Al fin volvieron las ex-presidentas y miembros honorarios del Ateneo de Valencia a tratar de salvar lo que una vez se perdió luego de tantas luchas logros grupales inspirados todos por el verdadero espiritu, ética y moral ateneísta.
Josefina
CREO OPORTUNO PUBLICAR EN EL BLOG LAS PALABRAS RECIEN DICHAS EN EL CELARG SOBRE EL PAPEL DE LA MUJER EN LA CULTURA VENEZOLANA COMO APORTE PERSONAL A LA REVITALICION DEL TRABAJO REALIZADO POR ELLAS ACORDE CON EL MOMENTO HISTORICO QUE VIVIA EL PAIS. A LAS MUJERES EX PRESIDENTAS DEL ATENEO DE valencia, VENEZUELA NADIE PUEDE QUITARLES SUS VALIOSAS POSESIONES: SUS TRABAJOS TESONEROS Y NUESTROS RECUERDOS QUE QUISIERON SILENCIARSE POR PROYECTOS PERSONALES…A ELLAS VA MI HOMENAJE, PUES CADA LADRILLO DE ESTE MURO ES MEMORIA DE ALGO QUE CONFORMA MI VIDA.
LAS MUJERES ESCRIBEN
POR:R.J.LOVERA DE-SOLA
“Soy escritora y lo que escribo es lo que oigo. Soy una secretaria de lo invisible, una de las muchas que ha habido en la historia. Esa es mi vocación: secretaria al dictado. No me corresponde interrogar ni juzgar lo que me es dado. Simplemente escribo las palabras y luego las pongo a prueba. Pruebo su solidez para asegurarme de que he oído bien”.
John Maxwell Coetzee: Elizabeth Costello, ed.2004,p.206
“Era una madre en serio. No como esas mujeres que se ven obligadas a serlo pero en el fondo no dejan de comportarse como niñas. Era un centro real donde quiera que anduviese”.
Oscar Marcano: Puntos de sutura,ed.2007,p.259
Creemos que debemos iniciar estas palabras casi pidiendo perdón y ello porque vamos a hablar de una mujer que está amarrada a nuestro ser, nuestra propia mamá, la escritora Irma De Sola Ricardo(1916-1991). Que se nos excuse si nos citamos a nosotros mismos porque mucho de lo que vamos a decir, si bien está exactamente documentado, procede también de las memorias y recuerdos de este ser amado. Sin embargo nos tranquiliza de todo ello lo dicho en un pensamiento por nuestro amigo el cardenal José Humberto Quintero(1902-1984) quien un día advirtió que citarse así mismo era sólo pecado venial. Todas estas breves y apretadas observaciones históricas que tienen que ver con la presencia de la mujer en nuestras letras contemporáneas las pronunciamos gracias al llamado imperioso de Astrid Lander en este día de la poesía, ella, sabedora de los vínculos a cuales nos hemos referido, nos pidió hacerlo para unir así la presentación de su Antología de versos de poetisas venezolanas.(Caracas: La diosa blanca, 2007) con sucesos literarios pioneros de nuestra contemporaneidad.
Para explicar el modo como surgió la idea fundadora de dar base al desarrollo de la literatura de las mujeres debemos echar una mirada a varios sucesos, que apenas registramos, los cuales hicieron posible que un día comenzara a existir la “Biblioteca Femenina Venezolana”.
Y esos hechos se comenzaron a suceder a las pocas horas de la muerte del general Juan Vicente Gómez cuando se pusieron las bases de nuestra democracia contemporánea, la cual fue ratificada plenamente durante la gran marcha del 14 de febrero de 1936, a los cuarenta y siete días del deceso del tirano, jornada que se debe considerar entre nosotros como “El día de la democracia” según lo ha propuesto el historiador Manuel Caballero(Las crisis en la Venezuela contemporánea, ed. 1998,p.55-75; “Dos no celebradas fiestas nacionales” en Revolución, reacción y falsificación, ed.2002,p.195-198). Todo comenzó la noche que se supo la noticia veraz del deceso del gran dictador. Entonces el poeta Andrés Eloy Blanco(1897-1955) escribió, al calor de aquellos instantes, el “Manifiesto” a favor de la democracia dirigido al general Eleazar López Contreras(1883-1973). Evidentemente estaba implícito en el pedido la concesión de la libertad a los presos políticos y el regreso de los exilados. El mismo Andrés Eloy, cuya faceta como hombre cívico apenas se ha explorado entre nosotros, no sólo escribió aquellas dos cuartillas sino que personalmente, a pie, fue de casa en casa de cada uno de los signatarios, seres que deseaban la democracia, y recogió sus firmas, las que encabezó con la suya. Al día siguiente una larga cola de automóviles se trasladó a Maracay e hizo entrega al nuevo presidente del pronunciamiento. “Aquí está Venezuela, Señor” le dijo Andrés Eloy al general López al ponerlo en sus manos. Y esto es memoria viva, todavía la puede testimoniar con sus propios labios el Dr. Ramón J. Velásquez, joven estudiante de diez y nueve años entonces, quien formó parte de aquella caravana. El 19 de diciembre, dos días después de la muerte de Gómez, publicó aquella gran petición El Heraldo en sus columnas(verlo en José Rivas Rivas: Historia gráfica de Venezuela, ed.1972,t.I,p.24-26).
Claro está, podemos decir hoy también, siguiendo lo dicho por el profesor Germán Carrerra Damas, que la democracia se inicio en Venezuela, tras la Guerra Federal(y después del Tratado de Coche firmado el 24 de abril de 1863 que puso fin “a la presente desastrosa guerra” como se lee en él), con el “Decreto de garantías” del 18 de agosto de 1863 del general Juan Crisóstomo Falcón, en cuyo único considerando se lee:”Que triunfante la revolución debe elevarse a canon los principios democráticos proclamados por ella y conquistados por la civilización, a fin de que los venezolanos entren en el pleno goce de sus derechos políticos e individuales”(ambas citas en Varios Autores: Documentos que hicieron historia, ed. 1962,t.I,p.568 y 572). Falcón no era en ese momento Mariscal. Y desde ese papel que hemos citado en adelante la democracia se convirtió en el sistema de vida de los venezolanos, en su forma de ser. Nadie, ni siquiera grandes y largas dictaduras, pudieron contra él. Se sostiene erguido y viviente entre los venezolanos. Y ruin sea el hombre que pretenda incumplirlo.
Lo que no sabían todos los que leyeron aquel 19 de diciembre El Heraldo era que ya en ese momento las mujeres también se habían movilizado. En la casa de habitación de Ada Pérez Guevara un grupo de mujeres se habían reunido y habían dirigido, a los trece días de la muerte del caudillo, al nuevo mandatario el “Mensaje de mujeres venezolanas al general Eleazar López Conteras”(diciembre 30,1935). A este “Mensaje” también se unieron las dirigentes de varias asociaciones de mujeres que ya existían aunque hacían sus tareas en voz baja, aunque algunas iniciativas por formar a las mujeres se habían hecho como una que registra uno de los pocos números impresos de la Gaceta de América(n/ 1,enero 1935,p.3). Sin embargo, y esto es lo histórico, aquel 30 de diciembre por vez primera las mujeres en voz alta pidieron en favor de sus derechos y por el bien de los niños. En ese momento Irma De Sola era una joven de diez y nueve años, seguramente la menor de todas, tanto que no pudo firmar aquel documento porque su papá no se lo permitió como se lee, de su puño y letra, en el ejemplar del “Mensaje” que conservó en su archivo. Tal era la opresión de la mujer en aquel momento que una petición tan justa no podía ser firmada por todas las mujeres que lo concibieron porque a unas no se los permitía el padre o el hermano mayor y a otras el marido. Allí, casa de Ada Pérez Guevara, siempre cercana a su cálido esposo Antonio Bocalandro, surgió también, como consecuencia del “Mensaje” la “Asociación venezolana de Mujeres” y el gran movimiento de las féminas de los años treinta y cuarenta las cuales lograron por su empuje y paciencia, por su decisión y constancia, lograr mejoras para la mujer y los niños, conquistar los derechos civiles primero(1942) y más tarde los políticos(1948) de la mujer venezolana. Fue así como se puso en práctica la consigna de Irma De Sola: “Las mujeres tenemos vocación de servicio”.
Hay hechos logrados desde aquella hora que no deberían dejarse de mencionar como fue el establecimiento de la “Casa pre y post natal María Teresa Toro”, que todavía existe. Pero varios destacados hombres se unieron entonces a las mujeres: se logró rápidamente la fundación de todas las instituciones que desde el Estado se ocuparon del niño y del adolescente. Allí tuvo una presencia singular ese gran venezolano que fue Rafael Vegas, aquel mismo que cuando fue Ministro de Educación del presidente Medina llegaba en bicicleta a su despacho. Es el mismo ser que ahora mucha gente ha descubierto gracias a la novela Falke de Federico Vegas, su sobrino. Para hoy nos bastará con mencionar un hecho: el haber logrado el doctor Vegas sacar de las cárceles a los niños, donde estaban junto con los delincuentes adultos y crear la “Casa de observación de menores” constituyó toda una revolución en su sentido verdadero, profundo y no demagógico. Revolución como dice Augusto Mijares(1897-1979) es “proyecto y no violencia; doctrina y no gesticulación y palabras”(Lo afirmativo venezolano, ed.1980,p.349). Y fue un cambio tan alto que Vegas pidió al gobierno que no le pagara sueldo alguno por hacerlo. Y esto no sólo por ser aquel gran psiquiatra y pedagogo un apóstol sino porque se dio cuenta que si cobraba un salario pronto habría una persona que desearía su cargo sin pensar siquiera en la importancia que tendría la tarea por él emprendida. Vegas pensó que al no tener sueldo él podría dedicar todas sus energías y toda su magnífica preparación, obtenida en París y en Barcelona(en esta junto con su maestro el sabio Emilio Mirá y López, el autor de Los cuatro gigantes del alma), al servicio de los niños, cosa que para él fue una de sus razones vitales. Sacar a los infantes de las cárceles de adultos fue un suceso tan alto para la Venezuela de su época como cuando en Francia se logró sacar de las cárceles a los enfermos mentales y llevarlos a instituciones propias para sus dolencias, hecho considerado hoy por la historia como la segunda revolución psiquiátrica, logrado por Jean-Martín Charcot, el maestro parisino de Freud. Al doctor Vegas lo consideró Francisco Herrera Luque “Figura notable y arquetípica”(En la casa del pez que escupe el agua, ed.2002,p.552, nota 153).
Y, repetimos, junto a las mujeres, como lo veremos ahora, gracias a diversas citas tomadas de la prensa de la época, siempre estuvieron presentes varios hombres. Por ello no debe llamar la atención que hayan sido seres masculinos, bien sintonizados con lo que Karl Gustav Jung(1875-1961) llama su ánima, quienes hayan estado cerca de estas actividades. Grandes civilizadores como el maestro Luis Beltrán Prieto Figueroa, el pediatra Pastor Oropesa o el propio Vegas en lo relacionado a los niños. Pero también aquellos hombres que eran diputados y senadores cuando se reconocieron los derechos civiles de las damas y los que luego estuvieron en la Asamblea Nacional Constituyente de 1946 donde se reconocieron los derechos políticos de las mujeres los cuales fueron practicados por vez primera en las elecciones de 1948. La Constitución de 1947, que sancionó estos derechos, ha sido considerada por especialistas, como el constitucionalista español Mariñas Otero, como la constitución mas democrática que ha tenido Venezuela. Más que la de 1961, lo cual es decir mucho. Siempre se ha considerado a Rómulo Betancourt (1907-1981) como la persona que otorgó esos derechos, en verdad, esos son los caminos de la historia, esto fue logrado por el empuje del movimiento femenino que lo pidió una y otra vez, cosa que este mandatario ratificó con su firma al poner el ejecútese a la Carta fundamental a la que nos hemos referido.
Pero también hay que citar los numerosos comentarios crítico literarios e históricos escritos por hombres, por escritores, sobre los libros de ellas. Y ello llegó tan hondo desde entonces que no es casualidad que la primera antología de la poesía femenina, Por manos de mujer(1980), haya sido seleccionada y prologada por un hombre: Oscar Sambrano Urdaneta. Y que entre los comentaristas de la obra escrita por mujeres hayan estado muchos varones, “hombres de alma femenina” como nos decía Astrid Lander en un e-mail, como fue el caso, primero de Héctor Cuenca(1897-1961), en los años cuarenta, uno de los primeros analistas del significado del decir de María Calcaño(Apunte sobre La poesía femenina venezolana, El Universal, Caracas: marzo 3,1940), desde 1969, el crítico Julio Miranda quien fue quien atestiguó en su prosa interpretativa lo que llamó la “rebelión de las musas” a través de nuestra poesía desde los años sesenta(en Varios Autores: Diosas, musas y mujeres, ed.1993,p.221-227) o Manuel Caballero en su disquisición: “La mujer expulsada de la historia”(en Ni Dios ni federación,ed.1995,p.65-70). Fueron todos estos varones de ayer y de hoy los “hombres sensibles” que pidió Anais Nin nacer como antídoto contra el machismo. Así se lee en Ser mujer. El libro de la gran autobiógrafa que hemos citado, quizá la mayor del siglo XX(incluso, posiblemente, la mas grande de la historia literaria universal ya que su Diario tiene quince mil hojas manuscritas), era en verdad, en inglés, “En búsqueda del hombre sensible y otros ensayos”.
Y todo lo dicho tiene un sentido porque se ha propalado, como consecuencia de los movimientos feministas de los años sesenta(que tomaron su impulso a fines de los años cuarenta, desde 1949 con El segundo sexo de Simone de Bauvoir, que los libros de las mujeres sólo deben ser comentados por las mismas mujeres. Ellas tienen que hacerlo porque ellos les revelan su identidad y pertenencia pero a los hombres atañen también porque a ellos les hacen comprender su conciencia e intimidades. Y ningún hombre puede haber dejado de leer muchos libros escritos por mujeres si al lado suyo hubo constantemente la presencia de una mujer que les indicaba leerlo o les decía que además de aquel volumen sobre tal y cual tema escrito por hombre también lo acompañaba, muy de cerca, otro sobre lo mismo escrito por una mujer. La insistencia femenina abre surcos, sube montañas, logra cosas impensables.
Dentro de estas numerosas actividades que reseñamos tuvo su lugar la literatura que ahora vamos a bosquejar. Actividades que desde fines de los años treinta realizaron un grupo de mujeres quienes siempre trabajaron en equipo, quienes nunca dijeron, de la serie de iniciativas a las cuales nos vamos a referir, “yo hice” sino “nosotras hicimos” porque siempre se sintieron formando parte de un colectivo. Así fue que impulsaron aquello que en esos tiempos, hace casi siete décadas, se llamó la “literatura femenina” y la cual debemos llamar hoy “literatura escrita por mujeres”, ya que al transcurrir de los años las mujeres pasaron del recuento de sus cuitas hogareñas, de los encuentros y desencuentros del amor, de la imposibilidad del diálogo con los hombres, del “amargo fondo” en que vivían, según la nítida expresión de Gloria Stolk(1912-1979), a introducirse en todos los terrenos en los cuales pueda vivir el arte de la imaginación. Así, sin dejar de registrar la “casa por dentro” como lo hizo, en bello poemario, nuestra Luz Machado, pasó a contar su presencia en la sociedad, sus luchas civiles y políticas, sus congojas amorosas, sus retos y logros, sus deseos utópicos, sus fantasías eróticas, las grandes tragedias de nuestra época como pudo ser en su día la explosión de una central nuclear(abril 26,1986) como nos lo hizo ver Lucila Velásquez(1928) en El árbol de Chernobyl. Todo esto nos han mostrado las escritoras venezolanas desde todos los registros del escribir femenino. Es por ello que nuestra literatura escrita por mujeres es hoy tan rica, es capítulo decisivo de nuestra actividad creadora, por ello no se puede hablar hoy de nuestra literatura sin poner en el centro de este proceso la voz, el escribir, el dramatizar de nuestras mujeres.
Esa presencia es hoy intensa y activa. Pero tuvo sus orígenes en la actividad de estas mujeres, encabezadas muchas veces por Irma De Sola, quienes a fines de los años treinta, durante el período de nuestra recuperación democrática, que encabezó, una vez muerto Gómez, el general López, con su modo creador de actuar, pusieron, mediante su acción, las bases para que la literatura mujeril tuviera un lugar, fuera escuchada como se debía. Eso permitió el florecimiento del escribir de las mujeres entre nosotros. Esa fecunda presencia, que comenzó a sentirse en plena década del cuarenta, en la cual varios de los mejores poetas fueron mujeres como Ida Gramcko(1924-1994), Ana Enriqueta Terán(1918) y Luz Machado(1916-1999), se hizo evidente en los años cincuenta que nos dieron a una ensayista, dramaturga y ahora novelista de la talla de Elisa Lerner(1932) o la ampliación del espectro de lo femenino que vivimos desde los años sesenta, período en el cual la poeta mas destacada fue Miyó Vestrini(1938-1991), quien abrió con sus escritos todos los tópicos por los cuales ha atravesado el decir poético de las creadoras venezolanas. Y tras ella hemos visto el largo florecer de todo aquello que las mujeres han dado a nuestra literatura desde los años sesenta, vigoroso árbol que hoy es imposible silenciar, so pena de no entender nuestra literatura.
Pero todo este progreso se inició calladamente. Fue en los días en los cuales, al decir del ensayista Juan Oropesa(1907-1971), muchas evas instalaron en nuestro país aquello que este llamó la “escuela de las mujeres”, ya que aquellas, según lo afirmó desde su celebrada columna Testimonios, que publicaba en el desaparecido diario Ahora, vocero de la reimplantación democrática entre nosotros, que estas amazonas habían decidido ponerse a enseñar al país(La escuela de las mujeres, Ahora, Caracas: junio 17,1940).
Fue tres años antes de que se reuniera el primer congreso femenino venezolano(junio 13, 1940), al cual alude Oropesa en su crónica, el cual presidió nuestra escritora Antonia Palacios(1904-2001), que otra agrupación, la “Asociación Cultural Interamericana”, fundada el 27 de febrero de 1937, decidió promover el trabajo literario femenino. Y lo hizo primero auspiciando la edición de la novela de Ada Pérez Guevara(1905) Tierra talada.(Caracas: Tipografía La Nación, 1937. 203 p.) a través de la cual la mujer habló al país el mismo año en que Lucila Palacios(1902-1994) dio a la luz su también primera e imperfecta novela Los buzos.(Caracas: Cooperativa de Artes Gráficas, 1937. 512 p.). En el ejemplar de Tierra talada que hemos tenido ante nuestra vista al redactar estas líneas se lee “Para Irma De Sola en cuyas manos nació a la imprenta esta novela. Con todo afecto, y esperando para muy pronto un canje suyo”, es decir un libro suyo que poco tiempo después fueron sus cuentos de Síntesis(Caracas: ACI, 1940.61 p.). Para editar Tierra talada debió su editora incluso lograr que le fuera regalado el papel en que fue impreso y que una de nuestras artistas plásticas de la época dibujará la carátula, la hermana de Ada la pintora Gloria Pérez Guevara, quien firmó aquella cubierta con sus iniciales. En Tierra talada está expuesto el ideario de esta promoción de mujeres, que todavía hay que buscarle un apelativo para hacerles su historia. Esta novela circula ahora en la edición(1997) de Monte Avila Editores. Pero no se detuvieron allí las iniciativas. A poco, dos años después, en 1939, decidieron crear la “Biblioteca Femenina Venezolana” la cual se dedicó a la publicación de obras escritas por mujeres. Casi inmediatamente, el 17 de octubre de ese año lo divulgó la prensa(Plausible iniciativa de la Asociación Cultural Interamericana, Ahora: octubre 17,1939), decidieron crear dos premios anuales para estimular el trabajo intelectual femenino entre nosotros. Este año fueron creados estos galardones siguiendo una sugerencia de Mariano Picón Salas(1901-1965), como Irma De Sola lo divulgó en “La Casa de Bello” el 10 de abril de 1985, en un foro en homenaje al humanista emeritense. Esa presea permitió la insurgencia en nuestras letras de figuras tan destacadas de nuestra poesía como Ida Gramcko(1924-1994), cuyo libro inicial Umbral (Caracas: ACI, 1942. 43 p.) fue lanzado gracias a ese concurso y dentro de la colección creada a ese efecto. También Jean Aristigueta(1922) inició su trayectoria gracias a ese evento, Lucila Palacios prosiguió el suyo con su entonces controvertida, y muy discutida, novela Tres palabras y una mujer.(Caracas: ACI, 1944. 146 p.), acusada entonces de poseer ”un feminismo desquiciado”, y también apareció allí ese enigma de nuestra narración corta que fue durante muchos años Dinorah Ramos, seudónimo con el cual Elba Arraiz presentó su libro de cuentos Seis mujeres en el balcón.(Caracas: ACI, 1943. 67p.). El misterio en torno a Dinorah Ramos fue resuelto años después por uno de nuestros memorialistas(Laureano Vallenilla Planchart: Escrito de memoria,ed.1967,p.142). Allí ese evento y en esas publicaciones, algunas de las cuales hemos citado, se inició el sendero, se logró que la mujer escritora comenzara a ser escuchada por sus propias palabras. Coetáneo fue por ello el largo movimiento cuentístico femenino de los años cuarenta y cincuenta, que con agudo ojo crítico nos presentó la profesora Luz Marina Rivas en su tesis de maestría La literatura de la otredad.(Caracas: Universidad Central de Venezuela, 1992). Y de donde en buena parte surgió su antología Las mujeres toman la palabra.(Caracas: Monte Avila Editores,2004.221 p.). También las escritoras más significativas de esta década han sido estudiadas y antologadas por Yolanda Pantin y Ana Teresa Torres en El hilo de la voz(ed.2003,p.179-274). De allí en adelante el conocido auge no nos debe llamar la atención pues fue gracias a todas las iniciativas a las cuales nos hemos referido que la mujer halló un eco, una resonancia honda y significativa como la que había logrado con sus libros en los años veinte, en forma solitaria, Teresa de la Parra(1889-1936), los cuales hicieron de ella nuestra primera gran escritora.
Y tanto creció el trabajo intelectual de la mujer que este pudo ser presentado con amplitud en la exposición “La mujer en las letras venezolanas” (Octubre 5-26, 1975), realizada en Caracas hace exactamente treinta y dos años. Irma De Sola fue su organizadora. Pudo así encontrarse el país ante un descubrimiento casi ignorado: la producción intelectual de nuestras mujeres era mucho más amplia y mucho más significativa de lo que se había pensado hasta entonces. Y tal visión, al entender de Juana de Avila(Irma De Sola, El Mundo, Caracas: enero 25, 1978) tuvo una resonancia: se tomó entonces con seriedad la labor creadora de la mujer venezolana. Y muy poco tiempo después esas consideraciones se expresaron en hechos concretos. Un año mas tarde, por vez primera, una mujer, Antonia Palacios, obtuvo el “Premio Nacional de Literatura”(1976), al año siguiente lo obtuvo también por primera vez una poeta, Ida Gramcko(1977). Ese mismo año Laura Antillano obtuvo el premio del concurso de cuentos de El Nacional(agosto 3,1977),el cual nunca había sido recibido por una mujer, con un relato que es una elegía en prosa, estremecedor e inolvidable, La luna no es como pan de horno. Todo ello hizo posible que se sembrara una tradición y que en el sucederse del tiempo Luz Machado(1986), Ana Enriqueta Terán(1989), Elizabeth Schön(1994) y Elisa Lerner(1999) hayan podido obtener el máximo galardón nacional. Y que varias otras creaciones escritas por mujeres hayan sido premiadas con el galardón anual que otorga el “Consejo Nacional de la Cultura”. Todo ello propició lo que hemos visto en adelante, cuando nos hemos dado cuenta hasta donde nuestras creadoras están en sitios prominentes dentro de nuestra creación literaria. Y es ello lo que explica que nos encontremos reunidos hoy, razón por la cual no hemos podido dejar de evocar aquí, ante todos ustedes, a una de las mujeres que laboró para que esta alborada fructificara, que la mujer fuera escuchada, para que la “escuela de las mujeres”, que dijo Juan Oropesa, no dejara de actuar, que las “mujeres fueran brújulas de la patria” como Irma De Sola lo deseó. Es por ello que hoy no podemos dejar de evocar emocionados la presencia de esa mujer quien desde muy temprano contagió a sus tres hijos explicándoles el valor que tenía todo aquello que hacía la mujer venezolana cuando tomaba la pluma entre sus manos. A esta evocación, además de la llamada apremiante de Astrid Lander, nos ha empujado “ese déspota inexorable que es el corazón”(José Humberto Quintero: Oraciones académicas, ed.1975,p.231).
(Leído en el Celarg”,Caracas, la noche del viernes 22 de junio de 2007).
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