El Canto a Valencia
Josefina
El valenciano conserva con amor su partimonio…

Casa del insigne escritor Rafael Pocaterra. Foto de Alejandro Mata.
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Josefina

Casa del insigne escritor Rafael Pocaterra. Foto de Alejandro Mata.
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David

Cristóbal Ruiz, 1984, para David Andrade. Técnica, chimó sobre cartón
Todos los “hombres” quieren parecerse a tí, el agua corre…borrando tus huellas. Y la muerte, la muerte, pronto es exacta.
Durante mi convivencia con Cristóbal en el barrio Malagón (Bárbula) Valencia-Venezuela 27 días, lluviosos, de Agosto 1991.
Cartón utilizado por Cristóbal Ruiz como “paleta”, 1991. Propiedad de David Andrade.
La ciudad es levítica y se hace la sorda a cada paso de Cristóbal, es él quien descubre lo esperpéntico en el mundo que ahora trata de ignorarle. Y es que Cristóbal intenta, impenitente, el arte cada vez que las ciudades le habitan. Sus ojos ebrios de tanto soñar, ellos son quienes descubren el amor lésbico entre dos animales, bestiario del nunca acabar. Cristóbal Ruiz mueve sus líneas sonámbulas hasta rescatar la imagen inédita, necesaria, digna de contemplar para siempre: solemos embellecer las cosas que una vez tuvimos, pero que ya no volveremos a tener nunca más, ya los labios se resecan de tanto beber “cocuy” y las palabras hacen huecas en las naderías de la vida.Todo lo negro de las noches me hace recordarle, como si no existiera más nadie, es él, el único personaje en soliloquio “empecinado”, como si no existiera otra felicidad que la de Cristóbal;
Andrea Escobar, 10 años de edad, Técnica: Esgrafiado.
“los días de gloria” ¡no volverán más! Hacia esos seres ausentes van los más generosos recuerdos.
“Sin embargo, me pudiera encontrar feliz, pero no me encuentro..” piensa Cristóbal , mientras los niños se despiden entre escondidos adioses, y la gente lo mira desde la realidad virtual de los que no vuelven. El limpiabotas “parece un santo”, acaba de salir de la Catedral, los mendigos son los primeros en despertar…temprano, los de la mendicidad espiritual, no sé donde desayunan, ni quienes cumplirán sus ordenes.
Del timbo al tambo el mundo se confunde, allí, alguien trata de “ordenarlo”, otros voltean por encima del hombro y de soslayo se confunden con la vanidad y la pacatería . En el bar “La Guairita” - de Valencia - se escucha un fox, y vuelvo a creer en las imágenes itinerantes, mefistofélicas, y en la obra de Cristóbal Ruiz. Cristóbal, eres el arte que se intenta cada vez que se vive, “¡necesitamos ser amigos!”.
[audio:cristobal_ruiz.mp3]
Cristóbal Ruiz amaneció muerto el 6 de Febrero de 2005, exactamente el día de su cumpleaños. Todavía el CICPC se encuentra “investigando” para determinar las causas reales de su deceso.
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Josefina

Una película muestra sin una sola palabra el día a día de un monasterio
En una época en la que cinco minutos de silencio son un lujo, la película-documental de Philip Gröning puede convertirse en un auténtico shock para el público abonado al café y a la agenda repleta. Y es que “El Gran Silencio” es eso: un prolongado silencio, 162 minutos de pura quietud.
Ambientada en el monasterio cartujo de Grenoble, en Francia, relata con imágenes -que no con conversaciones la vida cotidiana de los monjes: la oración litúrgica, la meditación, el trabajo, los cantos gregorianos, los paseos por la naturaleza, la vida en comunidad… Todo ello envuelto en un silencio pacífico, entre las campanas del monasterio, la música sacra que recitan, las hojas de los árboles que caen y el viento que sopla. Y muy poco más. Porque si los cartujos se distinguen por algo es precisamente por pasar todo el día en silencio, en constante oración.
Alguien podría pensar que esta película-documental estaba condenada a pasar desapercibida ante el gran público, aparentemente ansioso de thrillers de acción y suspense, y poco interesado en un film que rebosa paz y tranquilidad por los cuatro costados. Pero no ha sido así. En Alemania, “El Gran Silencio” ha sido un auténtico éxito de taquilla, que ha superado con creces a Harry Poter en la media de público por proyección. La que parecía que iba a ser la película de la década ha sido desbancada por una comunidad de monjes orantes. La contemplación ha ganado a la magia de Rowling.
Un largo proceso. Cuando Philip Gröning comenzó a idear la película corría el año 1984. Habló con la orden monástica sobre la posibilidad de grabar el film ese mismo año. ¿La respuesta? Era demasiado pronto: “Dentro de diez o quince años, quizá”. Está claro que el tiempo en un claustro no se mide igual que en una oficina. Finalmente, en 1999, el momento había llegado. El director recibió una llamada del monasterio del “Gran Charteuse” de Grenoble, en los alpes franceses, el referente de todas las cartujas del mundo. Los preparativos previos a la grabación le llevaron a Gröning dos años. El rodaje, seis meses. Él solo ha grabado, producido y montado la película. Para ello, no ha querido usar luz artificial, ni música de fondo añadida, ni ningún elemento decorativo que no estuviera ya en el monasterio. Sólo quería grabar la realidad, y por eso vivió medio año con los cartujos.
En 2005, Gröning presentó la película en el Festival de Venecia, en la sección dedicada al lenguaje experimental (Horizontes). Y después vino el éxito. Primero, en su tierra natal, Alemania. Ahora, en Italia, donde crítica y público también han acogido “El Gran Silencio” favorablemente. Será porque la vida de una de las órdenes monásticas más austeras y desconocidas del mundo ha salido a la luz a través de una película donde el factor tiempo es sólo una circunstancia secundaria y el silencio se convierte en una actitud vital.
Publicado en Mundo Murado |
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