PUNTOS DE SUTURA
Por:R.J.LOVERA DE-SOLA
Nos reunimos esta tarde para celebrar la obra narrativa de Oscar Marcano(1958), labor acrecentada, después de su triunfo cuentístico internacional con Sólo quiero que amanezca(1999), con su primera novela Puntos de sutura.(Caracas: Seix Barral, 2007. 265 p.).En ella vuelve, como otros tres creadores venezolanos de estos días, a tratar sobre la figura del padre que está tan presente en la vida de todo ser humano porque todos podemos carecer de muchas cosas pero nunca de un padre, todos venimos de uno, toda la humanidad desde Adán. Y el asunto está en la literatura universal desde las páginas de La Odisea de Homero. Y en la lengua castellana desde los metros que todo el mundo se sabe de memoria de las Coplas de Jorge Manrique en el siglo XIV,”Nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar que es morir”, de su lamentación por la muerte de su padre. Y este es el asunto crucial del vivir que ha interesado mucho en estos últimos tiempos en nuestra literatura a Alberto Barrera(La enfermedad,2006) y a Héctor Bujanda(La última vez,2007) en la ficción y había sido tratado poéticamente también, en los más bellos y altos tonos de su voz, por Yolanda Pantín(La épica del padre,2002). Claro está que el padre es ser siempre presente en nuestras letras, especialmente en nuestro decir poético desde tiempo muy atrás, incluso antes de que Vicente Gerbasi publicara, en 1945, su soberbio poema Mi padre, el inmigrante o que después Caupolican Ovalles nos hiciera conocer su Elegía en rojo a la muerte de Guatimocin, mi padre, alias el globo(1967) o que Enrique Hernández de D’Jesús haya evocado al otro padre en Mi abuelo primaveral y sudoroso(1974), los tres poemas se cuentan entre las grandes elegías de nuestra letras. El asunto ha estado tan presente que el poeta José Barroeta, a quien el tema tanto lo tentó a lo largo de su creación, escribió su sugerente estudio El padre, imagen y retorno(1992). En su pagina inicial el inolvidable Pepe, que se nos fue en los pasados meses, dice algo que ahora podemos aplicar también a las novelas que hemos citado sobre esta temática:”Mi afecto a aquellos que han contribuido de manera solidaria a la realización de este trabajo en el que mi padre revela y sostiene enigmas, sombra y fábula de un origen que protege y se perpetua”(p.7, Subrayado nuestro). Así es. Según Barroeta el asunto aparece en nuestra literatura contemporánea por vez primera en el “Canto a rebeldía” de Antonio Arraiz, que está en su libro Parsimonia(1932), trece años antes que el de Gerbasi. Nos hemos referido tanto a este tema en la poesía porque en el fondo ella es la raíz, el fundamento, la esencia, el cimiento de la literatura, no hay palabra escrita cabal sin la poesía. Ella es como dijo Susan Sontag(1933-2004), en uno de los ensayos del fin de su vida, siempre llenos, como todos los suyos, de genialidad,”la poesía es una forma del lenguaje y del ser: un ideal de intensidad, de candor absoluto, de nobleza, de heroísmo”(Cuestión de énfasis, ed. 2007,p.16). Pero, claro está, hoy también la poesía aparece en la prosa, la hallamos en la novela y nos vamos a topar con ella ahora en varios momentos de la novela que vamos a escrutar.
Y ello nos servirá para entrar en el laberinto de la novela de Oscar Marcano, libro también entrañable como lo son el amor total por el progenitor que encontramos en La enfermedad, lo que explica su sobrecogedora escena final, que vale por todo el tomo o la angustia, el desconcierto, el desasosiego con el que se mueve el protagonista de La última vez en busca del padre huido durante los tristes, dolorosos y violentos días del “Caracazo”, sucedidos casi al rayar 1989.
En la novela de Oscar Marcano el padre abandona al hijo. En la de Héctor Bujanda a toda la familia, la cual no sabe a donde ha ido a parar ni a donde dirigirse a buscarlo. En ambos casos sólo quedan las madres. ¿Es por ello, nos preguntamos, si la nuestra es una sociedad matricentrista?. Es por ello que en Puntos…encontramos este bello perfil de la madre quien siempre estuvo con el muchacho protagonista: ”Era una madre en serio. No como esas mujeres que se ven obligadas a serlo pero en el fondo no dejan de comportarse como niñas. Era un centro real donde quiera que anduviese”(p.259) como él dice.
Por ello los asuntos focales de Puntos… tienen que ver con esto, los hallamos cuando leemos pasajes, algunos durísimos por parte del hijo, del abandonado, sobre todo cuando apostrofa al padre en la p.21, del progenitor ido que sólo tiene recuerdos y quien por fin un día regresa fracasado pero sólo por los días que le faltan para suicidarse, sin darse cuenta de que todo retorna, que todo da vuelta, “Si uno supiese al principio lo que domina el final, la vida sería diferente”(p.14) conversa. Pero ello es así: tenemos lo que construimos. E, incluso, a aquello a lo que más tememos en algún momento se hace verdad, tanto como nos lo mostró el novelista mexicano Sealtiel Alatriste en El daño(2000) con la vida del siempre torturado Franz Kafka. En ese momento el progenitor ha abandonado a sus hijos, el que da carnadura al relato que encontramos en Puntos…y a uno más pequeño al que deja, podemos concluirlo, esperándolo en la puerta del colegio. Y lo hace aunque se confiese a su conciencia “pero ahora me sobresalta la imagen de mi pequeño hijo que crece sin destino. Luego la del otro, el grande, que me odia”(p.234). Y ello sucede, como supone, y se pregunta Marcano, por ser Caracas “Una ciudad que copula perdidamente, sin amar”(p.17), ¿será así?, esta es una de los interrogantes que esta rica obra nos plantea, porque esta es en el fondo la ficción del país de las madres, de la nación que no tiene padres. Incluso, la república donde los padres están en la medida que las mujeres los desean sino se van y lo dejan todo, incluso a los hijos.¿Esta es una pregunta que cualquier lector puede hacerse, la cual, incluso, nuestra realidad y muchas vivencias cercanas nos hace. Una sociedad donde parecen repetirse a cada hora las primeras líneas de la celebérrima novela de Juan Rulfo: ”Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo” que Marcano cita con razón(p.21).
Y es por ello que para Antenore, el hijo, pese a que “Los recuerdos son difusos, sentenció, pero éste es nítido. Te lo voy a referir. Es una historia redonda aunque yo la cuente mal”(p.126), pese a que “La polvareda del recuerdo le consumió un buen rato”(p.134). Pero había un hecho cierto: un día su papá, Alfonso Gabbani, se había ido, había desaparecido y dejado al hijo huérfano de lo que significan los roces del afecto para un hijo varón, robándose el propio padre, por su irresponsabilidad, todo lo de mágico que hay en ver crecer a un hijo o a una hija que es una experiencia tan única que no son iguales, pensamos, los hombres o mujeres que tienen hijos y los que no los tienen. Tal la singularidad de esta vivencia de ser padre, “experiencia particular” la llamó un querido amigo nuestro ya ido.
Y en Puntos… el papá no sólo dejó al vástago sino que lo llenó de preguntas sin respuestas a una edad en que eran muchas pero que eran muy difíciles de responder. Dice “Muy pronto dejé de verlo. No se cuanto tiempo pasó en aquel lugar tan acogedor, ni en qué momento lo dejó. Lo cierto es que no volvió a recogerme y supe por mi madre que había viajado repentinamente. Fue entonces cuando acusé los efectos de la separación. De buenas a primeras no entendí lo que había pasado. Sólo sé que me sentí responsable por su ida y me aparté de la gente. Me acostumbré a vagar a solas por los patios del colegio preguntándome qué cosa terrible había hecho, cómo pude haberlo causado…Por las noches no dormía. Y cuando lo hacía despertaba antes de romper el alba y demoraba unos minutos en comprender que todo había cambiado y que su ausencia era real”(p.27). Dejó de aparecer por diez años y “Cuando se dejó ver nuevamente pasaba de los cuarenta y ya vivía de los recuerdos”(p.40). Y en esos instantes “Lo escuchaba con atención…Vivía atrapado en el ovillo de sus ochos recuerdos y es sabido que los recuerdos sólo sirven para edulcorar el pasado”(p.47), había estado tan lejos de su hijo que ni siquiera se acordaba de las cartas que le había enviado desde Nueva York(p.192).
Puntos…es todo un logro en casi toda su extensión. Pero toda novela se construye como las aguas del mar que suben y bajan, que en algunas horas están serenas, casi quietas. Esas páginas tranquilas aparecen, casi siempre en el centro de toda novela, son los momentos más difíciles para un narrador, son este caso la parte menos perfecta de Puntos… un libro que pasados esos trozos siempre nos resulta, de principio a fin, una creación afortunada, bien conseguida. Y hay aquí también hojas memorables como aquella rememoración de un amor perdido que seguimos con emoción(p.234-239).
Puntos…es la historia de un papá que abandona a su hijo para irse a Nueva York tras la quimera de ser escultor, cosa que no logra, se convence que se nacía con el don de crear y él no lo poseía(p.201). Para este insensato no había el trabajo, el convocar a las Musas a su taller de escultor, la labor constante, diaria, con la cual se hacen crecer lo recibido, aquellos talentos de los cual nos habló Jesús la parábola del grano de mostaza en el Evangelio(Mateo:XIII,31-32). También olvido nuestro hombre que “La vida es obra”(Cecilio Acosta), que “Lo esencial no es la calidad de la obra sino dejarla cumplida”(Rómulo Gallegos).
Pero este padre tampoco asume el don que tener un hijo le ofrecía, le exigía. Pese a ello llega a sentir nostalgia por el vástago en el momento culminante de su vida, “Antes de suicidarse, mi padre me trajo a esta playa”(p.13) leemos en la primera línea de Puntos…; es capaz hasta reclamarle al hijo “Hace tiempo no me cuentas nada…Nunca me llamas. Jamás me buscas”(p.20) y quiere explicarse cuando es tarde: “Si uno supiese al principio lo que domina al final, la vida sería diferente”(p.14). Pero en el abandono el hijo sufre, no entiende, con extremo dolor expresa en una gran imprecación acusatoria: “Un día viejo cabrón, un día, cuando te estés muriendo, te buscaré para contarte la vida a la que me sometiste. Las noches que pasé preguntándome por qué me abandonaste, los días que transcurrí lamentando que no me hubiese estrangulado el cordón umbilical”(p.21). Y esto porque siempre será verdad para aquel muchacho: “Yo tenía un papá. Pero hacía mucho lo había perdido. Aunque cada dos o tres años apareciese dando un vuelo rasante, hiciese un par de piruetas y fingiese que todo estaba bien”(p.138).
Este es el inmenso drama que Oscar Marcano nos cuenta en Puntos…
En verdad, y volvemos a nuestro punto de inicio, no necesitamos sino padres que estén con nosotros, que nos entiendan, apoyen, comprendan nuestra rebeldía como sucede al progenitor que aparece en el poema de Antonio Arraiz que hemos citado al inicio, aquel que dice “Hijo mío,¡Sigue¡ ¡Sigue¡ ¡Sigue¡”(Suma poética, ed.1966,p.129). Es el empuje que necesita para la aventura del vivir para la cual el padre debe ser el gran motor, el gran catalizador, el gran compañero.
Pero hay también en este novela toda una reflexión literaria sobre el cuerpo novelístico y numerosas referencias intertextuales, algunas tácitas, otras claramente explícitas, como la apelación a Ayax con la que se inicia el volumen, tan veraz para lo que veremos desenrollarse al leer Puntos…, allí está el castigo del que hiere al hijo, de quien le causa fracturas anímicas para siempre, tantas que hay que buscar quien le ponga ”los puntos de sutura”,si es que ello es posible en un asunto emocional de la envergadura y magnitud del tratado aquí, grande, dramático. Allí está gracias a las páginas eternas de los clásicos la explicación del suicidio y la condena, “a morir sufriendo la máxima degradación: no recibir sepultura y ser pasto de los perros y las aves carroñeras”(p.9).
Pero con todo ello Oscar Marcano nos ofrece también una honda y larga meditación sobre el contacto con la literatura, sobre el arte de escribir novelas. Y así completa ante el lector lo hecho, lo practicado en las entrañas de su ficción. Deben ser consideradas también como su crítica, en el sentido de interpretación de lo fabulado, de lo concebido. Crítica de practicante, de creador, como aquella que pidió T.S.Eliot naciera y él practicó.
Es por ello que es imposible cerrar esta glosa a la novela de Oscar Marcano sin citar, pese a su extensión, su larga cogitación, su discurrir, su cavilación, sobre la creación artística. Leamos el tan precioso fragmento:”El diálogo con la obra entraña períodos de gran concentración en los que el escritor, el músico, el pintor, se cuece en sí mismo en un torrencial monólogo interior, se acrisola y avanza hacia el punto desconocido, pero en unidad. En esa medida y el si el quehaceres sostenido, puede llegar el salto. No suele ocurrirle a muchos, pero si sucede, el universo cobra sentido, los materiales se acoplan, las piezas encajan y la belleza te comienza a sonreír. Es la fase de las endorfinas. El trabajo te hace segregarlas. El placer se vuelve un estado y la concentración un vicio. A la postre sobreviene la adicción a la obra, la euforia por sus pormenores, y ni un cataclismo logrará desprenderte de la piedra, del piano, de la página en blanco. Si por error sigo, cualquier cosa, consigue apartarte de tu labor, te asaltará el síndrome de abstinencia y lo pagarás con sangre…El artista nace, es cierto, pero sólo al trasponer ese umbral. Yo, querido hijo, no he logrado siquiera vencer el miedo. Mucho menos conquistar el oficio. Temo que lo mío ha sido sólo delicuescencia. En lo personal apenas he rozado, con demasiada precariedad, las aristas de la concentración(ese acuerdo interno de cabos sueltos) y tengo la noción demasiado remota de lo que son las endorfinas en el arte. Por eso sé que no soy escultor. Nueva York me lo ha confirmado”(p.207).
Pero en verdad, para comprobarlo, no tenía porque abandonar al hijo, engendrar irresponsablemente al segundo, ni dejar a Caracas, esa ciudad que Marcano nos pinta tan bellamente:”Delante, el Caribe….De espaldas, el Avila. El uno agitado, embravecido. El otro echado y silencioso. Dormido, podría decirse”(p.14).
Lo que deseamos, al poner el punto final, es que la recreación de un asunto tan dramático como el que le dio materia para escribir a Oscar Marcano esta novela logre ser aquello que escribió Yolanda Pantin en el poemario suyo que hemos citado al comienzo, cuyos versos nos han acompañado en la aventura de escribir estos renglones,”Tal pensé que fuera/la poesía siempre./¡Comprendes¡/Sí, compasión, consuelo”(La épica…,p.85),”para juntos celebrar este encuentro/que al final recordaremos/por encima del llanto/y la lección amarga”(La épica…,p.39). Que así sea porque los caminos de la literatura son muy extensos, llevan a muchos lugares y lagares.
(Leído en la sesión inaugural del “Círculo de Lectura” de la “Fundación Francisco Herrera Luque” la tarde del martes 6 de noviembre de 2007. Este trabajo fue escrito a partir de nuestro artículo “Puntos de sutura”, El Mundo, Caracas: julio 19,2007. Las citas de Cecilio Acosta(1818-1881) y Rómulo Gallegos(1884-1969) que hemos hecho más arriba las hemos tomado del libro de René De Sola: Balance inconcluso de una actitud universitaria. Buenos Aires: Imprenta López, 1962,p.9).
LA OTRA ISLA
por:R.J.LOVERA DE-SOLA
“Fue mi primera visión de lo que me parecía que debía ser la vida más privilegiada, la del escritor: una vida de curiosidad y energía sin fin e incontables entusiasmos”.
Susan Sontag: Cuestión de énfasis,ed.2007,p.285
Una bella novela es La otra isla.(2ª.ed. Caracas: Todtmann,2006. 258 p.) de Francisco Suniaga(1954), impresa por vez primera en el 2005 y de la cual se edita en estos días su quinta edición. Su autor esperó su madurez para publicar. Y los lectores le han respondido: son escasas las primeras novelas nuestras que alcanzan rápidamente varias reimpresiones sucesivas. Y este escritor lo ha logrado. Es tan bien acabado libro como lo son ahora en nuestras letras, en el mismo años de la publicación de la suya, Nocturama de Ana Teresa Torres y La enfermedad de Alberto Barrera porque si es verdad que La otra isla si bien se imprimió hacia fines de 2005 no llegó a circular y ser leída sino meses más tarde, ya en el 2006 en el cual fueron publicadas también las otras dos novelas citadas.
La otra isla es una novela que a diferencia a la mayoría de las que se escriben entre nosotros no sucede en Caracas sino en la isla de Margarita. Esto le concede, pese a los muchos dones que la alumbran, una singularidad de la cual goza el lector como ha sentido placer, nos ha pasado a miles de venezolanos, cuando nos encontramos en esa ínsula, paseamos por frente a su mar u observamos una de esas bellos atardeceres como los que se pueden ver en Pampatar. Crepúsculos tan distintos y tan hermosos, pero muy diferentes, a los de Barquisimeto. Y con personajes que el turismo trae a la isla, alemanes sobre todo, o a esos margariteños con su bello hablar coloquial, “en el alegre tropel de sus voces y sus risas”(p.9): todo esto está en esta ficción. Y mucho más.
Margarita es para el narrador de esta historia un lugar inventado por un ser sobrenatural,”Debió tratarse de una deidad caribeña que, arrebatada por algún delirio tropical de los tiempos cuando el arte no existía, compuso un paraje hermosamente absurdo: el mar, el cielo y hasta el olor del aire, azules”(p.7). Es aquí donde está “una playa extensa salpicada de sargazos tostados por el sol”(p.7).
Pero junto a ello el fabulador quiere ver el otro lado de la ínsula:”era un individuo que vivía prestado en una isla caribeña de clima benigno y personas amables pero, adosada a ella, había otra realidad, otra isla donde la violencia era una savia que alimentaba lo cotidiano y se movía oculta bajo la aparente docilidad de la naturaleza y bondad de la gente. La otra isla que se presagiaba en el desafuero de los amaneceres, en la luz blanca del sol atroz de los mediodías y en la luz roja del sol colérico que en las tardes se resiste a desaparecer e incendia el cielo antes de morir. La isla de la violencia, la de la lluvia que inunda, el estío que seca y reseca la tierra, el viento que postra a los árboles y las olas del mar que baten contra la costa como una fiera celosa…Esa otra isla violenta estaba allí, yuxtapuesta, y era imposible no sucumbir a sus designios. Los gallos de pelea no eran sino una concreción noble e inocente de una violencia que era como Dios, estaba en todos los rincones”(p.174-175). En esta larga y bella cita, escrita en esplendora prosa, no sólo está la razón del título y del contenido de la novela también está claramente expresado lo que es el trópico y aquello que define al Caribe por lo cual los que habitamos en este país, en su continente o en sus islas, pertenecemos a la cultura del calor que dijo Mariano Picón Salas(Comprensión de Venezuela, ed.1976,p.36). Para ella se ha promovido, por la pluma del historiador Germán Carrera Damas, la necesidad de crear “una tropicalogía” para estudiarla(Validación del pasado, ed.1975,p.55). A todo esto lo asoma Suniaga a través de su nutrida fantasía de hombre de letras.
Hay en ella la investigación de una muerte inexplicable, los contactos con los organismos policiales que no quieren hacer otra cosa sino pasarla bien, sentir el trópico que allá es peculiar. Hay también un abogado, el protagonista, más interesado en la literatura que en la abogacía y una serie de personajes populares, propios, nuestros, entrañables, uno de ellos enamorado de una bellísima alemana que transpira sexo por todos los lados y recodos de su cuerpo sorprendente.
Pero hay aquí un breve acercamiento a nuestra realidad actual en esta fabulación, en ese mismo soleado paisaje margariteño. Por ello llamamos la atención en torno a la lectura de este bello libro el cual nos entregó a un nuevo escritor, con mucho que decir, a la literatura venezolana.
Lo que vivimos hoy, llenos de estupor y dolor, está muy bien expresado en algunos pasajes de este libro. Y también sucesos de nuestro tiempo, “Antes ser comunista y ser de izquierda era una identidad. A partir de 1956, con lo de Hungría, unos pocos, los más preclaros o menos románticos, como tú quieras, dejaron de creer en eso. Después, en 1968, dejó de ser dogma para la mayoría de nosotros y quienes para 1989 no cambiaron su visión, ya no tienen remedio. ¿Qué es ser de izquierda a comienzos del siglo XXI?¿Cómo ser de izquierda sin estar identificado con tanto salvador fallido devenido en tirano?”(p.99-100).
El sol, la luz del Caribe y la hamaca como lugar de expansión erótica están aquí, ”La hamaca colgada…les abrió el camino de las delicias de un sexo mecido como un bote entre las olas y a posiciones amatorias de revenido erotismo, impracticables en la rigidez de una cama”(p.132-133). Y lo hacían así porque sabían que “la felicidad era un patrimonio muy frágil”(p.93).
Están en La otra isla también los modos fraternos de ser del margariteño, las preocupaciones por la alta cultura(dos amigos buscan, Benitez el protagonista uno de ellos, donde está registrado un texto de Joseph Conrad(1875-1924) que este supone está en su nouvelle El corazón de las tinieblas(1902) pero que resulta ser de Juan Rulfo(1918-1986), unas líneas de su cuento “Luvina”(p.250), de su único libro de cuentos El llano en llamas:”Yo diría que es lugar donde anida la tristeza. Donde no se conoce la sonrisa, como si a toda la gente le hubieran entablado la cara. Y usted, si quiere puede ver esa tristeza a la hora que quiera. El aire que allí sopla le revuelve, pero no se la lleva nunca. Está como si allí hubiera nacido. Y hasta se puede probar y sentir, porque está siempre encima de uno, apretada contra uno, y porque es oprimente como una gran cataplasma sobre la viva carne del corazón”(El llano…, ed.1999,p.121-122). Y esto está aquí porque la lectura forma parte sustancial de este volumen. Y es por ello que está también el universo onírico(donde el protagonista sueña con un párrafo en inglés que luego debe buscar afanosamente, p.27).
El episodio de la pelea de gallos, que está en La otra isla, es también sensacional.
Ese párrafo que le parece de Joseph Conrad, a Benítez por evocar para él “la pesadez, la inmovilidad, la falta de alegría, la tristeza”(p.248) es:”Subir por ese río era como viajar de regreso a los primeros comienzos del mundo, cuando la vegetación arrollaba la tierra y los árboles enormes eran reyes. Una corriente vacía, un gran silencio, una selva impenetrable. El aire caliente, denso, pesado, inerte. No había alegría en el brillo del sol. La vastedad del río se perdía, desierta, en la tristeza de las distancias ensombrecidas”(p.248). Y Benítez confía a su amigo que creyó el fragmento de Conrad, que es de Rulfo, por encontrar en ambos “ciertas imágenes parecidas”(p.248). Allí su alter ego logra descubrir el enigma que tanto les apasionó a lo largo de muchos días:”Lo que escuchaste en tu sueño ni lo leíste en inglés ni lo escuchaste en una película inglesa, fue una traducción al inglés de un párrafo de Rulfo”(p.251).
Pero hay más: hay algo que hermana La otra isla y El corazón de las tinieblas, obra mayor si las hay entre las del siglo XX: “el vinculo del mar”, como se lee en la traducción de Sergio Pitol(El corazón…, ed. 1986,p.13). Hecho que nos lleva a comprender la vasta influencia que tuvo Conrad sobre Suniaga al componer La otra isla de la cual el gran escritor inglés, nacido en Polonia, es uno de sus ascendentes.
Cuando el amigo hace el hallazgo Benítez le dice que eso puede suceder porque “el subconsciente es como los caminos de Dios”(p.252).
El hecho de que el protagonista sea un intelectual le da un cierto calor erudito a esta invención. Sobre él se dice “Poseía el cuestionable vicio de leer y releer por segmentos las obras de sus autores favoritos y saltar de uno a otro de acuerdo con su estado de ánimo o según se tropezara los libros en la quincallería sin anaqueles que era su estudio”(p.32-33),”Era un lector furioso, indiscriminado, leía las cosas comunes y las más extravagantes, y su curiosidad no tenía límites”(p.51), se consideraba así mismo “disperso y anárquico en mis lecturas”(p.54). Además hay que añadir que estas divagaciones eruditas y hondamente intelectuales no son muy comunes, están más bien ausentes, de la ficción venezolana, sus únicas excepciones son las novelas El lugar del escritor(1993) de Victoria de Stefano y la de Christiane Dimitraides: Sabath(1997) y el cuento de José Balza: “Prólogo en curazao”(Ejercicios narrativos, ed.1995,p.63-74). Esto le añade otra característica destacada a la novela de Suniaga.
Todo lo antes señalado preside esta obra sobre la cual se podrían hacer muchas otras consideraciones fijándose en su paisaje, en el amor apasionado que registra, sólo en el posible crimen que allí aparece(¿o sólo fue un ahogamiento?), en la pelea de gallos o en la presencia del piélago visto por la imaginación desde una orilla caribeña.
(Leído en el “Círculo de Lectura” de la “Fundación Francisco Herrera Luque” en su sesión de la tarde del martes 4 de diciembre de 2007).
LATIDOS DE CARACAS: DOS LECTURAS
Por:R.J.LOVERA DE-SOLA
PRIMERA LECTURASi no nos hubiéramos puesto a curucutear, muy cuidadosamente, en la Feria del Libro de Caracas del 2000(la última organizada por la animosa Mary Ferrero) no hubiéramos dado con varios libros que nos importan, casi todos de autores nuevos en nuestras letras como es la primera novela de Gisela Kozak(1963). La autora nos era conocida por sus sólidos trabajos de investigación literaria, especialmente por su Rebelión en el Caribe hispánico(Caracas: La Casa de Bello, 1993. 132 p.). El libro encontrado por nosotros en las estanterías de la Feria es su primera novela y su primer trabajo de ficción impreso, ya que sus cuentos Pecados de la capital y otras historias.(Caracas: Monte Avila Editores, 2005.84 p.) fueron editados después. Nos referimos a Rapsodia.(New Jersey: Ediciones Nuevo Espacio,2000. 136 p.), cuidadosamente corregida para su segunda edición impresa bajo el mote de Latidos de Caracas.(Caracas: Alfaguara, 2007. 115 p.) la cual leemos con el mismo interés con el que siempre hemos tenido para los nuevos nombres que aparecen en nuestro panorama literario, creadores cuyas obras tienen el desarrollo que nos obliga a su lectura cuidadosa. Esto nos ha sucedido con Rapsodia. Es un libro que anuncia las posibilidades de una escritora, es una obra que nos ofrece un nombre con posibilidades en el campo de la novela, una persona que sabe estructurar una obra narrativa, un libro que una vez entramos en él ya no podemos salir de él: hemos caído en la trampa que siempre nos tiende lo novelesco. Deseamos que lo que aquí se nos propone tenga un ulterior desarrollo en el tiempo, que su autora tenga la persistencia y la paciencia que exige el trabajo creador, no tema a la ingrimitud que significa ser escritor en nuestro medio, que no se desanime ni caiga en la depresión, que sepa enfrentarse que sus fantasmas, varios de los cuales ya aparecen en Rapsodia. Ha sido grato leer a la Kozak. Deseamos que llegue a literaturizarse más su estilo ya que aquí nos luce más bien cortante, seco aunque preciso, que logre ofrecernos la gran saga de lo femenino y lo masculino que ya aquí se insinúa.
Al repasar las páginas de Rapsodia nos encontramos con un tema bien elegido, aparece en ella una ficción de la ciudad actual, una honda exploración de la urbe presente, de la Caracas de los mil contrastes, la cual su autora sabe mirar con acritud en todas sus híbridas y confusas facetas de hoy. La metrópolis de estos días en donde “en esta dura década de los noventa pues, no cabe duda, ser feliz equivale a comer frente a los hambrientos”(p.8), “Flota una atmósfera de descuido, pobreza y podredumbre”(p.11), corrupción, delincuencia, suciedad, urbe llena de lateros, dementes, con criaturas que anhelan “apenas vivir, no convencer”(p.43), los de ”la vida incierta”(p.96) que podría ser otro título posible para este libro, aunque el que lleva tiene ver con la música de los cuerpos enamorados.
Junto al deterioro aparece la luz de Caracas, “una luz dorada y suave, luz de las cuatro de la tarde”(p.39).
Novela de amor de estas horas es Rapsodia, nos muestra lo inciertas que son las relaciones entre hombre y mujer ahora: “Preferible un camino amoroso de grandes momentos que un amor para todo momento”(p.34); “Amor de ojo, de oído, violento como un infarto masivo”(p.40), “No te preocupes mi amor, mi única pasión posible es el presente”(p.43); amor que no impide al otro ser por sí mismo, ser lo que desea ser(p.54), pese a todo la protagonista “Está cansada de que se haga de la infelicidad un culto…de los amores en buena lid nadie quiere ocuparse”(p.62).
Libre sexualmente es esta obra, con bellas y hondas descripciones de las vivencias eróticas entre un hombre y una mujer sensibles; no hay machismo aquí, hay entendimiento, comprensión(p.39); la mujer también expresa hondamente los misterios del placer, de su goce(p.41); aparecen interrogantes que hay que hacerse hoy sin miedo: “¿Me estaré volviendo femenino, como dice ella?”(p.45) se pregunta el protagonista porque no comprende los misterios, a veces abismales, del anima y del animus entrelazándose.
En Rapsodia hallamos dos personajes principales bien abordados, bien descritos, inteligentemente desarrollados.
Una gran desesperanza por el futuro atraviesa a Rapsodia través de sus páginas, a través de los ires y venires de un muchacho veintiañero y de una mujer que pasa la treintena, “mejor el pesar que la risa”(p.36); agrio a veces, como en el séptimo párrafo de la p.40.(Noviembre 3,2001)
SEGUNDA LECTURA
Que un libro nunca se termina de escribir es un hecho que conocen bien todos los creadores. Esto nos lo vuelve a demostrar Gisela Kozac en su novela Rapsodia(2000). Ahora, muy corregida, cernida y repujada, tan ácida como antes. Es Latidos de Caracas. (Caracas: Alfaguara, 2007. 115 p.), palabras que están en sus entrañas(p.12). Tenemos otra vez a Latidos… y podemos gozarla por la bella forma de su escritura y por la concepción de ese universo particular que es una novela. “Y cada latido es una intuición de futuro: no vendrá, vendrá”(p.115). Se tornará: no recordaremos los caraqueños, como sugiere su autora la época en que fuimos felices y ya pasó(p.99) sino que lo volveremos a ser. Puede parecer quimérico, sólo ensueños, pero, nos dice Isaac Pardo(1905-2000) maestro en ellas, en A la caída de las hojas(ed.1998,p.73-93), las utopías se realizan, se hacen verdad.
Caracas y una historia de amor se entrelazan bella, pasionalmente y eróticamente en Latidos… porque aquí nos encontramos con el afecto pleno entre un estudiante cercano a los veinte años y una arquitecta que pasa de los treinta. El es diez años menor que ella. Si se dice que será feliz, bienaventurado, el varón joven a quien inicie sexualmente una mujer madura aquí en Latidos…ello sucede claramente, porque así son los amores de Andrés y Sarracena, sucedidos en el medio del deterioro de esta Caracas que ella ama, por la cual siente honda pasión, “placer y malestar”(p.21), quien por su profesión puede ver los mil rostros físicos del deterioro de estos días.
Puede sentir como en la urbe “el sol brilla hasta la violencia, el azul del cielo le arde en los ojos”(p.108), contemplar el Ávila entrañable, disfrutar “del sol de la diez de la mañana y también de la vista del cerro Ávila, el cielo sin nubes”(p.87), Caracas con su luz perenne(p.38) y saborear también ”La tarde grisácea le agrada, el viento que sopla entre las grandes edificaciones la reconforta y seca el sudor frío de sus manos”(p.102).
Los afecto empapa a Latidos… tanto que del “amor, extrañarlo siempre y hablar bien de él”(p.28);”quizá no sea posible disfrutar con espontaneidad de un lance amoroso cuya emoción y dulzura tienen un vago olor a predemitación y alevosía”(p.29), “Amor con mucha pasión, con mucha locura y mucho humor” (p.31),”Preferible un camino amoroso de grandes momentos que un amor para todo momento”(p.34),”El amor es incluso la altivez y el silencio”(p.74), piensa ella.(Julio 13,2007).
(Leído en el “Círculo de Lectura” de la Fundación “Francisco Herrera Luque en su sesión del 8 de nero de 2008).