Roberto Lovera escribe sobre el libro de Gisela Kozac “Venezuela , el país que siempre vive” Parte II
Josefina
A REBELDÍA DE LOS AÑOS SESENTA
Los sesenta son una época cenital en nuestra historia contemporánea porque al iniciarse apenas había comenzado también el régimen de la democracia representativa, sancionado no sólo por los votos de la mayoría de los venezolanos en las elecciones generales de 1958 (diciembre 7) sino también, previamente, por un certero acuerdo de unidad política entre los partidos, el “Pactoak, convirtió “a los años sesenta en un momento clave de nuestra modernidad urbana y en el recuerdo persistente transformado en literatura y hoy en impulso político: lanzarse a la lucha armada sin darle a la democracia venezolana la oportunidad de medirse a sí misma y dejándola en manos de sus factores probablemente más conservadores”(p.78).
“Cuando nos referimos a los años sesenta(en Venezuela) estamos hablando, además, de un momento estelar de la modernización urbana venezolana del siglo XX: crecimiento económico, oportunidades de ascenso y movilización social como en pocos de América Latina, entrada de oleadas de inmigrantes, masificación de la educación, comienzos de la era democrática en un país de tradición dictatorial, auge urbano”(p.78).
“Los cambios internacionales propios de esta época tienen indudable impacto en el país, desde la Revolución Cubana hasta el feminismo, los movimientos juveniles y la liberación sexual…no todo era color de rosa, pero tampoco color de hormiga”(p.78).
“La reacción de un sector muy importante de nuestros intelectuales ante la derrota militar, política e ideológica, a finales de los años sesenta, se tradujo en una duda radical del valor mismo de la actividad artística y literaria, duda potenciada por la definitiva consolidación del predominio de la esfera mediática en el país”(p.19).
Se necesita, como plantea la autora, a la vista de El round del olvido de Eduardo Liendo, que los años sesenta sean vistos por sus protagonistas con una mirada “entre crítica, afectuosa y sin amarguras”(p.39), hay que “saber, iluminar, entender”(p.44) esa época como deduce de su lectura de la novela de Liendo; y entender bien lo que ella misma llama “las vueltas de la historia”(p.39) seriamente incomprendidas por la izquierda venezolana y por el chavismo.
En Los últimos espectadores…se examina, a su entender, “el hilo que une al caudillismo decimonónico y la guerrilla comunista de los años sesenta del siglo XX con la vituperada democracia venezolana”(p.51). Eso es lo que explica la presencia de Chávez y el intento anacrónico de revivir lo ya pasado sin escuchar las lecciones de la historia mundial reciente. Ese intento erróneo, distorsionado, inexplicable, de volver a revivir el pasado, cosa imposible, nos ha resultado a nosotros, un humanista cristiano(y por lo tanto nunca ñángara, ni ateo) quien siempre siguió con pasión los avatares y los cambios del devenir de los años de su vivir, por un lado inexplicable y por otro un asunto de apasionante interés como tema de investigación, análisis y meditación. De allí la importancia que tiene esta anotación de Gisela Kozak a partir de su lectura de Los últimos espectadores…,y en especial de uno de sus pasajes en donde encontramos la autobiografía de un revolucionario,”quien encarna el particular devenir de la historia venezolana enmarcada en la utopía revolucionaria izquierdista, el desencanto político posterior a la caída del socialismo europeo oriental y el escepticismo ante la democracia que marcó a Venezuela hasta los años noventa del siglo pasado”(p.58), allí está “la decepción, la ironía, el desencanto ante los proyectos socialistas del siglo XX”(p.65).
Otra interrogante que hay que hacer es el por qué de la oposición de la izquierda al régimen democrático el cual a la larga se impuso hondamente por ser de hecho el modo de vida de los venezolanos al menos desde 1863, ratificado plenamente en 1936. La democracia fue tan pródiga que perdonó, acogió a los insurgentes y muchas de las profundas lecciones del vivir democrático fueron comprendidas incluso por algunos de ellos. No es casual que haya tanta gente de izquierda, marxistas militantes, incluso ex guerrilleros, entre los adversarios y antagonistas del actual gobierno, algunos hombres de izquierda han aprendido con el estudio constante de la realidad las lecciones que nos enseña el presente, han encontrado como superar las falacias del distorsionado pensamiento de izquierda que por mucho tiempo predominó, el cual fue erróneo y el cual además los sucesos dejaron atrás, muy atrás.
A nosotros nos ha ido enseñando cada día el estudio constante de los sucesos de cada momento, durante todos estos años, desde los grandes cambios iniciados en 1968, cuando rayábamos en nuestros veinte y dos años y ya la política nos interesaba tanto como el cultivo de la crítica literaria y el estudio de la historia. Por ello hemos sido un escritor politizado, sensibilizado para seguir y entender lo que acaece fuera y dentro de Venezuela, lo que nos dicen los hechos políticos y sociales y los que nos enseñan los libros de análisis sobre estos sucesos que periódicamente se han publicado. No hemos participado directamente en la política, sólo en la actividad cultural, porque a nuestra generación los activistas de nuestros grandes partidos no nos lo dejaron hacer y porque, esto es decisivo, hace mucho tiempo, comprendimos que los idealistas no tenemos cabida en la política de Venezuela.
Y continúa Gisela Kozak con esta observación “con una ironía a prueba de balas, Julio Miranda comentaba en el prólogo a El gesto de mostrar(p.40), refiriéndose a los escritores locales más jóvenes, que la literatura nacional no se había ‘pacificado’ pues continuaba apegada nostálgicamente a las aventuras guerrilleras de la década del sesenta, hoy sorprendente de moda en la Venezuela neosocialista del siglo XXI. Miranda hace de pasada una rápida, clarividente y mordaz observación genealógica: la narrativa de la violencia en Venezuela tiene su fecha formal de nacimiento en la belicosa patria nueva del siglo XIX con Venezuela heroica y Zárate, ambas de Eduardo Blanco… Se nos ofrece así una clave que contradice el cáustico título del artículo de no menos cáustico crítico Carlos Sandoval. Y es que ‘El cadáver insepulto del sesenta’ no era cadáver. La década del sesenta sufrió una suerte de catalepsia”(p.77). Por ello llega a comprender: “la nostalgia por los sesenta es un verdadero lastre en la literatura y,…en la vida venezolana”(p.81).
“¿Y estos sueños donde quedaron?…El Che volvió a Venezuela. En el caso venezolano la realidad salta a la vista: la revolución bolivariana neosocialista, comandada por el presidente Hugo Chávez, militar, de origen rural y (bis)nieto de Maisanta, uno de los tantos antecedentes reales del imaginario general Pardo de la novela de (Ana Teresa) Torres. Las simpatías del presidente y sus partidarios por el movimiento guerrillero de los sesenta y por los caudillos decimonónicos rurales al estilo Ezequiel Zamora(117-1860) y Cipriano Castro no son un secreto para nadie. No se equivocaba Orlando Araujo(1928-1987) al extender un hilo de continuidad entre todas las revoluciones frustradas de Venezuela, como no se equivocó Julio Miranda al relacionar la nada pacífica narrativa reciente con sus antecedentes del siglo XIX. No se ha equivocado tampoco…Manuel Caballero al afirmar en Las crisis de la Venezuela contemporánea(ed.2003,p.189-192)…que en Venezuela hay un ‘fondo de autoritarismo nostálgico’ que contagia por cierto a la izquierda nacional y que se traduce en el apoyo a las aventuras golpistas militares”(p.89), o, sigue Gisela Kozak, “Para decirlo literariamente, Andrés Barazarte, protagonista de País portátil(1969), de Adriano González León, triunfó y está en el gobierno actual, codo a codo con el general Pardo, personaje de la novela de (Ana Teresa) Torres, entre otras cosas para reinvindicar a su alzada parentela de liberales decimonónicos y héroes caudillistas rurales. Venezuela, o parte de ella, sigue siendo militarista, revolucionaria, bolivariana y…heroica, seducida todavía, en palabras de Tulio Hernández en ‘posesión e instrumentalidad del héroe criollo…Entre el revolucionario del año 2005, el revolucionario marxista de los sesenta, el montonero del siglo XIX hay un parentesco que se explica en la siempre renovada esperanza de que la violencia y la ruptura institucional sean la panacea para nuestros persistentes males nacionales”(p.89-90).
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Septiembre 13, 2008 a las 6:10
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Noviembre 4, 2008 a las 8:42
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