Roberto Lovera De Sola escribe sobre Gisela Kosak y su libro “Venezuela el país que siempre nace”.Parte III

Agosto 25, 2008 por Josefina

LA IZQUIERDA VENEZOLANA

Nuestra izquierda siempre quiso tomar el poder en Venezuela. Lo intentó en 1936. Caído Marcos Pérez Jiménez(1914-2001) volvió a su deseo, sobre todo gracias al empuje recibido de la Revolución Cubana(enero 1,1959) de Fidel Castro al tomar el poder e imponer poco tiempo después un modelo marxista de gobierno a través de las dos “Declaraciones de La Habana”(Primera: mayo 2,1960;Segunda: febrero 4, 1962) como muy bien lo estudió Tad Szulc(Fidel: un retrato crítico, ed. 1987, p.590 y 655). En su libro Szulc, gran biógrafo internacional(lo es también de Juan Pablo II en notable obra), si bien su análisis es imparcial no pudo esconder la fascinación que sintió por la personalidad de Fidel Castro. Comprendió muy bien este escritor nuestro ámbito y nuestras peculiaridades, nuestra sensibilidad, al deslizar esta consideración:”la lógica nunca ha sido un elemento predominante en el Caribe”(p.567) así es.
Al iniciar el proceso democrático cometió la izquierda venezolana de entonces tres errores: en aquel momento de los sesenta en que comenzó su insurgencia se había reiniciando la democracia deseada por la mayoría tras la caída de la dictadura(enero 23,1958), de allí la oposición generalizada al PCV y MIR, recuérdense lo sucedido en las elecciones de 1963 cuando la guerrilla llamó a la abstención y la gente votó para elegir a Raúl Leoni(1905-1972). Segundo: el hecho de haber creado una guerrilla rural en un país urbanizado lo cual los dejó sin eco alguno, les engendró más bien la animadversión de los campesinos. Y tercero: la corrupción de sus ideales cuando la guerrilla degeneró en delincuencia, cosa que vio el ojo avizor de un narrador, hombre de izquierda, el escritor Carlos Noguera en su cuento “Altagracia y otras cosas”(El Nacional: agosto 3,1969) que luego fue desarrollado, recreado e inserto dentro de su celebrada novela Historias de la calle Lincoln(1971), que toca también aquella insurgencia.
Para la izquierda, y Gisela Kozak lo explora, los sesenta han sido la historia de una experiencia frustrada y dolorosa. De allí que entre ellos, sobre todo los que no han podido avanzar al unísono con los tiempos, con los grandes cambios políticos de nuestro tiempo, sobre todo desde 1968(Revolución de Mayo en Paris, democratización del socialismo checo e invasión de la URSS a ese país para poner fin al intento de crear un socialismo tolerante, de darle un rostro humano), los que no pudieron ver y comprender la caída del socialismo autoritario(1989) y sueñan ahora, bajo Chávez, con el anacronismo de una revolución imposible y con la creación, doctrina que no existe, del Socialismo del siglo XXI. Casi todos estos izquierdistas, hombres y mujeres piensan en ello, menos los verdaderos honestos revolucionarios, quienes comprendieron la realidad y sus sucesos, recluidos ahora en el silencio de sus hogares, en sus estudios y bibliotecas. O escribiendo libros tan comprensivos como aquel hace varios meses redactaron Freddy Muñoz y Américo Martí(Socialismo del siglo XXI:¿huida en el laberinto?.Caracas: Alfa, 2007. 223 p.). Para la izquierda en general los sesenta se convirtieron en una añoranza constante, en la melancolía por la utopía perdida. Y fue ello, además de la pasión de la izquierda por el militarismo, los que los llevó a apoyar a Chávez sin darse cuenta que este es un fascista doctrinario. Y no lo afirmamos por utilizar una palabra que puede tener un sentido panfletario dicho en medio del combate político. Lo decimos porque ello es así. Las ideas de Chávez, aunque él no lo sepa, porque su formación intelectual es muy escasa, vienen del fascismo(1915) Benito Mussolini e incluso de la “Acción Francesa”(1907), del nazismo, del totalitarismo staliniano que pasó a la Cuba fidelista y de allí llegó hasta Chávez y los suyos. Y es por ello que la izquierda marxista no debió apoyarlo nunca y no caer en el espejismo de creer que seguían a un dirigente de la izquierda marxista cosa que Chávez no es. No es este el lugar para estudiar este crucial y espinoso asunto, pero lo exponemos no por nuestra oposición al régimen en el poder en Venezuela sino como un análisis de la teoría política que lo sostiene en sus grandes libros. Y es tanto que cuando Chávez y sus paniaguados, como el hombre del programa “La hojilla”, Mario Silva, llaman a la oposición venezolana “fascista” no se dan cuenta que los fascistas son ellos mismos, todos los seguidores de Chávez.
Y es del fascismo desde donde Chávez se ha puesto a derruir los fundamentos de la democracia venezolana disolviendo sus grandes instituciones y convirtiéndolas en simples oficinas del Poder Ejecutivo desde el cual les imparten las órdenes de lo que deben hacer, incluso cómo deben ser las sentencias de los jueces, las persecuciones políticas que se organizan desde la “Fiscalía General de la República”, la tolerancia con todas las formas de corrupción administrativa que avala la “Contraloría General de la República” o ese antro inmoral que es la llamada “Defensoría del Pueblo”. Y el pútrido Consejo Nacional Electoral en donde se han organizado todos los fraudes que han permitido a Chávez gobernar nueve años seguidos hasta el momento. Esto fue así hasta las elecciones del 2 de diciembre de 2007 en la cual el país votó en contra de la Reforma Constitucional Comunista propuesta por Chávez. Los resultados fueron respetados por la presión que ejerció sobre Chávez, que no pensaba respetarlos, el Alto Mando Militar y varios miembros íntegros del CNE, siempre entre la hojarasca aparece alguna flor, porque su presidenta Tibisay Lucena, otra de las meninas del comandante, trató a no respetar el resultado. Tanta ha sido la disolución que en el caso del gobierno de Chávez estamos ante “una dictadura elegida”, electa con los votos de sus seguidores, sobre todo por todos aquellos que lo hicieron el 3 de diciembre de 2006, como lo ha explicado el sociólogo chileno Fernando Mires(Al borde del abismo,ed.2007,p.125 y 177), cosa esta nunca sucedida dentro de las autocracias latinoamericanas. Y esto pensando incluso en su excepción: la dictadura del Libertador(1828-1830) régimen de emergencia, para el cual marcó el propio Simón Bolívar(1783-1830), desde el día de su inicio, cuando sería su fecha final, hasta donde aquel gobierno duraría: hasta la instalación del llamado Congreso Admirable a principios del año treinta. Y lo cumplió.
Los grandes libros que narran los avatares de la lucha armada, aquella experiencia lacinante y fallida, son mirados, hondamente, en ejemplares análisis literarios por Gisela Kozak en este libro. Explora agudamente El round del olvido de Eduardo Liendo, Los últimos espectadores de los acorazado Potemkin de Ana Teresa Torres, El diario íntimo de Francisca Malabar de Milagros Mata Gil y La flor escrita de Carlos Noguera. Por cierto que los personajes de Noguera en La flor… vienen de sus Juegos bajo la luna(1994) y han ido a dar a Los cristales de la noche(2005). El round… y Los últimos… lo examina Gisela Kozak en espléndidos, sagaces y largos estudios analíticos los cuales le dan al tomo que escrutamos un lugar de privilegio dentro de nuestra crítica literaria. Y tan es importante la producción relacionada con los años de la insurgencia de la izquierda entre nosotros(1961-1968) que se hace necesario tratar todo lo relativo de la letras de la lucha armada para una mejor comprensión del período.
Nosotros hemos seguido paso a paso tales obras, como crítico literario, con constancia, tanto que creemos haberlas leído todas, tanto los poemas, las novelas, los cuentos, las obras teatrales, los estudios crítico literarios, las autobiografías y los tomos de historia sobre este asunto crucial dentro de las vivencias de la vida venezolana desde los sesenta. Hechos que revivieron con la llegada de Chávez al poder por la presencia en su gobierno de todos los anacronismos ahistóricos y dinosauricos de nuestra izquierda, incluso de la hispanoamericana subrayada por la presencia del principal “idiota latinoamericano”, el ideólogo de Las venas abiertas de América Latina(1971), Eduardo Galeano. Y junto a él aparecen cada día en las estaciones televisivas chavistas, muy malas por cierto, sin contenidos que tengan sentido, todos los viejos derrotados de la izquierda continental, todos los que no ha sido capaces, pese a que fue uno de los puntos esenciales inculcados por el viejo gruñón Carlos Marx(1818-1883), de estudiar nuestra realidad continental y comprenderla en sus rasgos esenciales. Ellos lo que hacen es aplicarles antiojeras, mirar sólo lo que les interesa, poner siempre por delante los prejuicios que como dijo alguna vez Luis Beltrán Guerrero(1914-1997) quiere decir hacer “juicios previos”(Razón y sin razón,ed.1954,p.121).
Esta a la que nos asomaremos en sus grandes rasgos ahora sería la historia literaria de la violencia y las letras sobre ella.
Y dentro de la violencia, asunto que ha movido plenamente en este caso la pluma de Gisela Kozak, hay un libro decisivo de Orlando Araujo: Venezuela violenta.(Caracas: Hesperides,1968. 182 p.) al que hay que volver una y otra vez cuando se examinan estos asuntos. No nos explicamos por qué Venezuela violenta no ha vuelto a publicarse en estos años. Sólo nos ha quedado de ella su primera y única edición hecha gracias al buen ánimo de Raúl Bethencourt.
Y de la misma forma, y tiene que ver con todo esto, tampoco lo encontramos razón al hecho de que los libros de nuestro primer marxologo Ludovico Silva(1937-1988) no se hayan impreso de nuevo, ayudarían mucho a la comprensión de los debates que en esta desarticulada Venezuela chavista se llevan a cabo. Pero por desgracia los valores intelectuales, aunque parezca lo contrario, están muy lejos de la realidades del régimen de Hugo Chávez. Y es otra de sus lástimas, las más grave y peligrosa.
El otro libro donde podemos seguir la inmensa eclosión de la violencia en la tierra venezolana, en la Venezuela de los caudillos, descrita esta de forma descarnada, es la novela de José León Tapia(1928-2007) El tigre de Guaitó.(Caracas: Ediciones Centauro, 1979. 333 p.), sobre aquel caudillo gamonal de las montoneras del fines del siglo XIX que se llamó Rafael Montilla(1859-1907), llamado el “Tigre de Guaitó”, el lugar su refugio, su escondite y su querencia.
Pero no hay que perder de vista el presente. Por ello mira en su libro Gisela Kozak la llegada al poder con Hugo Chávez(febrero 2,1999) apoyado en la izquierda para realizar sus sueños: derribar todo lo útil creado en Venezuela en los últimos setenta años, desde la divulgación del “Programa de Febrero”(febrero 21,1936) del presidente Eleazar López Contreras, que fue una de las consecuencia de la gran manifestación del 14 de febrero de 1936 pidiendo libertades públicas, “Día de la democracia” fue este para Manuel Caballero(Revolución, reacción y falsificación, ed. 2002,p.198). Por ello la democracia y nuestro desarrollo contemporáneo no se inició ni el 23 de enero de 1958 ni el día de la firma del “Pacto de Punto Fijo”(octubre 31,1958) ese mismo año sino mucho más atrás, incluso, desde antes de 1936, desde el momento en que bajo el gomecismo se creó el Estado moderno entre nosotros. Y el proyecto de la democracia plena en Venezuela procede de mucho más atrás, del “Decreto de Garantías”(agosto 18,1863) del general Juan Crisóstomo Falcón(1820-1870), aun no había sido ascendido a Mariscal, eso fue el 26 de diciembre del mismo año en Coro, al concluir la Guerra Federal y llegar sus soldados al poder tras el “Convenio de Coche”(abril 24,1863). Conspirar contra el sistema de vida de los venezolanos ha sido la máxima actividad de Hugo Chávez, ese modo de vivir es la democracia. Chávez ha querido demoler la democracia, y lo ha tratado de hacer cada día, sin suerte aun porque las fuerzas democráticas se le oponen, el país democrático, como lo hemos llamado, está situado más allá de la política reside dentro de las almas, las conciencias y espíritus de los venezolanos, está en su inconsciente, por ello acabar con la democracia es imposible, no hay que olvidar que fue dentro de la democracia en donde, gracias a la tolerancia del sistema, vivió la izquierda desde la caída de Pérez Jiménez, fue respetada mientras no tomó las armas contra el orden creado al fin de la dictadura, una democracia que les permitió siempre a los izquierdistas, libertad para pensar, gracias a la autonomía universitaria, creada por un decreto(diciembre 18,1958) de aquel viejo y siempre querido profesor Edgar Sanabria(1911-1989) en la época en que fue presidente de la Junta de Gobierno(noviembre 13,1958-febrero 13,1959). Fue la autonomía universitaria la que permitió a los profesores de comunistas tratar incluso los temas prohibidos por aquella sociedad plural e inculcar sus ideas y empujar a sus alumnos a analizarlo todo desde el punto de vista del marxismo, todo ello gracias a la libertad de cátedra. Nunca inculcaron a sus educandos en las universidades otros modos de acercamiento a la realidad venezolana como sería el caso de examinar los asuntos a través del pensamiento democrático y liberal venezolano, por medio de los libros de Rómulo Betancourt(1908-1981) o Rafael Caldera(1916), los verdaderos creadores del sistema de la libertades como lo reconoció el historiador inglés Hugh Thomas en Una historia del mundo (ed.1982,p.587,nota). E incluso penetrar en la realidad venezolana a través de su rica historia de las ideas, por medio de sus grandes pensadores, aquellos que comenzaron a cavilar y hacer públicos sus pensamientos desde fines del siglo XVIII, a todo lo largo del siglo XIX y luego atar con el ideario más contemporánea, surgido por cierto de la izquierda con la generación de 1928 una de cuyas consecuencias fue la fundación del Partido Comunista de Venezuela en 1931 por Juan Bautista Fuenmayor(1905-1998). Ello fue posible precisamente gracias al fecundo vientre que fue donde engendró nuestra pródiga democracia. Y ello está vivido, sentido e inmerso en las almas de la mayoría de los venezolanos quienes hoy la siguen deseando porque es su sistema de vida, es por ello que hemos considerado siempre que el mayor pecado de Chávez es su tentativa de abolir el sistema de vida de los venezolanos que es la democracia.
Todo esto lo trata con sin par mirada Gisela Kozak, con ojos siempre críticos y siempre oponiéndose con certeza y sentido a lo que sucede en Venezuela desde 1999. Y, pese a todo, no hay que olvidar nunca que “siempre habrá Venezuela”, como lo dijo el editor Miguel Angel Capriles(1915-1996).

Publicado en Sillares |

Una Respuesta

  1. JAJA Dice:

    JAJA, UPYACHKA! UG NE PROIDET, BLYA!

Deje un Comentario

Nota: Su comentario puede demorar en aparecer. No es necesario enviarlo de nuevo.