Está bien que deba calarme las deducciones que hace el Presidente de mi país del tema comunista, socialista, Marx, Lenin, y cuanta estupidez quiera decir producto de sus transnochadas lecturas de índices, pasquines de células de tercera clase de esa línea política o ideológica pero lo que si me molesta y creo tener DERECHO a protestar como los hermanos del Islam quemaron media Europa por unas caricaturas de Mahoma, es tener que decir que si con sonrisa de tarada enajenada, cuando toca el tema del catolicismo, que es la fe que heredé de mis antepasados y milito en ella por VOLUNTAD PROPIA y no voy a cambiarla por órdenes de un ser que quiere mandar en mi profundidad más preciada, y utiliza la figura de Jesús para sus fines proselitistas, en una sociedad que espiritualmente es tan pobre, tan ingenua, tan crédelo todo, donde ser católico es una raya todo lo contrario de ser hermano protestante que es “nota”, y más esa silenciosa aceptación de los jerarcas eclesiales que hacen sentir la falta en este país de Monseñores-hombres de fe como Arias Blanco, sólo Lückert un tanto temeroso, actitud que no entiendo cuando se tiene fe, y el admirable y cien por ciento veraz Cardenal Castillo Lara, el resto se plegaron a la cosa inexplicable que cundió en los 70 amparados por el Concilio Vaticano II que no dijo esa adapatación teológica a la realidad hispanoamericana de la manera como la interpretaron egoicamente aquí, no quiero pensar que debido a la laxitud de la política de adecos y copeyanos cuando sólo Monseñor Ovidio Pérez Morales escribió una Pastoral contra la inmoralidad del concubinato notorio Lusinchi- Ibáñez o a la ética del partido por encima de los valores eclesiales éticos que trajeron entre otros los curas europeos que venian a la Arcadia de los buenos salvajes, volviendo a la Iglesia un nido de no se sabe que, si comunistas con sotana justificados con el cuento de los pobres del Evangelio o fanáticos conservadores tipo Opus Dei, Tradición familia y Propiedad, NADA que ver con el verdadero y profundo Mensaje de Jesús de Nazareth.
Milité en los barrios desde 4 grado de Primaria en un connotado colegio católico, y en el sur de Valencia ya adulta fui Directora de una escuela con servicios sociales GRATUITOS dados por los mejores médicos y odontólogos de la ciudad, que fueron asaltados, robados y totalmente despreciado su esfuerzo por los mismos receptores de los mismos, y sobre todo tuve la terrible vivencia de ver desde las 10 am tipos barriga al aire bebiendo cerveza, mujeres semi desnudas esperando el regalo del populista gobierno de turno, por lo que entré en crisis por la paradoja entre lo que Jesús llamaba los “pobres del Evangelio” y la partida de flojos, que huían al oir la palabra trabajo, sólo los colombianos, peruanos y ecuatorianos aceptaban hacerlo para mantener sus familias y mejorar sus casitas, cosa que no veía en mis “compatriotas que esperaban todo del gobierno”, que yo enfrentaba día a día. Sólo quienes como los evangélicos baptistas y sobre todo pentecostales o los hermanos del Islam, que si exigían disciplinas severas lograban transmutar esos vagos borrachos y malvivientes en seres responsables, sumidos en grandes arrepentimientos por sus vicios. Me retiré del trabajo comunal en 1985 que casi me costó la vida por un sarampión morado tomado a las 12 de la noche mientras trasladábamos a una niñita al Hospital Central de Valencia, teniendo yo 33 años y me dediqué a entender la profundidad del mensaje de Jesús de Nazareth, sin caerme a críticas con los curas o las monjas, porque tampoco nadie que veía a mi alrededor de otras religiones eran perfectos, el ser humano no lo es, y comprendí que la libertad que Jesús nos transmitió con su mensaje, ejemplo de vida y muerte es algo demasiado importante para el ser humano que necesita orden, leyes humanas y se burla y aprovecha de aquello que le permita elegir por si mismo, amar al otro de verdad y sobre todo respetar su propia dignidad humana, que es la versión católica.
Pero ya es demasiado oir lo que el Presidente de la República de Venezuela dice de mi religión, que no se atrevería a decísela a sus “hermanos” de otras culturas porque sabe que lo mínimo que recibiría es un golpe por la boca por falta de respeto, ignorante y hablar sin conocimiento. Por tanto, sin vena de quererme hacer la Juana de Arco, publico en la sección del blog que me corresponde mi reflexión a una de las millones de barbaridades que debo oir día a día producto de la multisapienza de nuestro máximo líder.
Recurro a la pastoral aceptaba desde El Vaticano porque asi como ningun funcionario del gobierno nacional responde ni su nombre si no tiene permiso del Presidente, y todos están abogando por un Partido Socialista Unico igualmente yo contestaré con lo que el Papa comunica, porque mis amigos lo que es igual no es trampa y de verdad estoy HARTA que se hable de mi fe como piñata de pueblo y yo deba respetar y guardar silencio ante la cantidad de ignorancias, bolserías y errores que me calo día a día en respetuoso silencio.

William Bouguereau (1825-1905), Flagellation de Notre Seigneur Jésus Christ
Ver
El pasado 11 de enero, el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, al jurar para un tercer mandato de seis años, con la posibilidad de promover una reelección sin límite, dijo que lo hacía en nombre de “Cristo, el más grande socialista de la historia”.
Por la tarde del mismo día, Daniel Ortega, al asumir la presidencia de Nicaragua para los próximos cinco años, sostuvo que “debe imperar el reino de Cristo y no el reino de las guerras, del empobrecimiento o de la destrucción de la naturaleza”. Es el mismo comandante que, hace años, cuando los obispos empezaron a criticar las desviaciones marxistas del sandinismo, afirmó: “Yo creo en Cristo, pero no en los Obispos”.
No faltaron personas, en tiempos en que el marxismo estaba vigente, que sostenían: “Cristo fue el primer marxista de la historia”.
¿Qué decir al respecto? ¿Se pueden sostener estas afirmaciones, según la doctrina católica?
Juzgar
Ante todo, hay que distinguir qué se entiende por socialismo. Si se le hace equivalente al marxismo, que es un materialismo cerrado a la trascendencia, centrado en la economía y en la buena intención de hacer a todos iguales, obstruyendo las libertades individuales y la iniciativa personal, es obvio que este socialismo ya está superado por la historia. Si se pretendiera poner a Cuba como modelo de este sistema, habría que preguntar a los cubanos por qué tantos de ellos hacen angustiosos intentos por huir de su país. Son innegables algunos logros en salud, alfabetización, instrucción escolar, trabajo, aunque mal remunerado, y un mínimo de alimentos, racionados, pero a costa de derechos humanos fundamentales, sobre todo de la libertad religiosa. Es obvio, por tanto, que si al sistema socialista se le identifica con el marxismo, Cristo no es socialista.
En cambio, si por socialismo se entiende la lucha para que el sistema social, político y económico sea justo y solidario, sobre todo para que los pobres vivan con la dignidad que Dios quiere, eso está muy de acuerdo con lo que Cristo vino a enseñar. Su mayor preocupación fue que aprendiéramos a amarnos como hermanos, con una opción solidaria por los marginados. Esa es la prueba de que en verdad lo hemos comprendido y de que somos discípulos suyos. Por lo que hayamos hecho a favor de los excluidos, seremos evaluados al fin de nuestra historia, y mereceremos el cielo o el infierno.
Los primeros cristianos se distinguían por compartir fraternalmente sus bienes, de modo que entre ellos no había quien padeciera necesidad. Si esto es lo que se pretende poner en práctica cuando se habla de socialismo, ¡bienvenido! Y todos hemos de comprometernos en ponerlo en práctica, pues en ello se juega nuestra identidad cristiana. Sin embargo, esto no se puede lograr pisoteando derechos inalienables de las personas y de las sociedades.
Al respecto, es ilustrativo lo que acaba de expresar el Presidente de la Conferencia Episcopal de Venezuela, monseñor Ubaldo Santana: “El presidente ha anunciado su decisión de impulsar a Venezuela por el camino del “socialismo del siglo XXI”. Este tema no debe dejar a nadie indiferente. La Iglesia tiene una palabra que ofrecer al respecto y está dispuesta a dar su contribución en el diseño de este proyecto, manteniéndose fiel a los postulados del Evangelio y de la Doctrina Social de la Iglesia: el reconocimiento de la unidad de la persona, de su trascendencia y de su libertad en sus múltiples dimensiones, defensa y garantía de sus derechos humanos, independencia y equilibrio de los poderes. Bien conocida es la posición de la Iglesia que considera contrarios al verdadero desarrollo humano tanto el sistema fundamentado en el neoliberalismo salvaje, como los sistemas socialistas que se fundamenten en el marxismo-leninismo. Al hablar de socialismo del siglo XXI, se puede entender que se quiere deslindar o por lo menos diferenciar de los socialismos reales del siglo pasado que tanto sufrimiento, dolor y muerte trajeron a la humanidad”.
¿A qué se debe que propuestas, como las de Hugo Chávez, tengan tantos seguidores? Sigamos escuchando a monseñor Santana: “Las utopías de diversos cortes revolucionarios han vuelto por sus fueros luego de un largo eclipse en América Latina, montadas en la ola del desencanto provocado por el fracaso de democracias representativas, fundamentadas en modelos capitalistas neoliberales que no fueron capaces de eliminar las flagrantes desigualdades sociales y superar la grave lacra de la pobreza… Algunos de los cambios políticos que se están produciendo llevan en sus entrañas una poderosa aspiración de edificar un orden más justo de la sociedad y del Estado. Intentan darle voz y poder a los excluidos del mundo. La causa es legítima, pero ¿cómo saber si se están utilizando las estrategias adecuadas? El Estado no se puede encargar solo de tan compleja e ingente tarea. Lo que hace falta no es un Estado que regule y domine todo, sino que generosamente reconozca y apoye, de acuerdo al principio de subsidiaridad, las iniciativas que surgen de las diversas fuerzas sociales”.
Actuar
Seamos críticos ante quienes invocan el nombre de Dios para justificar el terrorismo, las guerras, los sistemas explotadores de los pobres, los totalitarismos inhumanos, las represiones indebidas. De igual manera, sepamos discernir los hechos reales, no los discursos, de quienes invocan a Cristo para implantar sistemas distintos u opuestos. Jesús es muy claro:
No todo el que me llame “Señor, Señor”, entrará en el Reino de los cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial” (Mt 7,21). Y la voluntad de Dios Padre es la justicia, la opción por los pobres, el amor mutuo; no los insultos, la vanidad, el poner la confianza en los recursos económicos, la obstrucción de la justa libertad.
Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas