Sacalapatalaja
Josefina
Ha sido sorprendente el cruce de opiniones y las reflexiones que ha motivado el despertar (a partir del 28 de mayo del 2007) inesperado de los jóvenes con caras al aire, que han tomado las calles para protestar la merma de libertades y derechos, que cerraban poco a poco sus esperanzas de vivir en un país promotor de realizaciones y no de frustraciones, de libertades y no de totalitarismos, de amor al otro y no de odios. Esta mañana compré la revista GATOPARDO No.79 dedicada a Venezuela, y lo que el excelente periodista Oscar Medina registraba en su artículo como “Teoría de la rana que no reacciona” para referirse a la apatía de la sociedad venezolana ante el avance de la máquina trituradora de libertades. Ésa, ya desgastada y sin identidad ideológica que se viene manifestando con la misma violencia, fanatismo intransigente y manipulación de la masa de la que declara como de signo contrario, está en escena entre vítores y aplausos como la que cercenaba cabezas en las orgías de la decadente Roma presentada en la película “Calígula” de Bob Guccione hace unos cuantos años, propició que la rana se quitara la venda y comenzara a adquirir impulso a medida que el agua se calentaba y al despertar, mirara a los lados frotándose los lagañosos ojos y se contempalara encerrada en un envase de laboratorio o si se consideraba libre por estar sobre un escorpión que prometió ayudarla a pasar el rio… tomó conciencia que escorpión es ponzoñoso y no cree en transformaciones caritativas… impropias de su esencia.
Mi lectura no es tan técnica como las que leo y escucho, va por mi línea de búsqueda interior, bajo premisas como “Conócete a ti mismo”, momento del despertar del femenino y toma de conciencia colectiva que desde joven he compartido con esos “seres extraños” a que hice alusión en la presentación de este blog. Desde los años 70 observaba como el alma nacional se iba alejando de nuestras realidades cotidianas. Cuando en la reforma de Letras de 1969 se demonizó a la generación del 1928 por adecos, católicos u “oligarcas”, reduciendo a los poetas y escritores, como Aquiles Nazoa, Job Pim, Pio Tamayo, Andrés Eloy Blanco, Mario Briceño Iragorry por citar algunos a simples caricaturas ante los poetas malditos franceses, la nouvelle vague y la generación perdida norteamericana, entre otras modas del momento, perdimos el rumbo y comenzó a dejar de latir el corazón de Venezuela, frase que no por un casual accidente sirvió de título al libro del poeta Alí Lameda preso en Corea del Norte, comunista convicto y confeso que fue liberado por la presión de los gobiernos “oligarcas y pequeño burgueses” que presentaron el caso ante los organismos por los Derechos Humanos internacionales, logrando su liberación. Nos volcamos, sin que una parte de la juventud de aquellos años lo aceptáramos, lo que se tradujo en EXCLUSION REAL de nuestros cargos y esperanzas, a renegar de nuestras raíces por considerarlas indignas para figurar dentro de los círculos intelectuales del mundo, quienes contrario a nosotros, viviendo dictaduras feroces o escenarios de miseria y marginalidad terribles, se aferraban a sus realidades nacionales profundas para sobrevivir en el destierro, la tortura, el exilio o la migración, mientras nosotros nadábamos en la recién adquirida riqueza petrolera y los hoy autollamados intelectuales excluídos, disfrutaban de cargos diplomáticos o de la burocracia cultural de los gobiernos “oligarcas” que por considerarlos hombres de “izquierda” les adjudicaban valores humanistas, de los que siempre se han agarrado a cambio de homenajes, puestos destacados y premios a los que nunca han renunciado o devuelto en aras de los ideales que repiten como loros del Jurásico…Desde 1970 veo “La misma barca atravesando el mismo río con el mismo barquero”. La literatura venezolana se convirtió en “ejercicios de taller” o productos tan llenos de odio, expresión de vicios, conductas personales o pases de factura a los padres humildes culpables de sus problemas (que hoy sacan a relucir como ancestros populares no se por qué cambio de perspectiva repentina). Nuestros autores se hicieron ininteligibles igual que los juegos de lenguaje sin contenido, negación de valores y tradiciones, que enajenó la posible expresión del sentir nacional o individual, que no se veía por ningun lado, menos aun algun sentir personal que sacara de la modorra insufrible al lector. La crítica fue desapareciendo ya que a la reciprocidad de elogios o el valor del comentario para mantener la cofradía en el tapete se agregaba el detalle que estaban al frente de las editoriales del Estado o más influyentes los mismos nombres que hoy cierran y critican lo que nos obligaron a consumir y calarlos como obras primordiales escritas por ellos mismos desde los años de nuestra juventud, hechos que liquidaron a una generación de poetas y escritores promisorios para que sea en el S.XXI que AL FIN surgen otros nombres que paralelos a los fósiles han abierto sin ayuda oficial, la promoción venezolana a otras latitudes, teniendo que esperar 40 años para que nuestras obras literarias siendo igualmente latinoamericanas demostraban una fuerza identitaria, universalmente valorada. De lo que puedo dar testimonio es de una generación variopinta que el psiquiatra-rector Edmundo Chirinos llamó “generación boba”, producto de la imposición en nuestros círculos sociales e intelectuales del libertinaje moral, social, surgimiento de antivalores por el desprecio a lo raizal espiritual y noble que verdaderamente somos por creerlo producto de una religión o esquema de conducta que había que desechar, resentimiento social al no sentir que todos tenían la misma opción de acceder al nuevo riquismo galopante que hizo desmerecer al trabajo y al conocimiento como promotores de éxito y realización de vida, entronizando al “vivo”, oportunista, jalabolas o “pico de plata” que se enquistó en las universidades, academias militares y organismos oficiales que permitían mamar de la teta del Estado clientelar el cual se instauró y creció como gangrena en el hacer nacional, escondiendo ese rencor y complejos muchos de carácter personal no al calor de una verdadera ideología que llevara a la lucha por reinvindicaciones justas, sino al usufructo de sus postulados tras los cuales ocultaban de forma solapada el deseo de “quítate tú pa’poneme yo”, el “cuánto hay pa’eso”, justificando con el charol de las luchas por la igualdad, actitudes conspirativas marcadas por la mentira y el engaño como línea de acción, las cuales ya no tenían ningun alma, como la demostrada en épocas históricas precedentes, falsedad que llevó a ocultar la cara tras la capucha de penitentes andaluces con toda su carga simbólica y de proyección egoísta, ya no la boina azul ni el “sacalapatalaja”. Se unía a esto la patética liberación femenina enfocada dentro de radicalismos que catalogaban de “pequeño burgués” todo deseo de hacer familia estructurada o estable que garantizara una relación equilibrada y amorosa con los hijos que nacían en esos amores de una noche entre poemas y rones, que en realidad eran ambientes cargados de resentimientos, mala conducta y supuestas ideologías que generaban hijos carentes de atención afectiva básica, por otra parte las instituciones que tenían peso en la sociedad como ejemplos de entereza y peso moral se tambaleaban no por el cuestionamiento que genera cambios, sino por el blandengue majarete de muchos de sus representantes y falta de principios de muchos dirigentes que consideraron más importante buscar la aceptación y alcanzar el liderazgo de un colectivo desorientado, que asumir las riendas a lo mejor impopulares pero con algo más que la satisfacción de sus intereses y egos personales. De esa terrible época surge esa “generación boba” semilla que dio su fruto: los dirigentes y gobernantes de hoy de ambos bandos enfrentados, pues la inacción por un lado y la crueldad retaliatoria demostrada por los supuestos paladines libertarios encapuchados de los 80 hoy ministros y diputados, obtuvieron por igual sus títulos, posiciones de comando y postgrados gracias a la gratuidad e igualitario fin de una política educacional del Estado a la que con cinismo explotaron los otrora encapuchados o profesores “de izquierda” como “recogiditos” para luego manifestarse con la fuerza de un tsunami salido de las profundidades abisales oscuras de nuestra plataforma continental, sin luz espiritual y carente por completo del alma que alimentó los ideales que llevaron a hacer de Venezuela un país forjador de libertades, igualdades hasta los años 60 y se vino abajo a partir del gobierno de Carlos Andrés Pérez I y continuó hasta el final terrible que explotó en 1989, nacido del pueblo que sucumbió ingenuo e inexperto al engaño de quienes se prepararon entre las sombras para dar el zarpazo, tan culpables del desastre como quienes violaron todos los principios de la democracia y que propiciaron lo que vendría a continuación entre aplausos de la propia sociedad a la que hoy dicen enfrentarse. En mi experiencia todos eran y son iguales por eso quienes siguen de cerca el “caso Venezuela” no se explican cómo ninguna voz surge para enfrentarse al hegemón. No hay autoridad moral en ningun bando. Por eso cuando la pantalla en negro borraba los recuerdos más hermoso de mi infancia, pues los valores ya se habían encargado de estrujármelos en la cara las bandas políticas de derecha o izquierda, me emociona la reacción inesperada de estos jovencísimos venezolanos, pues marcan el retorno al corazón de Venezuela. No es una reacción ante Marcel Granier como individuo, sino ante el avasallamiento de algo que pertenece al ADN del alma nacional: la libertad. Como dice el Dr. Antonio Pasquali, nunca admiré la televisión venezolana que nos fueron imponiendo los dos imperios comunicacionales, si bien reconocía la diferencia entre RCTV, de más “raíz venezolana” y Venevisión, netamente cubana del exilio, restos del Tropicana y la corrupción de la isla batistera, considerando a esta segunda más perniciosa que la primera, con sus películas XXX a las 3 de la tarde, caso “8 semanas y media” en horario dominical infantil y la degradante temática de sus telenovelas y enfoque de la mujer. La ordinariez vergonzosa de Aji Picante por Televén, y asi una cantidad de desmadres, iban siendo reflejo de una sociedad que se consumía ahogada en su falta de identidad y valores. La exposición de programas como el Show de las 12 de Víctor Saume, Renny Presenta y tantas figuras que marcaron la venezolanidad sana que fue expuesta en los programas finales de RCTV que escribieron la historia bonita en la televisión venezolana, que casualmente nutrieron a los ascendientes de estos jóvenes que retoman de manera increíble el testigo perdido de la generación del 28, un 28 de mayo, 80 años después y 30 de haberlo botado por la borda, pisoteado, violentado todo vestigio de decencia y valores nacionales. Es un resurgir del alma venezolana, del corazón del país que en una suerte de Frankestein de pìedra se nos vino encima, enarbolando el estandarte de los antivalores, fabricado poco a poco con la sombra del ser venezolano, producto final perfecto del machismo-patriarcal-militarista que degeneró hasta lo que hoy tenemos presente en los diferentes niveles enfermos de nuestra sociedad, exponiéndose sin pudor en camionetotas, mal gusto, grosería, violencia, vulgaridad chocante, frases de desprecio a la mujer entre bufandas bostonianas, al lado de mujeres deformadas entre silicona y botox. Ese monstruo de piedra cobarde y gimiente se oculta tras esos accesorios para que no le vean su inmensa soledad, fracaso, debilidad y desamor.
Si el “sacalapatalaja” era el canto de la generación del 28 hoy son los manifestantes del 28 quienes levantan sus clamores por atención, respeto a sus derechos, retorno a los valores y en definitiva: su grito desesperado por amor y libertad, cualidades ante las que el mismo Dios cede su puesto al hombre. Estos herederos de sus abuelos, retornan a los valores esenciales para exigir como hijos de un país que no merecen, ni de cuyo caos son culpables, el fin de unos paradigmas que degeneraron para hundirnos en el foso del desencuentro y el irrespeto al otro y por ende a uno mismo como ser humano, ciudadano y venezolano.
¿Dónde llegaremos? No lo sé… Sólo tomo prestada la reflexión de una monja carmelita que comparte conmigo un camino espiritual determinado:
“ Es verdad: cada vez que un acontecimiento o persona nos frustra, ¿qué viene primero el pensamiento de amargura o la emociòn? … Cada escuela de psicologìa concluye de una manera diferente….. pero creo en lo que dicen los chinos: Si el ojo no está obstruido, el resultado es la visión, si el oido no está obstruido, el resultado es la escucha….. y si el corazón no está obstruido el resultado es el AMOR, la paz, la armonía interior…
. A los occidentales nos cuesta mucho darnos cuenta que la mente racional obstruye lo màs lindo y bello que llevamos dentro: “el corazón”, el SER, la ESENCIA…..”
Nuestro mestizaje nos permite abordar todo sin tanto rigor. Como madre y abuela veo que no todo está perdido y que los que luchamos en la oscuridad absoluta por mantener nuestros valores heredados de nuestros antepasados por humildes que fueran, han dado frutos.Pensemos en el grito de nuestros jóvenes…y recordemos la frase de Rómulo Gallegos en “Doña Bárbara”: ”Las cosas vuelven al lugar de donde salieron”
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