“MONTEJO TIENE CAPACIDAD DE METAMORFOSIS EN LA GARGANTA”
El pasado jueves, La Universidad de los Andes, en el marco de la VII Bienal de Literatura Mariano Picón Salas entregó el Doctorado Honoris Causa en Letras al poeta Eugenio Montejo. En su discurso como Orador de Orden, Adolfo Castellón alabó la obra de Montejo y sobre todo de su “gran capacidad de metamorfosis en la garganta que le permite hablar de diferentes maneras. Si hacemos un paralelo con la música, sería un músico que puede ser al mismo tiempo tenor, alto, contralto y bajo. Encontrarse con una persona con esa capacidad de metamorfosis en su capacidad de enunciación es algo realmente fascinante”, explica.
En el solemne acto, realizado en el aula Magna, Montejo ofreció su discurso a Mariano Picón Salas de quien hizo un recorrido por su pensamiento y obra.
Con respecto su obra, Castañón dice: “Hay un elemento de complicidad porque ¿hasta qué punto no podemos decir que Castañón no es también un heterónimo de Eugenio Montejo?”.
De la amistad y la admiración de años nació la idea de una antología. La que ha preparado el mexicano contiene todas las facetas de Montejo.
“La antología es un género literario, pero es un género literario mal practicado, abusado, desdeñado y muchas veces hecho con poco cuidado”, añade. “La obra de Eugenio Montejo se planta frente al lector pidiéndole que dirija su atención de distintas formas, con distintas actitudes, porque en su obra está conviviendo la propia voz personal de Montejo en cuanto Eugenio Montejo pero también están presentes las obras paralelas de la identidad que son los heterónimos”.
El libro se fue armando primero gracias a su intención de lectura pero también gracias a un diálogo con el propio Montejo. “Ese impulso amistoso no deja de ser crítico, inteligente, móvil, donde también está la presencia del otro”.
Entrevista Adolfo Castañón, escritor mexicano
LA LITERATURA SÓLO TIENE UNA MONEDA
Escribe poesía y estudia a otros escritores: “Ocuparse de la obra de otros es tan importante como ocuparse de la obra de uno mismo” (Alvaro Hernández)
“Ha habido cierta desconfianza de los escritores hacia su propia lengua. La literatura hispánica es de las grandes”
“Tengo cierta facilidad para el ensayo, para escribir… y me gusta hacerlo”, dice con modestia el escritor y crítico mexicano Adolfo Castañón. Estuvo de visita en Mérida, donde fue el Orador de Orden de la entrega del Doctorado Honoris Causa en Letras al poeta venezolano Eugenio Montejo.
De su pluma han salido los más importantes estudios sobre la obra de Alfonso Reyes, por mencionar sólo uno de los autores que ha trabajado. Otro, puede decirse, ha sido su amigo y colega, Montejo, del que se acaba de publicar una antología.
Castañón ha dividido su vida entre su propia producción literaria y en la crítica: “Cuando empezaba a escribir”, cuenta, “mis amigos me decían ¿por qué escribes sobre los otros y no escribes tus propias cosas? Ahora entiendo lo que querían decir, en aquel momento no. Creo que no me equivoqué: Ocuparse de la obra de los otros, si se hace con rigor e inteligencia, es tan importante como ocuparse de la obra de uno mismo si la hace con rigor e inteligencia”.
Lo dice porque para él lectura y escritura son simplemente caras de la misma moneda: “Cuando hay moneda, la moneda cae en cara o cruz pero hay moneda y si no hay moneda no hay ni lectura ni escritura”.
“Lo importante dentro de todo eso”, asegura, “es la conversación, la acción espiritual contemplativa y crítica. Tengo la idea de no hacer demasiada diferencia entre lectura y escritura. Pienso que están juntas pero no sabe uno distinguirlas”.
Adolfo Castañón conoció a Octavio Paz en 1975, cuando entró a trabajar en la revista Plural. Además de su trabajo en el Fondo de Cultura Económica, le permitió una relación privilegiada como su editor. “Era muy generoso, muy atento, sabía leer con cuidado las obras de los otros, de los jóvenes, y al mismo tiempo estaba al corriente de la obra de los franceses, los alemanes”.
La presencia de Paz fue muy formativa para él: “Me enseñó un cierto rigor en el trato con los autores”. Pero también aprendió de su calidad humana. La amistad de tantos años le dio la confianza suficiente para acompañarlo en la ceremonia del premio Nobel, en 1991.
Pero quizás lo que Castañón más aprecia de Paz es su valoración sobre la literatura latinoamericana y mexicana. Y eso explica su reacción, a veces muy crítica, en contra de algunos escritores. Cuando murió Paz, en 1998, Castañón le escribió un extenso poema extenso, Tránsito de Octavio Paz. “Nadie sabía cómo decirle a sus poemas que el poeta había muerto”, dice en unas líneas.
-¿Ha cambiado esa visión de los escritores latinoamericanos por la literatura del continente?
-Ese desdén por la literatura hecha en América Latina es un tic, un síndrome (…). Ha habido a lo largo de varios siglos una suerte de desconfianza de los escritores hispanoamericanos hacia su propia lengua. La literatura hispánica es una de las grandes literaturas del mundo en muchos sentidos: en extensión, en número de hablantes, de número de practicantes, pero también en el sentido de calidad, hondura y libertad. La gran libertad que sopla por la novela del boom, por la lírica en el siglo XX, creo que es difícilmente perceptible en otras literaturas y por eso es lamentable que los escritores o intelectuales no tengan presente que también hay modelos para practicar las distintas disciplinas y artes desde la lengua española.
Aunque ha habido avances, Castañón cree que todavía hay mucho camino por andar: “En México, por ejemplo, hay muchas librerías y da trabajo encontrar autores mexicanos”.
“Para ser mejores lectores hay que ser antes mejores conversadores y para ser mejores conversadores tenemos que hacer gente tranquila, que no tenga prisa, tener en cierta distancia la cultura mercantil que nos rodea y estar más en contacto con nosotros mismos, con nuestros padres, con nuestra literatura”.
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