Tuve suerte con que Ud. fuera mi tutor de tesis de grado en la UCAB 1973… de su mano comencé a adentrarme y a apreciar lo que Ud. también amaba y lo compartimos a través de un intercambio de silencios: el mundo monástico, al cual como seglar hoy pertenezco, en la línea de espiritualidad benedictina. GRACIAS, profesor Joaquín Marta Sosa y a la UCAB que me becó los años de estudio ya que la UCV estaba allanada.
Josefina
Joaquin Marta Sosa
Es venezolano, hijo de emigrantes y nacido en Nogueira, Portugal, en el año 1940. Su primer libro de poemas, Anunciación, aparece en 1964. Desde entonces ha publicado una docena de obras, entre las que destacan Oscuro sol de los puertos (1998), Territorios privados (1999), con la que obtuvo la primera mención en el Premio de Literatura del Ayuntamiento de Caracas, Las manos del viento (2001) y El río solitario (2004). Un año más tarde reúne todo su trabajo poético de 1964 a 2005 bajo el título Los barcos de la memoria. Como antólogo, es responsable de los libros: Navegación de tres siglos. Antología básica de la poesía venezolana 1826/2002 (2003) y Poetas y Poéticas de Venezuela (2004).
De la poesía de Joaquín Marta Sosa, Rafael Arráiz Lucca destaca la síntesis alcanzada entre la pulsión narrativa y una muy decantada expresión lírica. Sobre este andamiaje el poeta elabora una suerte de reconstrucción de la memoria. En Amares la memoria se corporiza en el particular territorio del diálogo maduro con la mujer amada y en la presencia de ella como espacio de vida.
Hermosa columna final de la serie que por 10 años publicó Joaquín Marta Sosa en el diario El Nacional, 27 de marzo 2008, pág. Nación/10. Titulada:
Monjes, y fin.
“¿Y Por qué no escribir sobre los monjes este último artículo que será el último si, a fin de cuentas unos cuantos años pensé, creo que seriamente, en profesar la vida monacal? Pues bien manos a la obra.
Cada vez que leo de alguien como “un creador comprometido” se me cuelga una sonrisa esquiva puesto que ese calificativo suele referirse, y a nada más, a que en su obra se critica sin paliativos al poder establecido o se ensalza la actitud de quienes enfrentándose a él lo resisten. Pero en general, tales creadores pocas veces saltan al interior de la vida concreta, cotidiana. Así la obra queda para ser expuesta en la despensa de la buena conciencia y poco más. Aunque lo dicho quede desmentido en algunos casos por creadores perseguidos, incluso hasta la muerte, por el poder establecido, no pasemos por alto que a lo largo de la historia siempre han sido menos.
Pero allí están, los pacíficos monjes budistas, con su manto granate y tan descubierta la cabeza que, para estarlo, ha sido rapada, enfrentados a la insolencia del poder militar en Birmania y del colonizador chino en Tibet. Dejan de sus umbrosos monasterios en Rangún y en Lhasa, juntan las palmas de las manos junto al pecho y bajo la barbilla, inclinan levemente la cabeza en actitud orante y, sin otra provisión salen a la calle donde les esperan batallones de soldadesca acorazada y dispuesta a aporrearlos hasta la muerte, si es que antes no los patean camino de la furgoneta carcelaria que los conducirá directamente a una prisión alejada de cualquier respeto a la ley y a los derechos de cualquier ser humano.
Alla van, alguno se atreve a mostrar su mano con los dedos índice y medio indicando, tras la sucia ventanilla de la furgoneta, el signo de la victoria. Pocas veces se vuelve a saber de ellos e imagino que poco les importa, pues de lo que se trata es de entregar libertad personal y vida cada vez que sea necesario echar al vuelo las campanas de la resistencia contra el silencio, el ocultamiento o la resignación frente a unos poderes que se presumen omnímodos.
Aquí si que la religión cumple un papel estelar y nítidamente sobrecogedor: el de desvelar que ningun poder tiene derecho a imponerse sobre la gente hasta el punto de creerse más alto que Dios, tan alto que a diferencia de Este no le permite a persona alguna el uso del libre albedrío. Y es esta la línea que los monjes no pueden permitir que sea traspasada sin resistir hasta que se restituya el espacio supremo de lo sagrado en la reconquista del respeto al territorio civil y libre que ningun poder puede ni debe vulnerar. Y si se atreve a hacerlo tendrá que enfrentar la oración y las vidas en plena calle abierta. Simple, estremecedor, irreversible.
Que más decir de ellos, salvo que no hacen publicidad de su valentía que, acaso es sólo cumplimiento sencillo de una obligación que por sagrada, está siempre a ras de la gente, porque, justamente, proviene de Dios.
Qué mas decir sino que en ellos el EGO de cada uno se ha disuelto, no aspira al martirio ni a la gloria ni al santoral.
Qué más decir sino el hondo respeto que le ofrecemos y si se puede, seguirles de alguna forma.
Con lo dicho y tras diez años esta columna toca a su fin, agradecida a quienes alguna vez la leyeron, a este periódico (El Nacional, Caracas) y a quienes han sido responsables de la sección….Sin olvidar, lo decía Eliot, que todo final tiene un comienzo
Egresados de la Ucab
Luis Ugalde (*)
(*) Rector de la Universidad Católica
Andrés Bello.
Está encendido el debate sobre el ingreso a la universidad. El problema no es entrar, sino hacerlo en condiciones para salir exitosamente. Sin condiciones básicas de entrada, no se pueden formar profesionales competentes comprometidos con su país. Una vez recibidos, la Universidad no puede defraudar, ni a ellos ni al país.
Reflexionamos desde la UCAB cuya primera promoción cumple 50 años; en 1958: 33 abogados, 26 ingenieros y 13 farmacéuticos recibían el título. Somos una pequeña universidad, pero ya con 56.000 egresados (44.637 en pregrado y 11.309 en postgrado). Más que el número, interesa el sentido de compromiso y de servicio de los egresados que unen el éxito personal con el éxito del país. Son muchos miles los que así lo hacen y no pocos de manera muy sobresaliente, como el economista José Antonio Abreu, genio creador del prodigioso Sistema de Orquestas Juveniles de Venezuela, y el arzobispo de Maracaibo y Presidente de la Conferencia Episcopal Mons. Ubaldo Santana.
Gracias a sus estudiantes, la UCAB terminó el año 2007 en el corazón del debate y de la esperanza nacional, aunque nuestros 15.000 estudiantes de pregrado apenas representan 1% del total de estudiantes de la educación superior. La batalla por la democracia es cualitativa. Si no la ganamos no es por falta de recursos materiales, sino de responsabilidad social y de creatividad profesional con claros y efectivos valores humanos y cristianos. Necesitamos nuevas generaciones profesionalmente capaces y comprometidas con la democracia social y el desarrollo económico inclusivo. La inclusión social es una materia pendiente en esta Venezuela donde 60% de los trabajadores no tiene un trabajo digno que le permita vivir fuera de la pobreza.
La inclusión fue el deseo y la identidad de la UCAB desde su origen. Con ese espíritu salió de sus entrañas Fe y Alegría al segundo año de su existencia.
øCómo salen los jóvenes de las universidades, con qué visión y compromiso de país y cómo entran? øCómo ingresan y cómo egresan? øQué podemos hacer para qué entren con bases suficientes para formarse bien? øCómo formar con calidad y espíritu de solidaridad a los que van a egresar?
øQué podemos hacer los egresados para que puedan estudiar en la UCAB todos los que tengan ganas y preparación, aunque no tengan medios económicos? Sabemos que esto lo debería garantizar el presupuesto oficial, pero, ya que no lo hace, øno podríamos lograrlo a base de solidaridad de los egresados que aportan para que a miles de jóvenes se les abra la puerta?
La Asociación de Egresados de la UCAB renació hace cinco años y el año pasado puso sólidas bases para su despegue con una clara definición de objetivos muy oportunos en la actual situación del país. Uno de sus programas se basa en la solidaridad de los egresados con quienes quieren estudiar en la UCAB y carecen de recursos. Su Programa GRADUA-T nace con una doble invitación: a los egresados, para que colaboren a que se gradúen estudiantes de escasos recursos que ingresan a nuestra universidad; y a los bachilleres admitidos se les dice “gradúate” en la Ucab, porque cuentas con profesionales ucabistas dispuestos a apoyarte.
Para estudiar en la universidad es necesario preparación y financiamiento. Hoy más de 3000 estudiantes ucabistas al año estudian con ayuda económica, sin la cual no podrían prepararse. Hace medio siglo la mensualidad era de Bs.125, (YO ESTUDIE BECADA POR LA UCAB) hoy es de Bs. F 600 por 10 cuotas. La UCAB tiene un programa especial con los estudiantes de los liceos de Antímano y de La Vega que los refuerza académicamente, para el trabajo o para la universidad. Luego, quienes lo necesitan reciben apoyo económico, para que un día tengan el orgullo de ser egresados ucabistas, como los cerca de 10.000 egresados que han estudiado con ayuda económica.
Invitamos a los egresados a darse la mano con los jóvenes bachilleres, admitidos en la UCAB y necesitados de ayuda, y vincularse al Programa GRADUA -T, cuyo lema es íEl compromiso es de todos” . El año pasado, la Asociación de Egresados otorgó las primeras ayudas. Necesitamos que miles de egresados se decidan a hacer posible en otros la buena educación que ellos recibieron en la UCAB (más información en aeucab@ucab.edu.ve). Es una forma creativa de celebrar los cincuenta años de la primera promoción de egresados.
Publicado en Graffiteando el Muro |


Julio 30, 2008 a las 22:15
Me gustaría poder establecer contacto con el Dr. joaquín Marta Sosa, fue maestro mio en en Instituto Educacional Altamira ente 1967 y 1969
Julio 30, 2008 a las 22:16
mi nombre corecto es Jorge Castañeda