Roberto Lovera De Sola escribe sobre Gisela Kosak y su libro “Venezuela el país que siempre nace”. Parte I
Josefina
TALLER CRITICO
de Punto Fijo”(octubre 31,1958) el cual dio a Venezuela cuarenta años de estabilidad política. Esto no lo comprendió la izquierda insurgente.
Esa década, dice Gisela KozVENEZUELA, EL PAIS QUE SIEMPRE NACE
por:R.J.LOVERA DE-SOLA
¡Qué suerte tiene una editorial cuando todos los libros que publica son interesantes y estimulantes¡. Esto nos ha sucedido plenamente con el importante libro de Gisela Kozak, situado a caballo entre la crítica literaria y la reflexión ensayística, Venezuela, el país que siempre nace.(Caracas: Alfa,2008. 109 p.). Es breve pero denso. Y su lectura obligatoria. Y de distinta índole, varios, los comentarios que se pueden tejer a partir de él.
Todo el grueso del examen que ella realiza en su obra está hecho a partir de la lectura certera de las novelas Los últimos espectadores del acorazado Potemkin(Caracas: Monte Avila Editores,1999. 309 p.) de Ana Teresa Torres, El round del olvido(Caracas: Monte Avila Editores,2002. 506 p.) de Eduardo Liendo, La flor escrita(Caracas: Monte Avila Editores,2003. 503 p.) de Carlos Noguera y El diario íntimo de Francisca Malabar(Caracas: Monte Avila Editores, 2002. 219 p.) de Milagros Mata Gil.
La violencia permanente en nuestra historia, el caudillismo su expresión, cosa que estudia la autora desde atrás pero en sus testimonios escritos. Dijo el crítico Julio Miranda(1945-1998), en el prólogo a su antología El gesto de mostrar.(Caracas: Monte Avila Editores,1998,p.40), a quien ella cita(p.77), que su recreación primera se encuentran en dos célebres libros de don Eduardo Blanco(1838-1912): Venezuela heroica(Caracas: Imprenta Sanz,1881. XII, 266 p.; 2ª.aum.Caracas: Imprenta Sanz, 1881, cubierta, XXII,599 p.) en el cual vemos todo el desatarse de la violencia durante la guerra emancipadora, tanta que llevó el historiador británico John Lynch a caracterizar la guerra de independencia en Venezuela como las más violenta de América Latina(Las revoluciones hispanoamericanas,ed.1976,p.213). Y también aludió nuestro inolvidable Julio Miranda en el segundo caso a la novela Zárate(Caracas: Imprenta Bolívar,1882. 2 vols.) en la cual ya es evidente no sólo la violencia que domina los valles de Aragua y Carabobo en los años veinte del siglo XIX, ya con Páez en el poder, sino la presencia del caudillismo.
El caudillismo, lo dijo al maestro Arturo Uslar Pietri(1906-2001),”hasta ahora la más original y acaso única creación política del mundo hispanoamericano ha sido ciertamente el caudillo”(Viva voz, ed. 1975,p.171). Esta meditación era antigua en él, la encontramos muy atrás en uno de los ensayos de su libro Apuntes para retratos(1952) titulado “El Cid y los caudillos”(Obras selectas, ed.1956,p.1009-1011). Esto lo prosiguió en un pasaje muy significativo de “Una legión de malditos” en donde recuerda el encuentro del caudillo argentino Rosas con el sabio europeo Charles Darwin, un encuentro desventurado, un momento de desentendimiento(Godos, insurgentes y visionarios, ed. 1985,p.85-95). Don Arturo también trazó la silueta del último de nuestros caudillos en su novela Oficio de difuntos(1976). Allí está el retrato psicológico de Gómez.
Al parecer que la creación política latinoamericana del siglo XX es el populismo, según advirtió el analista político Alvaro Vargas Llosa al periodista venezolano Rafael Osío Cabrices(El horizonte encendido, ed.2006,p.353).
IR Y VENIR
Nuestro comentario a Venezuela, el país que siempre nace será extenso, a ello nos ha empujado su lectura y sobre todo a aquello que nos va planteando a medida que vamos recorriendo sus páginas y meditando en sus contenidos. Por ello nos detendremos en diversos tópicos y muchas veces aparentemente nos alejaremos de lo escrito por Gisela Kozak, quizá parezca al lector que nos distanciamos pero siempre terminaremos llegando a ella y sus lúcidos planteamientos, hechos en tan estimulante obra.
ESTE LIBRO
Este es un libro producto de lecturas, hijo de una Venezuela leída, sentida, sufrida, seguramente con aquella “vivencia, conjuro y añoranza” que nos pidió hacerlo Mariano Picón Salas(1901-1965) en su Suma de Venezuela.(ed.1966,p.9). De allí la entrañable observación de su autora sobre el ejercicio de la lectura. Esta es para ella, cosa que compartimos, “Nada más distinto a la lectura de un libro, de una novela o un poema, operación intelectual de máxima complejidad que requiere de un entrenamiento largo…la lectura… requiere de un tiempo, una atención, una intimidad”(p.17-18).
No hay que olvidar que este libro se inicia, en su primera línea con estas observaciones: ”El pensamiento, la literatura y el arte en Venezuela forman parte de una irrenunciable herencia pero, para nuestro infortunio, se han prestado en demasiadas ocasiones para justificar la rebelión, el espíritu contrario a la institucionalidad, la violencia, el caudillismo o el rigor dictatorial como destino inevitable”(p.9).
Por ello indica “la crisis demoledora por la que pasa nuestro país, escritores, investigadores, docentes, críticos estamos planteando en forma no concertada una revalorización del pasado y presentes literarios locales”(p.15), ¿”cuales son las razones históricas, culturales, sociológicas, educativas a consecuencia de las cuales los venezolanos tendemos a negar nuestras realizaciones en el tiempo?¿Por qué la insatisfacción lógica respecto a las carencias lleva a negar los logros, a ocultarlos, a olvidarlos, en un acto de ceguera que sólo prolonga el escepticismo y el desconocimiento en las nuevas generaciones, formadas por nosotros, escépticos de oficio?”(p.15).
Y sobre los ensayos que forman su libro acota: “El hilo conductor que los reúne en el extraordinario peso que la política, la historia y el Estado han tenido en la vida intelectual y literaria venezolana y cómo ésta prefiguraba el advenimiento de un movimiento caudillesco y populista, la revolución bolivariana, convertidas ahora en el socialismo del siglo XXI”(p.11).
Indica: “Creo que esta guerra contra la institucionalidad y el ejercicio ponderado de la política de la intelectualidad, y, hay que decirlo, de la sociedad venezolana, nos ha hecho perder o ignorar los instrumentos ganados a través de tantos años de historia: partidos políticos, tradición literaria y cultural, instituciones educativas, logros legales y constituciones”(p.10).
“Por estas razones estudiar la literatura y la cultura venezolana se ha convertido en un imperativo político, ético, estético y vital”(p.10), “He dedicado los últimos años a trabajar la literatura venezolana vista como uno de los logros culturales de nuestra sociedad, más allá de las valoraciones diversas y divergentes que convoca el tema, en especial hablamos de la novelística”(p.10).“La literatura era la vía regia para pensarse a sí mismos(as) y relacionarse con el mundo, el camino providencial en la indagación de la identidad nacional y la construcción de un mundo distinto”(p.46), “Pero así como cada individuo requiere de una historia que lo sitúe en el mundo y necesita sus ficciones consoladoras, las naciones tienen sus propios héroes, sus propios relatos fundadores, sus mitos indispensables usados con fines políticos. En el caso venezolano el paradigma sería el culto a Simón Bolívar, de tan larga y desafortunada vida en el imaginario venezolano. No obstante, hay otros mitos más recientes, que, por cierto, coinciden con los deseos heroicos inconfesados del protagonista: los mitos revolucionarios de los sesenta”(p.70), se refiere ella aquí al protagonista de la novela Los últimos espectadores… de Ana Teresa Torres cuyo análisis es central dentro de las observaciones que hace la autora de este libro. Y porque esta ficción es obra mayor dentro de la ficción venezolana.
LA EPOCA
Uno de los hechos más fascinantes en Venezuela, el país que siempre nace es la comprensión que ella hace de la época que vivimos. Y ello tanto a nivel internacional como nacional, sobre todo en la incidencia sobre nuestro devenir de los sucesos de los años sesenta. Fue esta la década de la Revolución Cubana, del feminismo contemporáneo, que si bien había sido fundado primero por las sufragistas y dotado de sus elementos teóricos y prácticos, en 1949, por Simone de Bauvoir en El segundo sexo logró su plenitud universal gracias al feminismo norteamericano, especialmente gracias a obras como La mística de la feminidad(1962) de Betty Friedan o a Política sexual(1970) de Kate Millett. A estos tomos centrales añadiríamos hoy Contra nuestra voluntad(1975) de Susan Brownmiller, sobre la dolorosa experiencia de la violación, La primera vez(1981) sobre la iniciación sexual de la mujer. O ya dentro del llamado “postfeminismo” precisamente el libro de la ya citada Betty Friedan: La segunda fase(1981) e incluso La guerra contra las mujeres(1992) de Susan Faludi. Esto dicho así no hay que olvidar que el feminismo venía de muy atrás, había nacido en el siglo XVIII, en los días de la Revolución Francesa(julio 14,1789), a través del libro de la británica Mary Wolltonecraft(1759-1797): Vindicación de los derechos de la mujer(1792). Fue un contemporáneo masculino de esta singular mujer, el primer hombre latinoamericano en hablar de la concesión de los derechos políticos y de la libertad para divorciarse a las mujeres: Francisco de Miranda(1750-1816), su opinión(octubre 26,1792) está entre los papeles de su archivo (Colombeia, ed. t.X,p.275-276. Ver también nuestro “Miranda y los derechos de la mujer, El Diario de Caracas: marzo 14,1994). Por cierto que la Woltonecraft fue la madre de Mary Shelly(1897-1851) la autora de Frankestein o el moderno Prometeo(1817), hija de su segundo matrimonio con el notable editor y publicista William Godwin(1756-1836).
Fue la década del sesenta del siglo XX la del Concilio Ecuménico Vaticano II(1962-1965) que impulsado por el papa Juan XXIII(1881-1963), y realizado por su sucesor Paulo VI(1897-1978), puso en practica el necesario “aggiornamiento”, la puesta al día, de la Iglesia. Eso permitió que en América Latina fuera creada y desarrollada la Teología de la liberación desde los escritos del jesuita peruano Gustavo Gutiérrez.
Vino luego el singularísimo año 1968: Revolución de Mayo en París, el movimiento de la Primavera de Praga por la democratización del socialismo en Chacoeslovaquia y su represión: la invasión de la URSS a esa nación para impedir los cambios democráticos y poner fin a aquel experimento liberador(agosto 20). La experiencia checoeslovaca había sido marcada por Milán Kundera en su primera novela La broma(1967). Y el movimiento libertario dentro del comunismo tuvo tanto eco, en todas partes, que tres intelectuales venezolanos le dedicaron sus libros de aquellos días, obras de honda trascendencia hoy: Teodoro Petkoff a través de Checoeslovaquia: el socialismo como problema(1969), Manuel Caballero con El desarrollo desigual del socialismo y otros ensayos polémicos(1970) y Ludovico Silva en Sobre el socialismo y los intelectuales(1970). El desarrollo desigual…y Sobre el socialismo… fueron su primer libro en caso de Caballero y su primer libro en prosa en el caso de Silva quien, sin embargo, ya había publicado dos poemarios(Tenebra,1964 y ¡Boom¡,1966).
En América Latina como anota Gisela Kozak “Al igual que en otras regiones del continente, el feminismo, la cultura de masas representada en el heroísmo deportivo y la esperanza de la revolución modificaron la vida intelectual, las relaciones de poder, las aspiraciones de ascenso social y las relaciones personales”(p.39).
VENEZUELA
Con relación a nuestro país, “Este país de fracasados, imitadores y farsantes”(p.72) como ella dice,“Los venezolanos…somos los herederos de fracasos no sólo nacionales sino continentales”(p.72). El fracaso de la insurgencia armada y por mucho tiempo sus escasas expresiones literarias válidas y el hecho de que apenas exista una sola obra histórica sobre ella, que es distinta a las testimoniales, como es el caso de los libros de Angela Zago(Aquí no ha pasado nada,1972 y Sobreviví a mi madre,1995), sobre aquel asunto es suficientemente explicito.
CHAVISMO Y DEMOCRACIA
Habrá que marcar el 4 de febrero de 1992, y los años sucedidos después de él hasta el momento en que redactamos estas páginas, como días aciagos.
Gisela Kozak peregrina hacia atrás, sin salirse de las experiencias de los años sesenta y de sus derivaciones hacia los días que vivimos, por ello anota: “el particular devenir de la historia venezolana enmarcada en la utopía revolucionaria izquierdista, el desencanto político posterior a la caída del socialismo europeo oriental y el escepticismo ante la democracia que marcó a Venezuela hasta los años noventa del siglo pasado”(p.58), “un guerrillero puede parecerse demasiado a un montonero detrás de un caudillo. Y este parecido conecta con el presente nacional…es posible concluir, desde la lectura de Los últimos espectadores…que la izquierda de los sesenta en Venezuela estaba dormida, no extinguida. La Revolución Bolivariana es la demostración de que la izquierda venezolana esperaba su oportunidad para hacer gala de su espíritu de refundación del país, para mostrar un espíritu irredento de anacronismo político que impide una verdadera renovación de la izquierda y para reinvindicar el militarismo rural y patriarcal”(p.74), “la comprensible aunque indispensable herencia decimonónica de la historia nacional. No es de extrañar entonces que la Venezuela de los albores del siglo XXI mire con tanto fervor hacia el pasado”(p.74).
Aquí se impone una importante acotación: los guerrilleros fueron vencidos y entonces, como después de toda guerra, así la de ellos haya sido pequeña, se transformaron en hombres de la post-guerra, pero eran en ese caso aquellos quienes no estaban preparados para la paz. Este asunto tan crucial fue bien tratado por Francisco Herrera Luque(1927-1991) en Los viajeros de Indias(1961) obra decisiva sobre el pasado y presente venezolano si la ha habido. Sobre los hombres de la post guerra trae esta observación siempre singular como lo son siempre sus acotaciones. Esto tuvo que ver también con nuestros guerrilleros y guerrilleras de los años sesenta. Escribió el psiquiatra:”El peor daño que causan las guerras es revelarle al hombre su naturaleza reprimida. Por esto, muchos combatientes no aceptan cabalmente el armisticio. La tristeza y tensión que sienten en la post-guerra no se debe tan sólo a las pérdidas materiales y afectivas. La paz significa volver a estratificarse en el orden social. Volver al marco carcelario de la oficina cuando se tuvo por hogar el mundo. Es soportar nuevamente al jefecillo gruñón después de haber derribado hombres a punta de bayoneta. Es retornar a un medio que puede ser triste, lóbrego o sin sentido. Es aceptar nuevamente el futuro y estrechar el presente. La guerra es la liberación de este penoso esfuerzo. El hombre corriente, a pesar de todo, regresa a su antigua vida, vuelve a aceptar el cauce. Al fin y al cabo es de hombres adaptarse…Hay seres, sin embargo, que se quedan varados en el armisticio, como encallan los botes en el bajamar…Esta es la historia del bandolerismo, delincuencia e inmoralidad que azota a todos los pueblos después de la contienda”(Los viajeros…,ed.1970,p.93). La transformación de la guerrilla en delincuencia también se vivió en Venezuela, a ello se refiere un cuento de Carlos Noguera del cual nos ocuparemos más abajo. Así Herrera Luque tocó con su siempre certera mirada todos los ámbitos del suceso armado. Todo esto sucedió a nuestros insurgentes de los sesenta: no quisieron ni reintegrarse a la vida civil, ni ahondar en el por qué de su derrota ni buscar nuevos cauces para su vivir y para su acción política. En ellos pervivió el recuerdo de la palabra “guerra”, de volver a “hacer la guerra”, como reiterativamente nos decía a nosotros un ex guerrillero que iba constantemente a conversar con nosotros sobre estos asuntos en nuestra oficina de la Dirección de Publicaciones de Fundarte: era un derrotado pero no lo aceptada, ya las canas poblaban su cabeza. Y por ello estaba preso en sí mismo, en lo que no había podido ser y que él no había podido aceptar. Esto que describió con tanta certeza Herrera Luque es lo mismo a lo cual había aludido el maestro Rómulo Gallegos(1884-1969) en ciertos pasajes de La trepadora(1925) en lo que nos muestra a un hombre de las montoneras que ha dejado de actuar: “Ya del terrible guerrillero inutilizado por la paz sólo quedaba la memoria de sus hazañas…¡Ah, malhaya la guerra¡…Que eran los síntomas de aquel sombrío acceso de furor, tanto más peligroso cuanto que, no pudiendo lanzarlo a la guerra, por cualquier cosa lo lanzaba a las riñas”(ed.1977,p.153). También en La trepadora don Rómulo anatematiza la guerra civil, las montoneras y a los caudillos. Y es esta inestabilidad, el no haber puesto fin a la insurrección en 1969 con la “Pacificación” del presidente Rafael Caldera, el seguir soñando, el no pisar tierra, en vivir en el desarraigo, en no comprender el camino tomado por el país, pese a todos los males de nuestro sistema democrático, los cuales no podían ser corregidos sino con más democracia no con la autocracia de izquierda con la que ellos soñaban cada día, lo que les hizo creer que el viejo sueño de la guerra había despertado el 4 de febrero de 1992. Tanto que la campana que les sonó a los antiguos insurrectos, quienes para nada analizaron lo que tenían por delante y se entregaron a seguir las consignas de Hugo Chávez. Fue allí, y creemos que es su mejor testimonio, cuando surgió el libro de Ángela Zago La rebelión de los ángeles(1992). No pudieron todos aquellos ex guerrilleros, que no habían aceptado la paz y que era enemigos jurados del proceso democrático, darse cuenta que la verdad de lo que había surgido en aquel pronunciamiento era la posibilidad de un gobierno fascista, de un régimen opresor que tan bien describió seis años tarde Manuel Caballero, un hombre de izquierda pero un intelectual estudioso y buen comprendedor de la realidad, en su magnífico libro Contra el golpe, la dictadura militar y la guerra civil(1998) que reúne escritos concebidos durante los seis años que separan el golpe militar de 1992 de las elecciones de 1998. Es allí donde está la verdad.
Así podemos concluir en esta argumentación que la izquierda no sufrió un ataque de catalepsia entre 1969-1972 sino que estaba agazapada esperando, creyendo, erróneamente, que la historia se repite, vuelve a emerger. En verdad nunca volverán, ello es imposible, los años sesenta para ellos de la misma manera que cuando caiga Chávez o termine su gobierno para nada volverá el país a vivir la democracia puntofijista: surgirá otro modo de vivir dentro de la tolerancia y las libertades públicas con otros protagonistas. Pero es imposible retornar a 1958.
Y además hay que añadir sobre la personalidad del comandante presidente Chávez una observación que también trae Herrera Luque. Esta lo define muy bien, nos explica sus hondas patologías, el por qué le es imposible el trabajo sedentario, de hecho prácticamente no está nunca en su oficina laborando para el bien del país, en nueve años nunca ha gobernado, esta nos explica el por que de su desordenada cabeza, que haya llevado al país al caos, al desorden, a la anarquía, que es la de su propia personalidad, de su psiquis. Dijo nuestro siempre intuitivo psiquiatra:”Hay hombres que son como los equilibristas sobre la cuerda floja. Si no se mueven se desploman en el vacío. Su sino es marchar. No importa hacia dónde. Lo urgente es moverse. La quietud los aplasta y destruye. Por eso fijan metas inalcanzables”(Los viajeros…,p.147). Allí está pintado Chávez plenamente.
Otra semblanza del presidente Chávez está en estos versículos bíblicos:”Seis cosas hay que aborrece Dios,/y siete son abominación para su alma:/ ojos altaneros, lengua mentirosa,/manos que derraman sangre inocente /corazón que fragua planes perversos,/pies que ligeros corren hacia el mal,/testigo falso que respira calumnias,/y el que siembra pleitos entre los hermanos”(Proverbios: VI,16-19).
Volvamos a los planteamientos de Gisela Kozak de la cual al parecer nos hemos apartado. Ella apunta “Estado venezolano, fundido, de manera grotescamente antimoderna, con la personalidad del comandante-presidente Hugo Chávez y su visión excluyente de la nación venezolana…Un caudillo …cuyo espíritu refundador y su crítica visceral a la modernidad venezolana son ampliamente conocidos, sólo podía tener cabida en un contexto de evidente debilidad institucional en el que partidos políticos, poderes públicos y manejo económico se articulan en un mismo fracaso vivenciado como abandono de las funciones estatales por parte la sociedad venezolana”(p.102).
Y uno de sus corolarios, hay otros, “Las altisonantes críticas al neoliberalismo que han sido la médula del discurso del movimiento bolivariano parten de una apreciación justa para ofrecer un remedio erróneo”(p.102). Aunque, añadimos nosotros, las críticas al neoliberalismo forman parte del bonapartismo del régimen de Chávez porque si bien se critican esas políticas, de hecho el comandante lo hace cada vez que puede en su “Alo presidente y lo propala en sus giras”, a la vez esas mismas políticas neoliberales son las que impulsa el mismo gobierno desde el Ministerio de Finanzas. Es una inmensa paradoja pero es así. Y no ser neoliberales sería imposible porque no se puede apartar una economía capitalista y petrolera como la venezolana, de la marea del mundo económico de nuestra época cuyo camino es el propio del neoliberalismo. Esta, no se dicho bien, es otra de las mil contradicciones del chavismo que más que un movimiento de izquierda es un modo gobernar en el cual sólo impera el caos, la disolución de una sociedad radicalmente democrática como la venezolana, que lo es en su esencia como se puede probar plenamente con solo apelar a los papeles de nuestra historia.
La noción de “bonapartismo” es básica para entender el chavismo. Nadie la definido mejor que Domingo Alberto Rangel al explicar:”El bonapartismo siempre encierra una dicotomía. El bonapartista no deja de ser revolucionario ni de guardar sus nexos con las clases que han hecho una revolución. En cierto modo sigue siendo el jefe de esas clases. Pero en su conducta utiliza los resortes y las modalidades del viejo orden y de las clases enemigas. En esa contradicción entre lo nuevo en lo cual se apoya el jefe y lo viejo que es restaurado o perdonado radica la esencia histórica del bonapartismo”(Los andinos en el poder, ed. 1974, p.131). “Bonapartismo” viene de las políticas de Napoleón Bonaparte(17869-1821) en el poder en Francia. Rangel hace la definición a partir de su estudio del régimen(1899-1908) del presidente venezolano Cipriano Castro(1858-1924) uno de los caudillos más admirados por Chávez, como lo recuerda Gisela Kozak, cuyos restos hizo enterrar el comandante en el Panteón Nacional. Cipriano Castro también fue un presidente descocado.
Y esto mismo que hemos señalado del neo-liberalismo podría decirse de la actitud de los chavistas frente a la “globalización”: ¿acaso pueden abolirla?¿acaso han estudiado en la historia universal de donde viene porque aunque muchos no lo crean, incluso entre ellos mismos, lo globalización es muy antigua, nacida incluso lejos del siglo XX pues dio sus primeros latidos en el siglo XVI como consecuencia del primer viaje alrededor de la tierra(1519-1522) de Fernando de Magallanes(c1480-1521) y Juan Sebastián Elcano (c.1476-1526), la cual relató el humanista Antonio de Pigafetta(c.1491-c1534) en su obra Primer viaje en torno al globo(1525), libro incluso se puede tener también como la partida de nacimiento del realismo mágico, como lo dijo Gabriel García Márquez en su discurso de aceptación del Premio Nóbel de Literatura(La soledad de América Latina(1982) en El coronel no tiene quien la escriba, ed.1989,p.323-326).
Y además, por ejemplo, la cultura es siempre un hecho globalizado, ecuménico, de todos los lugares. Un lector, un crítico literario, un historiador, un estudiante, se forma leyendo obras de todas partes y lo sigue haciendo toda su vida. Para nada se fija de qué lugar geográfico viene cada obra porque estas forman una unidad. Y esto es globalización, esto es ser contemporáneo con los demás hombres. Tan contemporáneo de un José Saramago, un J.M.Coetzee o Orhan Pamuk como de Homero en la antigüedad, Dante en la Edad Media, Shakespeare o Cervantes en el Renacimiento, los escritores del siglo XIX o XX o los actuales son nuestros coetáneos. Y todo esto es globalización. Y este es un punto en el cual apenas se ha reparado. Sobre todo esos chavistas incultos que dicen que hay que luchar contra la globalización cosa que es imposible porque es un hecho universal y porque además hoy en día formamos parte de la aldea mundial, más desde que los satélites nos tienen informados minuto a minuto de lo que sucede en cualquier lugar del planeta, cuando gracias a Internet y al correo electrónico en minutos podemos comunicarnos desde América Latina con Asia, de Caracas con Tokio. Y además la verdadera cultura en todas sus realizaciones es un hecho mundializado, contra ello no se puede luchar porque vivimos, nadamos en el agua de lo universal.
Es importante hoy, y Gisela Kozak lo recalca, la lectura de los “autores (que) nos ponen en guardia frente al totalitarismo, la pérdida de las libertades individuales, la hipertrofia del Estado y las debilidades políticas de la democracia representativa que permiten el arribo de líderes como…Chávez al poder”(p.105).
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