Entrevista a José Balza tras diez años de silencio.
Josefina
Entrevista // José Balza, escritor
“La verdadera Venezuela es la que han creado sus ensayistas, sus poetas. La política, es una Venezuela equívoca”
ANA MARÍA HERNÁNDEZ G.
EL UNIVERSAL 21 de julio 2008. Edición Digital.
Diez años tenía el mundo cultural venezolano sin escuchar en voz alta el nombre del escritor José Balza. Tras cumplir sesenta años en 1999 y de jubilarse de la Universidad Central de Venezuela, el escritor decidió mudarse a Tucupita y comenzar a saltar a San Antonio de Píritu, Caracas, Nueva York, Praga y Madrid, para dedicarse a dar conferencias acerca de lo que le apasiona: la literatura.
Su retorno coincide con la edición de tres libros suyos: Pensar a Venezuela, Un hombre de aceite (de bid&co) y El doble arte de morir (de Bruguera, sello que por cierto decidió regresar al país).
-¿Por qué ese silencio tan prolongado?
-Decidí ser feliz y aprender. Esos tres libros es el trabajo de todos estos años.
-¿Qué proceso hubo? ¿Decidió ser feliz, escribir y ya?
-Hubo muchas coincidencias. La primera fue cumplir sesenta años. Yo había anotado en mis diarios que cuando tuviera sesenta años me retiraba y dejaba a la gente vivir sin mí. Lo hice y me sentí como predispuesto a un gran aislamiento. Es una vida completa, de reflexión.
-¿Cómo surgen estos libros?
-En el caso de Pensar a Venezuela, Graciela Pantin y Asdrúbal Baptista me llamaron en el año 2002 de la Fundación Polar para incorporarme a un proyecto que se llamaba Somos del pensar venezolano. La idea era encontrar documentos en los que Venezuela hubiera sido pensada por venezolanos. Fui con un equipo de especialistas en materia de plástica, música, filosofía, historia… Total que decidí pensar a mi manera. No para el libro del pensar venezolano sino para mí. Problemas que yo tenía con el país y que no había resuelto. Ese es el libro, ese es el ensayo. Claro, paralelamente fui editando relatos que se me ocurrían. Esos son los relatos de El doble arte de morir. Mientras que el otro es una noveleta, una novela breve que es como una fábula. Un hombre de aceite es mi visión acerca de la corrupción petrolera de siempre, de antes y de hoy. Empecé a escribirla en el año 95, luego paré y seguí en el 2002 hasta que terminé.
-¿Qué transformaciones ha habido en su escritura?
-Hay tal vez una manera más transparente o directa de comunicarme con el lector. En el ensayo he resuelto yo los problemas para que el lector no los tenga. En las narraciones creo que las imágenes se muestran más claramente como yo quiero que se vean. Ese pudiera ser el cambio. A mí me interesan las búsquedas formales, pero quiero que eso esté como en un segundo plano. Quiero que el lector sienta más bien la importancia de la vida o del conflicto.
-¿Qué sigue escribiendo?
-Estoy en desacuerdo con algo que se ha dicho siempre: eso de que la literatura venezolana comienza en el siglo XIX, sobre todo después de la Independencia. Políticamente Venezuela puede empezar después de la Independencia, pero nosotros somos los mismos desde mucho antes. Esto me ha llevado a una investigación deliciosa, profunda y quizás muy audaz: creo que tenemos literatura desde el siglo X después de Cristo. Lo que estaba aquí entre los indígenas es una literatura de gran calibre, sólo que eso quedó tapado en la memoria de los indígenas y ha sido rescatado por algunos sacerdotes o por uno mismo que va a las zonas indígenas y los oye. Creo que lo que escribieron aquí Colón, Walter Raleigh, y Américo Vespucio es nuestro, porque el lenguaje, las imágenes y los personajes que describen son nuestros. Creo que he rescatado, aparte del novecientos, unos ochocientos años de literatura como mínimo. En eso estoy, con los documentos en la mano. Es un libro para editar dentro de un año, cuando tenga tiempo de terminarlo. Eso me ha dado un sentido de la libertad creadora, de lo que la literatura puede y debe ser. Me ha dado una gran felicidad.
-¿Conoce el trabajo del historiador Juan Marchena sobre Juan de Castellanos, ?Desde las tinieblas el olvido
-No, pero ese libro es fundamental para mí. Aquí se ha creado una leyenda de que Castellanos era un mal poeta. Claro, no es un poeta de primera, pero tiene cantidad de elementos poéticos extraordinarios. Isaac Pardo le dedicó estudios muy importantes y rescata versos excelentes. Yo creo que contra ese complejo de nuestro pasado, no sólo el complejo de la literatura venezolana actual, que lo tenemos, sino el complejo de la literatura olvidada, me queda el tiempo justo para rescatar esto.
-¿Por qué el tiempo justo? ¿Va a hacer otras cosas?
-No se sabe… La vida, no se sabe… Me dedicaré a bailar rumba en los años que vienen, o a la guitarra (risas)…
-¿Cuál es su visión del país literario actual?
-Yo creo que tenemos una gran música y una gran pintura, pero también ha habido una gran literatura cuyas raíces te acabo de señalar. Carlos Sandoval ha hecho la gran revelación del siglo XIX, y todos los grandes cuentistas fantásticos. Podemos seguir con todo lo que vino en el siglo XX: Gallegos, Julio Garmendia, Teresa de la Parra, Enrique Bernardo Núñez, Ramos Sucre, Guillermo Sucre, Montejo, Salvador Garmendia… Creo que hemos tenido una literatura muy bien desarrollada con cosas muy importantes, al lado de otras cosas que a mí no me gustan, pero eso no significa que no sean buenas. Es sólo mi gusto personal. Por ahí me dijo alguien que yo había hecho el canon de la literatura venezolana del siglo XX. Yo no he hecho ningún canon. Yo hice lo que me gustaba y lo defendí, y algo de eso debe haber quedado porque Meneses se lee hoy con cariño y con gusto, así como a Ramos Sucre y a Teresa de la Parra. Cuando yo tenía 20 años nadie leía esos autores, es decir que que hubo un cambio. Creo que sigue desarrollándose una literatura importantísima.
-¿Como por ejemplo?
-Hoy veo a Francisco Javier Pérez como un ensayista de primera categoría. El propio Carlos Sandoval. Creo que hay una narrativa excelente: Rubi Guerra, Ricardo Azuaje, Juan Carlos Méndez Guédez, Silda Cordoliani, quien puede ser la cuentista más importante del siglo que estamos viviendo, aparte de algunos poetas. Hay una literatura vigorosa. Gustavo Guerrero como poeta y ensayista. Yo siento que hay vigor. Tengo la impresión de que la verdadera Venezuela, en el sentido ético, moral y estético, es la que han creado sus intelectuales, sus creadores, sus ensayistas, sus poetas, sus artesanos. La otra Venezuela, la política, es una Venezuela equívoca, incoherente. Es una Venezuela que se interrumpe cada cierto momento y, por lo tanto, es una Venezuela que nos deja desasistidos y en la soledad. El problema de los gobiernos venezolanos es su incoherencia. Todos los presidentes mienten y eso se ha exacerbado cada día más, porque los gobiernos que mienten engañan al pueblo. En cambio, los artistas no mienten. Allí se revela su verdad íntima. Y si tú la reflejas, es el reflejo del país. Por lo tanto estás reflejando a la verdadera Venezuela, y eso es lo que ha estado pasando en los últimos mil o quinientos años.
-¿Se está leyendo más?
-Siento que los estudiantes están más despiertos, más informados. También veo que se publica mucho y eso significa que los libros están en las librerías. Al final el lector es el que decidirá. Pero uno no tiene acceso fácil a los libros, a menos que tengan publicidad.
-Se agrava con las trabas para importarlos…
-Una imbecilidad más eso de que al libro se le quiera poner trabas. Absolutamente imperdonable, de cualquier ministro. El libro es la libertad del pensamiento, eso no lo puede tapar nadie.
-¿Cuesta conseguir libros?
-Sí, sobre todo literatura internacional. Ponte a pensar: en estos momentos circula por el mundo una novela llamada Firmin, de Sam Savage, que es la historia de un ratón cuya mamá es una rata borracha. Ella tiene el parto en una biblioteca, y este ratón, aparte de la leche con cerveza que mama, también se come los libros. Es una rata genial. Ese libro le ha dado la vuelta al mundo y no está en Venezuela, por citar un caso… pero te puedo citar otros cuarenta más.
Figura y texto
Comienzos
. José Balza, narrador y ensayista venezolano, nació en San Rafael (estado Delta Amacuro), el 17 de diciembre de 1939.
Universitario. Egresado de la Escuela de Psicología de la Universidad Central de Venezuela. Profesor de la Escuela de Letras y de Artes.
Galardones. Premio Municipal de Literatura (Caracas) y Premio Nacional de Literatura (1991).
Publicaciones. Además de fundador de grandes revistas literarias, ha publicado libros sobre teoría literaria, sobre artes plásticas, cine, música y televisión: Marzo anterior (1965), Largo (1968), Setecientas palmeras plantadas en el mismo lugar (1974), D (1977), Percusión (1982), Media noche en video:1/5 (1988), Después Caracas (1995). Cuentos: Órdenes (1970), Un rostro absolutamente (1982), La mujer de espaldas (1968) y La mujer porosa (1996); entre otros más.
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