el caldo servido en boles de metal reluciente, como en los ya remotos veraneos de la niñez) fue otro goce tranquilo y agradecido” (Borges, 1998: 527. Paréntesis en original).

El gusto no sólo porta sentidos estéticos; también éticos: un comportamiento de buen gusto es aquel que satisface tanto a quien lo emite como a quien se dirige: este último es tomado en cuenta y hasta se intenta complacerle. Se trata de un comportamiento decoroso: a sus formas o modales se presta igual atención que al bien del Otro. La hospitalidad, concebida por algunos como virtud moral (Telfer, 1996), se refiere a un genuino (no interesado) buen trato dispensado a aquel que está bajo nuestro techo y a merced de nuestra comida, lo cual nos hace “responsables de su felicidad” (Brillat-Savarin, 1999: 12). Alrededor de la comida se ha señalado otra virtud: la moderación o templanza (Telfer, 1996), la cual se ejerce mientras se tiene el plato al frente y se le come con disfrute, en una especie de “mezcla entre el abandono y el control” (Fisher, 1989: 52) dictados por el corazón y el estómago más que por la razón o la culpa.

El sentido del gusto (y del disgusto) ha sido maltratado por buena parte de la filosofía y en general por las esferas del pensamiento conceptual. Es curioso que la teoría estética se sirva tan a menudo de metáforas provenientes del sentido corporal del gusto para referirse a la apreciación y discriminación estéticas (incluidas en el llamado por Korsmeyer (2002) “Gusto con mayúscula”), mientras sigue apegada a las formulaciones que desde Platón se han venido haciendo en torno a la inferioridad o animalidad de los sentidos del gusto, el olfato y el tacto, a partir de su necesidad de acercarse y hasta de incorporar el objeto para poder percibirlo, con los consiguientes riesgos de desenfreno y por tanto de sospecha moral. Los sentidos considerados superiores por su actuación a distancia y su posibilidad de conducir a actividades reflexivas, objetivas y moralmente correctas, son la vista y el oído (en ese orden).

A favor de sus posibilidades de discriminación sensorial, valoración estética y participación en el sentido de la vida, puede afirmarse que “la experiencia del gusto es vívida, rápida y sofisticada” (Korsmeyer, 2002: 120). Su rapidez no le resta aptitudes de apreciación ni de pensamiento y palabra. Quizás por vincularse a pensamiento y palabra apegados a la vida, a su movimiento constante y su carácter efímero, el gusto (el del paladar) no tiene cabida en el repertorio un tanto pacato de la racionalidad y el lenguaje de las formas dominantes de conocimiento científico y filosófico, a las cuales les cuesta decir sin tapujos que comemos “para nutrirnos bien, para ser dichosos, para tener fe y confianza en la vida” (Semprum, en Lovera, 1998: 356).

La polisemia continúa si uno se dirige al asiento del gusto, la boca, pues ella es lugar de múltiples actividades y significados: con ella se saborean los alimentos y las experiencias; de ella sale la palabra y también el aliento, constancias de vida y de humanidad.

En contraste con cierta filosofía (y en consonancia con Zambrano, 2001) la poesía se ha mantenido cercana al mundo sensorial; mundo de concreciones, imágenes y de un lenguaje adherido a lo vital, llámese angustia o alegría. Sin embargo, nos atreveríamos a sospechar que la jerarquía platónica (reforzada por figuras igualmente influyentes como Santo Tomás, Kant o Hegel; según Korsmeyer, 2002) se mantiene aquí aunque de soslayo: intuimos que la poesía “visual” es más frecuente que la “olfativa o la gustativa”. Es sólo una intuición. En poetas tan sensuales como Pessoa o Ponge, la vista parece resultar privilegiada. Dice el primero “creo en el mundo como en una margarita, porque lo veo” (1998: 179); y el segundo “vegetación (…) especie de tapicería en tres dimensiones” (1996: 131). Sin embargo, Ponge degusta así una naranja: “(…) un líquido de ámbar se ha expandido, acompañado de frescura y de perfume suaves (…) y obliga a la laringe a abrirse ampliamente” (1996: 37-39).

Volviendo al gusto como sentido corporal (y para nosotros también espiritual), aquel que en tono de protesta llama Korsmeyer (2002) “gusto con minúsculas”, diremos que el tema de la comida está pleno de deleites: podemos detenernos en lo placentero que puede resultar comprarla, prepararla y comerla; en lo que reportan los sentidos mientras hacen de las suyas ante colores, texturas, aromas y sabores; ante el roce y el choque de ollas, platos y cubiertos y entre las voces de los compañeros (quienes comparten el pan).

El tomate o el romero pueden convertirse en un “acontecimiento” (que podría ser desgraciado, por cierto) durante una comida, cuando llegan a impregnarla totalmente; otro “acontecimiento” puede ser el pastel de cumpleaños, gracias al cumpleaños y al pastel, ambos a la vez (La palabra acontecimiento la hemos tomado de Bachelard, 1986). Un trozo de fruta (¿sólo un trozo de fruta?) estremece así a Joel, uno de nuestros estudiantes, quien nos escribe:
Se ve demasiado jugosa. Mi boca se hace agua y me desespero al no poder tenerla ya. Su color es fresco y me evoca serenidad y recuerdos. Su aroma silvestre me concentra en limpios parajes, cálidas lluvias y enternecedores ritmos. Mi estómago ahora tiene otra frecuencia, otras dimensiones; es más ovalado y ruge al compás de mi respiración. Prometo no atragantarme, sólo sentir sus fibras crujientes debajo de mis colmillos y pasar mi sedienta lengua por sus tejidos de manera que pueda contabilizar sus semillas. Sólo será un pedazo, lo juro. Se ve tan jugoso y estoy tan sediento que resulta vergonzoso. Su vivo color es tan rojo que mi sangre se acelera y siento frío, ¡tal como ella! La imagino en mis manos, goteando y chorreándome todo. Me la voy a comer con desespero y sin pausas. No me importa. Esa patilla, desde aquí, se ve demasiado buena.

Los deleites están constantemente amenazados por los sinsabores: dietas, indigestiones o el más difundido, el hambre, en cuya experiencia puede introducirse un matiz perverso: el hambre manifiesta y el hambre oculta. La manifiesta es la que padece abiertamente la gente que está muriendo de inanición; aquella que pide comida en la calle, reconociendo públicamente su privación. La oculta (De Castro, 1950: 20) se disfraza de harina y azúcar, de una o dos comidas diarias, y con un “no me da hambre” o un “como poco”. Es el hambre de los pobres que sostienen su dignidad con gran esfuerzo y la de quienes no eran tan pobres y se han “venido a menos”. Otro matiz, no menos perverso, lo introduce el hambre forzada por dietas de distinta procedencia.

Continuando con los matices, vale la pena también introducir los que existen entre hambre y apetito: el hambre es una expectativa biológica, inmediata y podría saciarse con cualquier cosa: “con hambre no hay mal pan”, dice la gente. Esta expectativa puede transformarse en derrota y tristeza si la comida no se avizora. El apetito en cambio es alegre, imagina lo que desea comer desde la certeza que comerá y con la posibilidad adicional de apreciarlo y emitir el veredicto de que le gusta o le disgusta. Hay apetitos voraces, que suelen llamarse gula y que implican la pérdida de moderación, de límite; hay gulas que se disfrutan, se celebran y otras que se lamentan más temprano (sensación de llenura, de pesadez) o más tarde (indigestión, aumento de peso).
Daniel, otro estudiante, nos cuenta así sus sinsabores:
Para nosotros, pobres desdichados que no tenemos la mamá-abuela-papá-empleada que nos prepare comida, la ‘cocinera-que-no-cocina-para-nosotros’ es fuente de la más profunda envidia (…) qué momento tan gratificante cuando somos invitados a la vida de aquellos más afortunados y se nos permite disfrutar de aquel platillo mezclado con tantos sabores y colores como horas de trabajo “la-cocinera-que-no-cocina-para-ti” puso en él; en cada bocado se siente la dedicación y sabiduría que ese ser ha vertido agraciadamente sobre un plato de cerámica. Pero aquel momento tan brillante dura muy poco (…) y nosotros, seres de hambre eterna, regresamos a la vida de platos de cinco minutos, de colores opacos y asquerosa simplicidad.
En torno a las posibilidades de apreciación de la comida, un muy difundido análisis sociológico concluye que en la “clase trabajadora” predomina “el gusto de la necesidad (que) prefiere una comida nutritiva, saciante, abundante y que se pueda engullir más que saborear” (Bourdieu, c.p. Korsmeyer, 2002: 97); a este gusto se contrapone “el de la libertad o del lujo” atribuido a la “burguesía ociosa (que) aprecia la presentación de los platos y la disposición de la mesa (así como) la preparación minuciosa de platos delicados” (Korsmeyer, 2002: 97. Paréntesis nuestros). Se sugiere así que la “clase trabajadora” no valora estéticamente la comida y que dicha valoración es exclusiva de “clases privilegiadas”.

Al respecto nos preguntamos si el preferir ciertas sazones y llenuras no es una apreciación estética tanto como la de detallar apariencias y optar por sazones “más refinadas”. E intuimos que las personas “trabajadoras” sí pueden detenerse a degustar su comida por sencilla que sea, que valoran ciertos platos en función de su presentación, aroma y sabor; y que prefieren unos menús sobre otros aunque no siempre puedan tenerlos sobre su mesa.

LA COMIDA COMO MUNDO SIMBOLICO

Lo que hemos venido diciendo y lo que diremos más adelante armoniza con la idea de la comida como símbolo, pues ella condensa los encuentros entre figuras (ollas, platos, alimentos, mesas, humos, temperaturas, recetas, cuerpos) y significados (cariño, cuidado, recuerdos, hogares, malestares, desencantos y soledades), entre un icono y lo que quiere decir; en su invitación al sentido. Ricoeur dice que el símbolo “da que pensar” y que la interpretación “ocurre ahí donde hay múltiple sentido” (c.p. Agís en Valdés y otros, 2000: 96 y 99). Un símbolo es polisémico, escurridizo, sólo permite que se le entrevea y se le entrediga (Cadenas, 1979), nunca que se le descifre.
Desde la perspectiva simbólica, ocuparse de la comida supone interesarse por las formas que adopta y al mismo tiempo por sus significados o lo que ellas sugieren; es decir, supone interrogarse por los sentidos: ¿qué significan esas formas, cómo se elaboran y se contemplan con los sentidos, las manos, el sentimiento y el pensar; cómo da cuenta de ellas la palabra?

La figura es la cara sensorialmente significativa del símbolo; concreta, tangible. Es la forma que aparece; figura y sensación se confunden, pues la sensación es figurativa, plástica y sorpresiva (Gurméndez, 1993). A su vez, el significado es lo que la figura quiere decirnos, nos sugiere (Santayana, 1955); es una “resonancia entre ella y nosotros, nosotros y ella” (Ricoeur, 2000: 146).

Detenerse en la figura es reivindicar el mundo objetual, mas no objetivo; es, como dice Ponge (1996) ponerse “de parte de las cosas”. El mundo objetual es el mundo de los objetos a los que se presta atención, estableciéndose un vínculo con el sujeto que los contempla, cuya condición es a su vez subjetual más que subjetiva, porque evoca una relación constitutiva, no secundaria a esencias (objeto-sujeto) separadas, distintas entre sí. El objeto es porque se encuentra con un sujeto. El sujeto es porque se encuentra con un objeto (incluyendo a los Otros sujetos) (Zubiri, 1992). Sujetos y objetos se interpelan constantemente.

La comida vista como símbolo trae aparejado el comer como acto simbólico cuya significación va paralela a su obvia relevancia biológica: quien no come, sencillamente se muere; nos comemos a otros seres biológicos (y recientemente también sintetizados) llámense plantas o animales, es decir, somos herbívoros y carnívoros (y hasta caníbales). Agarramos con las manos el alimento, abrimos la boca, lo masticamos, lo tragamos y si todo va bien, un rato después expulsamos parte de él: alguien dijo que la comida era mierda en potencia. El comer es también un acto claramente humano y por tanto cultural, en la medida en que es ejecutado no sólo por necesidad o instinto, sino también por apreciación estética, valoración de la convivencia, cuidado de Sí y del Otro, con los afectos que tengan a bien atravesarse. Nietzsche, desde su énfasis “demasiado humano”, dice del hambre de Zaratustra que “tiene extraños caprichos (pues) a menudo no viene sino después de la comida” (1956: 15. Paréntesis nuestro).
Y por ser simbólico, comer es igualmente un acto que sirve para funcionar en sociedad: se come con arreglo a normas que se concretan en permisos y prohibiciones tales como horarios, lugares y modales; y se invita a la mesa para compartir, negociar, ostentar o dominar (entre otras posibilidades).

Uno de los signos de “funcionamiento adecuado” de un hogar parece ser que haya comida preparada, servida a ciertas horas y con capacidad para convocar a todos sus miembros. Una señal de armonía hogareña es que provoque (o apetezca) ir a comer a casa; un indicio de cuido es que te pregunten si quieres comer o que te sirvan de una vez (en el servir también hay una otredad atendida, considerada). La comida resuena a hogar, a madre, a aromas cálidos de estabilidad. O por el contrario a conflicto, a indiferencia, a soledad.

Los aromas hogareños no traen necesariamente aparejados la libertad de y el respeto a, quienes se congregan en la cocina y en la mesa. Puede ocurrir que la madre, quien suele ser el centro de la cocina y la casa, convierta el cocinar en una acción de despliegue de poder (usualmente no ejercido a conciencia) honestamente disfrazado de cariño y sacrificio. La pareja y los hijos han de comer lo que ha cocinado y no otra cosa, deben comérselo todo como señal de que sí les gustó y para mantener a raya la culpa por el-hambre-en-el-mundo; más tarde, cuando los hijos tengan esposa le dirán “mejor lo hace mi mamá”; hasta que esta esposa construya su propia “tiranía absorbente” (Zambrano, c.p. Palacios, 2000: 10).

A partir de Bachelard (1986) y su idea del alma de los espacios, podría pensarse que las cocinas dicen cosas sobre el alma de la casa: almas higiénicas e instrumentales mantienen cocinas asépticas y minimalistas; almas cargadas de apariencias atiborran la cocina de electrodomésticos, mejor si al último grito de la moda; las almas tristes las tornan grises y oscuras y nada parece cambiar en ellas; almas amistosas gustan de tenerlas llenas de comida y de gente, todos en actividad y charla; las almas de otra época las sostienen en esa época y puede que todo esté “pasado”: de moda, de cocción y de azúcar. Y otras cocinas están habitadas por almas que se mantienen discretamente entre lo cálido y lo utilitario con ciertos dejos de descuido.

Si partimos de la convicción de la comida como símbolo y del comer como acto simbólico, entra en escena el lenguaje, visto que los símbolos son tales porque se comunican: de lo significativo se conversa, las formas que interesan se describen, se narran. Las narraciones son una rica manera de dar cuenta de nuestras interpretaciones de lo cotidiano-importante, de lo que nos afecta, de lo que tiene sentido (Bruner, 1990; Ricoeur, 2000). Sobre la comida se habla constantemente: la gente se cuenta qué comió, comerá o quisiera comer; lo que no le gusta o no puede comer; intercambia trucos y recetas. Se dice que la vida tiene sabor o trae sinsabores, que algo es la sal de la vida o que es insípido. Hablar de la comida es hablar de nosotros mismos, de lo que nos atrae o repele, de lo que nos sobra o nos falta, de nuestras fantasías y soledades, de nuestros compañeros y recuerdos.

AL AMPARO DE UNA DESDISCIPLINA

Nuestras reflexiones y curiosidades están amparadas por una psicología social que ha sido llamada desdisciplinada (Fernández-Ch., 1997) cuyo campo de estudio es la cultura, entendida como tejido simbólico que tejen y destejen todas y cada una de las personas, cada día y de muchas maneras. A su vez, esas personas son bordadas por esa misma cultura. A este tejido-bordado se le aproxima una visión que intenta ser respetuosa de lo que allí ocurre, entrando con cautela y paciencia a tratar de interpretarla en sus lenguajes propios. Implica la valoración del saber del hombre común, saber rico y poco ordenado. Supone encuentros y desencuentros entre los sujetos y entre ellos y los objetos, con el concurso del cuerpo y el espíritu, el sentir y el pensar; por ello es también una psicología social estética (Maffesoli, 1989; Hernández, 2003).

Desde estas perspectivas adquiere valor un “simple” plato de comida, una olla que guisa, unas manos que mezclan, una mesa (no) decorada, un suspiro que saborea, una comida amarga en todos los sentidos. El plato, la olla, la mesa, las manos, el rostro, las palabras e historias dicen mucho a quien se detenga a escucharlos, a mirarlos, a probarlos. No es gratuito que saber y sabor tengan la misma etimología: conocimiento breve y luminoso (Palacios, 1987).

Así las cosas, puede estarse de acuerdo en que las personas comunes, ejerciendo su “ánimo estético (…) añaden distinción a la utilidad y poesía a la acción”; buscando “infundir significado a los pequeños detalles de su existencia” (Mead, 1926: 384). En consecuencia, un plato de comida hierve de distinción y poesía.

Como toda forma cultural, cocinar y comer están sometidos a fuerzas de tradición y de cambio, a modas, des y revalorizaciones, a nuevos matices, prácticas no conscientes, reflexiones (la gastronomía), apariencias, usos y abusos. Uno de los abusos más frecuentes es la ideologización de la comida: desde el poder se ofrece luchar contra el hambre con espadas tan cínicas como salarios miserables y raquíticos mercados populares que homogeneízan y racionan el alimento. ¿Será que los gobernantes apuestan más bien al hambre, la cual “libera de tener que elegir (…) libera de la inquietud moral (…) deja una indiferencia protectora”? (Ginzburg, 2000: 93). Un ciudadano que se inquieta y quiere elegir es peligroso.

Dedicarse al tema de la comida va resultando interesante, rico. Como todo tema de estudio, conlleva dificultades, algunas de las cuales han quedado implícitas en líneas anteriores. A esas que ya se han prefigurado, añadimos las siguientes:

–Su importancia luce tan obvia, que no valdría la pena detenerse ni profundizar en él: se cocina, se ingiere, se expulsa y si se tiene suerte, se saborea y se comparte. ¿Qué tanto más?
–Cuando se le asigna importancia, pueden ocurrir cosas como éstas:
–Nos limitamos a medir los alimentos, transformándolos en carbohidratos, proteínas, calorías y colesterol, es decir, en asuntos sin color, aroma ni sabor.
–Nos ocupamos sólo de sus patologías, ya sean fisiológicas y/o simbólicas, por lo que nos centramos en trastornos y enfermedades, llámense gastritis, colitis, bulimias o anorexias.
–Caemos en cuenta que a pesar de, o quizás por, su simplicidad y automatismo biológico, el comer es un tema íntimo, donde la persona se las juega; en él va su dignidad (el hambre es indigna, triste, injusta), su religiosidad y su moral: una buena madre (a veces el padre se da también por aludido) debe dar de comer a sus hijos con abundancia y alegría. Abordar un asunto íntimo y comprometedor a la vez que aparentemente simple, no resulta fácil.

ENTRAN LA LITERATURA, LA HISTORIA Y EL ARTE

Una aproximación desdisciplinada acude a múltiples perspectivas de interpretación de los asuntos que le interesan. Los sentidos de la comida han sido trabajados por cierta filosofía, por la literatura, la historia y el arte, algunas de cuyas versiones hemos colado en páginas anteriores. Añadimos otras, sólo para contribuir con la variedad de sabores-saberes anunciada en la primera página:

Para Magritte, la “Fuerza de las cosas” (cuadro fechado en 1958) encarna en una baguette y una copa de agua inconfundibles, contundentes, colocadas por encima de todo. El expresionismo alemán se ocupó de pintar cuerpos hambrientos en protesta por los horrores de la guerra y Hundertwasser concentra las infinitas posibilidades culinarias en el mantel de una de sus obras, por lo que la silla y el plato que lo acompañan se encuentran vacíos esperando por el comensal y la comida que tengan a bien llegar. La dedicación de la Kahlo a su cocina dejó huellas en paredes, sandías, manteles y guisos.

Gargantúa y Pantagruel enfrentados a la negación cristiana de la carne, se entregan “en cuerpo, alma, tripas e intestinos” a “tragar” unos alimentos grandes, muchos y feos (Rabelais, 1983: 262). El Quijote, caballero andante y sublime, recomienda a Sancho, ser terrenal, que no coma ajos ni cebollas para que los demás no saquen, por el olor, su condición humilde; y en cierto momento lo insulta diciéndole “Harto de ajos”, con lo cual nos damos idea de la larguísima historia de la desvalorización del ajo y la cebolla, los cuales, paradójicamente, son indispensables en nuestras cocinas.
Mas acá, “Mamá Blanca” recuerda desde un tardío siglo XIX “un admirable queso de mano que enrollado en hojas de plátano (…) vino a ser (…) timbre y orgullo de Piedra Azul, cuando (mamá) entre sonrisas y pedir excusas por la rusticidad de la ofrenda, lo ponía en manos de cuanta visita llegase” (De la Parra, 1972: 631. Paréntesis nuestro). Pero no todo era tan sabroso en nuestras latitudes y nuestro pasado: “Panchito Mandefuá” apenas si lograba una “hartada de frutas en un día bueno” y lejanos estaban sus alimentos soñados; de allí que anota como especial el momento en que “rayó con el dedo y se lo chupó, un cristal de la India a través del cual (veía) pirámides de bombones (…) higos (…) ponqués y fragmentos de quesillo” (Pocaterra, 1989: 30. Paréntesis nuestro). Mandefuá finalmente logró su cena de Nochebuena junto al mismísimo Niño Jesús, después de haber sido atropellado por un automóvil. José la “O” tuvo más suerte ya que “la niña Cecé”, hija de sus patrones, lo sacó de su rutina de frijoles cuando “le dio a comer dulces negros envueltos en papel de plata” (Pocaterra, 1989: 287).

Una historia de la alimentación en Venezuela nos habla de una comida propiamente venezolana o más técnicamente, de una “dieta criolla que se formó entre 1500 y 1750 (…) cuyos elementos constitutivos fueron el maíz, la carne de res, el azúcar y el cacao como elementos básicos; y la yuca, el plátano, los frijoles y el café, como alimentos complementarios” (Lovera, 1998: 33). Nuestra dieta es mestiza al igual que nuestros nombres y nuestros cabellos.

Se nos dice también que el café llegó después, desplazando en buena medida al cacao como bebida, quizás por las ínfulas libertarias que traía, visto que solía acompañar las reuniones subversivas en los países árabes y en Europa, y porque gente más diversa se entusiasmó a tomarlo. El chocolate en taza quedó para los niños y las mujeres. Sobre el asunto, doña Inés, mantuana que gracias a su odio a los pardos vive unos cuatro siglos (Torres, 1989) se pregunta qué puede esperarse de un país que sólo produce cosas que sirven para merendar: cacao, café y azúcar. De manera que la comida también puede simbolizar rebelión, conservación, machismo, feminidad y un largo etcétera.

ENTONCES Y YA PARA IRNOS

Una psicología social estética y desdisciplinada nos permite aproximarnos al mundo de la comida y el comer como observadores-partícipes de esta esfera literalmente vital (quien no come, se muere) que adquiere formas admirables y efímeras, de múltiple significación, condensadas en la figura de la Trinidad: cocinero (a), comida, comensal. Esas formas, ya sea un plato de comida o un trajín en la cocina, como hemos dicho, “añaden dignidad a la utilidad y poesía a la acción” (Mead, 1926: 384) y por lo tanto tienen un sentido estético y también ético y reflexivo. Ellas pueden transformar un momento o día cualquiera en un momento o día especial, lleno de deleites y/o sinsabores, de los cuales dan cuenta desde la poesía hasta las expresiones plásticas o el pensamiento filosófico, y en conexión con ellos la vida cotidiana donde las personas comunes pasan buena parte de su vida cocinando y comiendo, si tienen suerte, lo que quieren y con menos suerte, lo que pueden.

REFERENCIAS
Bachelard, G. 1986. Poética del espacio. México: Fondo de Cultura Económica.

Borges, J. L. 1998. “El Sur”. En Obras completas. Madrid: Emecé.

Brillat-Savarin, A. [1825]1999. Fisiología del gusto. Barcelona: Iberia.

Bruner, J. 1990. Actos de significado. Madrid: Alianza.

Cadenas, R. 1979. Realidad y literatura. Caracas: Equinoccio.

Cartay, R. 2003. La hallaca en Venezuela. Caracas: Fundación Bigott.

De Castro, J. 1950. Geografía del hambre. Buenos Aires: Peuser.

De la Parra, T. 1972. Memorias de Mamá Blanca. Caracas: Monteávila.
Fernández-Christlieb, P. 1997. “La psicología social desdisciplinada”. Ponencia presentada en el XXVI Congreso de la Sociedad Interamericana de Psicología. Sao Paulo, julio.

–––––––––. 2000. La afectividad colectiva. Barcelona: Taurus.

Fisher, M.F. 1989. Serve in Forth. New York: North Point Press.

Ginzburg, L. 2000. Diario del sitio de Leningrado. Barcelona: Muchnik Editores.

Gurméndez, C. 1993. Crítica de la pasión pura. México: Fondo de Cultura Económica.

Hernández-H.M. 2003. “Una invitación a la estética desde las ciencias sociales”. Tharsis, Vol. 4 (1) enero-junio: 141-151.

Korsmeyer, C. 2002. El sentido del gusto: Comida, estética y filosofía. Barcelona: Paidós.

Lezama Lima, J. 1968. Paradiso. México: Biblioteca Era.

Lovera, J.R. 1998. Historia de la alimentación en Venezuela. Caracas: Centro de Estudios Gastronómicos.

Maffesoli, M. 1989. Elogio de la razón sensible. Barcelona: Paidós.

Mead, G.H. 1926. “La naturaleza de la experiencia estética”. En Athenea digital 2001. UAB. Traducción del texto publicado en el International Journal of Ethics 36: 382-392.

Nietzsche, F. 1956. Así hablaba Zaratustra. México: Editorial Filosófica.

Palacios, M.F. 1987. Saber y sabor de la lengua. Caracas: Monteávila.

–––––––––. 2000.”Imágenes de opresión y derrota”. Principia, UCLA Barquisimeto No 14, septiembre.

Pocaterra, J.R. 1989. Cuentos grotescos. Caracas: Monteávila.

Pessoa, F. 1998. Antología poética: El poeta es un fingidor. Colección Austral. Madrid: Espasa.

Ponge, F. 1996. De parte de las cosas. Caracas: Monteavila.

Rabelais, F. 1983. Gargantúa y Pantagruel. Bogotá: Oveja Negra.

Ricoeur, P. 2000. En Valdés, M. (Coord.) Con Paul Ricoeur: Indagaciones hermenéuticas. Caracas: Monteávila.

Santayana, G. 1955. The Sense of Beauty. New York: Random House.

Telfer, E. 1996. Food for Thought. New Jersey: Routledge.

Torres, A.T. 1989. Doña Inés contra el olvido. Caracas: Monteávila.

Valdés, M. (Coord). 2000. Con Paul Ricoeur: Indagaciones hermenéuticas. Caracas: Monteávila.

Zambrano, M. 2001. Filosofía y poesía. México: Fondo de Cultura Económica.

Zubiri, X. 1992. Sobre el sentimiento y la volición. Madrid: Alianza y Fundación Xavier Zubiri.

________________________________________

Publicado en Graffiteando el Muro | Sin Comentarios »

Entrevista a José Balza tras diez años de silencio.

Julio 21, 2008 por Josefina

Entrevista // José Balza, escritor

“La verdadera Venezuela es la que han creado sus ensayistas, sus poetas. La política, es una Venezuela equívoca”
ANA MARÍA HERNÁNDEZ G.

EL UNIVERSAL 21 de julio 2008. Edición Digital.

Diez años tenía el mundo cultural venezolano sin escuchar en voz alta el nombre del escritor José Balza. Tras cumplir sesenta años en 1999 y de jubilarse de la Universidad Central de Venezuela, el escritor decidió mudarse a Tucupita y comenzar a saltar a San Antonio de Píritu, Caracas, Nueva York, Praga y Madrid, para dedicarse a dar conferencias acerca de lo que le apasiona: la literatura.
Su retorno coincide con la edición de tres libros suyos: Pensar a Venezuela, Un hombre de aceite (de bid&co) y El doble arte de morir (de Bruguera, sello que por cierto decidió regresar al país).
-¿Por qué ese silencio tan prolongado?
-Decidí ser feliz y aprender. Esos tres libros es el trabajo de todos estos años.
-¿Qué proceso hubo? ¿Decidió ser feliz, escribir y ya?
-Hubo muchas coincidencias. La primera fue cumplir sesenta años. Yo había anotado en mis diarios que cuando tuviera sesenta años me retiraba y dejaba a la gente vivir sin mí. Lo hice y me sentí como predispuesto a un gran aislamiento. Es una vida completa, de reflexión.
-¿Cómo surgen estos libros?
-En el caso de Pensar a Venezuela, Graciela Pantin y Asdrúbal Baptista me llamaron en el año 2002 de la Fundación Polar para incorporarme a un proyecto que se llamaba Somos del pensar venezolano. La idea era encontrar documentos en los que Venezuela hubiera sido pensada por venezolanos. Fui con un equipo de especialistas en materia de plástica, música, filosofía, historia… Total que decidí pensar a mi manera. No para el libro del pensar venezolano sino para mí. Problemas que yo tenía con el país y que no había resuelto. Ese es el libro, ese es el ensayo. Claro, paralelamente fui editando relatos que se me ocurrían. Esos son los relatos de El doble arte de morir. Mientras que el otro es una noveleta, una novela breve que es como una fábula. Un hombre de aceite es mi visión acerca de la corrupción petrolera de siempre, de antes y de hoy. Empecé a escribirla en el año 95, luego paré y seguí en el 2002 hasta que terminé.
-¿Qué transformaciones ha habido en su escritura?
-Hay tal vez una manera más transparente o directa de comunicarme con el lector. En el ensayo he resuelto yo los problemas para que el lector no los tenga. En las narraciones creo que las imágenes se muestran más claramente como yo quiero que se vean. Ese pudiera ser el cambio. A mí me interesan las búsquedas formales, pero quiero que eso esté como en un segundo plano. Quiero que el lector sienta más bien la importancia de la vida o del conflicto.
-¿Qué sigue escribiendo?
-Estoy en desacuerdo con algo que se ha dicho siempre: eso de que la literatura venezolana comienza en el siglo XIX, sobre todo después de la Independencia. Políticamente Venezuela puede empezar después de la Independencia, pero nosotros somos los mismos desde mucho antes. Esto me ha llevado a una investigación deliciosa, profunda y quizás muy audaz: creo que tenemos literatura desde el siglo X después de Cristo. Lo que estaba aquí entre los indígenas es una literatura de gran calibre, sólo que eso quedó tapado en la memoria de los indígenas y ha sido rescatado por algunos sacerdotes o por uno mismo que va a las zonas indígenas y los oye. Creo que lo que escribieron aquí Colón, Walter Raleigh, y Américo Vespucio es nuestro, porque el lenguaje, las imágenes y los personajes que describen son nuestros. Creo que he rescatado, aparte del novecientos, unos ochocientos años de literatura como mínimo. En eso estoy, con los documentos en la mano. Es un libro para editar dentro de un año, cuando tenga tiempo de terminarlo. Eso me ha dado un sentido de la libertad creadora, de lo que la literatura puede y debe ser. Me ha dado una gran felicidad.
-¿Conoce el trabajo del historiador Juan Marchena sobre Juan de Castellanos, ?Desde las tinieblas el olvido
-No, pero ese libro es fundamental para mí. Aquí se ha creado una leyenda de que Castellanos era un mal poeta. Claro, no es un poeta de primera, pero tiene cantidad de elementos poéticos extraordinarios. Isaac Pardo le dedicó estudios muy importantes y rescata versos excelentes. Yo creo que contra ese complejo de nuestro pasado, no sólo el complejo de la literatura venezolana actual, que lo tenemos, sino el complejo de la literatura olvidada, me queda el tiempo justo para rescatar esto.
-¿Por qué el tiempo justo? ¿Va a hacer otras cosas?
-No se sabe… La vida, no se sabe… Me dedicaré a bailar rumba en los años que vienen, o a la guitarra (risas)…
-¿Cuál es su visión del país literario actual?
-Yo creo que tenemos una gran música y una gran pintura, pero también ha habido una gran literatura cuyas raíces te acabo de señalar. Carlos Sandoval ha hecho la gran revelación del siglo XIX, y todos los grandes cuentistas fantásticos. Podemos seguir con todo lo que vino en el siglo XX: Gallegos, Julio Garmendia, Teresa de la Parra, Enrique Bernardo Núñez, Ramos Sucre, Guillermo Sucre, Montejo, Salvador Garmendia… Creo que hemos tenido una literatura muy bien desarrollada con cosas muy importantes, al lado de otras cosas que a mí no me gustan, pero eso no significa que no sean buenas. Es sólo mi gusto personal. Por ahí me dijo alguien que yo había hecho el canon de la literatura venezolana del siglo XX. Yo no he hecho ningún canon. Yo hice lo que me gustaba y lo defendí, y algo de eso debe haber quedado porque Meneses se lee hoy con cariño y con gusto, así como a Ramos Sucre y a Teresa de la Parra. Cuando yo tenía 20 años nadie leía esos autores, es decir que que hubo un cambio. Creo que sigue desarrollándose una literatura importantísima.
-¿Como por ejemplo?
-Hoy veo a Francisco Javier Pérez como un ensayista de primera categoría. El propio Carlos Sandoval. Creo que hay una narrativa excelente: Rubi Guerra, Ricardo Azuaje, Juan Carlos Méndez Guédez, Silda Cordoliani, quien puede ser la cuentista más importante del siglo que estamos viviendo, aparte de algunos poetas. Hay una literatura vigorosa. Gustavo Guerrero como poeta y ensayista. Yo siento que hay vigor. Tengo la impresión de que la verdadera Venezuela, en el sentido ético, moral y estético, es la que han creado sus intelectuales, sus creadores, sus ensayistas, sus poetas, sus artesanos. La otra Venezuela, la política, es una Venezuela equívoca, incoherente. Es una Venezuela que se interrumpe cada cierto momento y, por lo tanto, es una Venezuela que nos deja desasistidos y en la soledad. El problema de los gobiernos venezolanos es su incoherencia. Todos los presidentes mienten y eso se ha exacerbado cada día más, porque los gobiernos que mienten engañan al pueblo. En cambio, los artistas no mienten. Allí se revela su verdad íntima. Y si tú la reflejas, es el reflejo del país. Por lo tanto estás reflejando a la verdadera Venezuela, y eso es lo que ha estado pasando en los últimos mil o quinientos años.
-¿Se está leyendo más?
-Siento que los estudiantes están más despiertos, más informados. También veo que se publica mucho y eso significa que los libros están en las librerías. Al final el lector es el que decidirá. Pero uno no tiene acceso fácil a los libros, a menos que tengan publicidad.
-Se agrava con las trabas para importarlos…
-Una imbecilidad más eso de que al libro se le quiera poner trabas. Absolutamente imperdonable, de cualquier ministro. El libro es la libertad del pensamiento, eso no lo puede tapar nadie.
-¿Cuesta conseguir libros?
-Sí, sobre todo literatura internacional. Ponte a pensar: en estos momentos circula por el mundo una novela llamada Firmin, de Sam Savage, que es la historia de un ratón cuya mamá es una rata borracha. Ella tiene el parto en una biblioteca, y este ratón, aparte de la leche con cerveza que mama, también se come los libros. Es una rata genial. Ese libro le ha dado la vuelta al mundo y no está en Venezuela, por citar un caso… pero te puedo citar otros cuarenta más.

Figura y texto

Comienzos
. José Balza, narrador y ensayista venezolano, nació en San Rafael (estado Delta Amacuro), el 17 de diciembre de 1939.
Universitario. Egresado de la Escuela de Psicología de la Universidad Central de Venezuela. Profesor de la Escuela de Letras y de Artes.

Galardones. Premio Municipal de Literatura (Caracas) y Premio Nacional de Literatura (1991).

Publicaciones. Además de fundador de grandes revistas literarias, ha publicado libros sobre teoría literaria, sobre artes plásticas, cine, música y televisión: Marzo anterior (1965), Largo (1968), Setecientas palmeras plantadas en el mismo lugar (1974), D (1977), Percusión (1982), Media noche en video:1/5 (1988), Después Caracas (1995). Cuentos: Órdenes (1970), Un rostro absolutamente (1982), La mujer de espaldas (1968) y La mujer porosa (1996); entre otros más.

Publicado en Graffiteando el Muro | Sin Comentarios »

En Venezuela también hay ejemplos de trabajo en unidad que dan frutos frescos y esperanzadores. Ejemplo el realizado por Eloisa Maturén y Gunilla Alvarez Muñoz en homenaje a su mentor Vicente Nebrada y la XV edición del Encuentro Musical “A tempo” contemporáneo.

Julio 15, 2008 por Josefina

Con muchísimo placer quiero presentar esta nueva compañía de producción escénica que con mucho trabajo e ilusión hemos constituido mi amiga Eloisa Maturén y yo. Ciclorama es una herramienta para poder hacer reales todas las ideas escénicas que rebolotean a nuestro alrededor, bien sean ajenas o propias. En los últimos siete meses Eloisa y yo hemos venido trabajando en esta idea de poner sobre el escenario nuevamente las coreografías de Vicente Nebrada ( que se hará realidad del 28 de julio al 3 de agosto en Caracas en el Festival VIVA NEBRADA con 40 bailarines en el Aula Magna de la UCV), nuestro maestro y mentor y finalmente lo logramos. Para eso requeríamos de una figura legal que respaldara todo este trabajo y decidimos que cada una iba a constituir la suya propia y trabajaríamos en co-producción o de manera independiente según el caso… no contábamos con la extraordinaria química laboral que agradecemos profundamente al universo infinito… Ahora juntas, presentamos ¡Ciclorama! un infinito corolario de ideas y servicios artísticos a la orden de la creatividad y la estética escénica. El ciclorama, telón de fondo reflectante de luz y color sirve de metáfora para esta actividad que queremos emprender en Venezuela y para los venezolanos que están aquí y que están en el mundo, como una insignia de excelencia y de calidad en todos los proyectos que podamos emprender.
http://www.cicloramapro.com/
Publicado por Gunilla Alvarez Muñoz

A tempo celebra 15 ediciones

El Universal 15 de julio 2008. Edición Digital.

El festival de música contemporánea se ha convertido en una importante referencia
El chelista francés Pierre Strauch y el músico venezolano Diógenes Rivas se hicieron amigos en los ochenta. En 1994, Rivas fue uno de los propulsores del Festival Atempo -junto a Ninoska Rojas, presidenta del evento-, así que invitó a su amigo francés, quien presentó un recorrido por las composiciones más importantes para el chelo en el siglo XX. Desde entonces, Strauch ha venido a 14 de las 15 ediciones que lleva el importante festival.
“La idea ha sido abrir un espacio de creación, de estrenos, porque hay una actividad musical muy intensa en Venezuela, pero quizás lo que atañe a la creación contemporánea sea un poco el eslabón más débil del panorama cultural musical venezolano”, indicó el invitado, quien recordó cómo ha ido creciendo la programación.
En efecto, para la edición número 15 que se realizará desde mañana hasta el 19 de julio en Caracas, Mérida y Valencia, están convocados los franceses Géraldine Dutroncy, Dimitri Vassilakis, Sona Khochafían, Denis Simándy y Strauch; el clarinetista argentino Eduardo Spinelli; el canadiense André Ristic; Timo Korhonen e Ilari Lethinen, de Finlandia; Miquel Villalba de España;y David Núñez, Ricardo Ribeiro y el Trío Iroma, por Venezuela.
Como antesala del Festival se realiza desde el pasado 12 de julio un taller de composición, pero además David Núñez, músico venezolano radicado en Bélgica, presentará esta noche su quinta producción titulada 2 Sarabandas (AVR), donde el violín es el protagonista. Un recital acompañará el bautizo pautado en The Hotel, de El Rosal, a las 8:00 pm.
La apertura oficial de la programación será mañana a las 8:00 pm en Corp Group de La Castellana, con un recital de las pianistas Dutroncy y Vassilakis, quienes tocarán una obra de Olivier Messiaen, a quien está dedicado el evento por cumplirse 100 años de su nacimiento. Asimismo, se bautizará el libro Los juegos del tiempo. Letra y música de Atempo, de Rodolfo Izaguirre, que contiene conferencias del autor, así como un disco con obras de Strauch y José Baroni, entre otros.
El jueves habrá dos conciertos en Corp Group: uno a las 7:30 y otro a las 9:00 pm, mientras que el viernes habrá tres: 7:30, 8:15 y 9:00 pm.
La programación culminará el sábado con una programación más extensa: a las 12 del mediodía, Concierto lectura de las obras del taller de composición; a las 6:00 pm, homenaje a Eugenio Montejo; a las 6:30 pm, presentación del libro Y todo lo demás, de Alfredo Chacón; a las 7:30 pm, un recital de piano con Miquel Villalba; y a las 9:00 pm, concierto con otra obra de Messiaen, Cuarteto para el fin de los tiempos.
“No lo digo por ser agradable, yo he viajado mucho, pero el público de acá es excepcional, esa capacidad de aceptar, de escuchar e integrar, apasionarse por tantas cosas, especialmente los jóvenes”, exclamó Pierre Strauch, emotiva y profesionalmente vinculado con el Festival Atempo y con Venezuela. ARG

Publicado en Graffiteando el Muro | Sin Comentarios »

« Anteriores Siguientes »